Un ojo me está mirando
justo en el centro
del espacio desordenado y caótico
de la tela
insiste en mirarme
me alejo
me escondo
planea ponerme nerviosa
una muñeca asoma
desde una caja
olvidada seguramente
por la niña que ya no es
los cálices desparramados
en el piso amarillo
son rostros de mujeres Frida
enamoradas de quien no deben
el centro es un campo en violeta profundo
subo a una nave
que se aleja en el horizonte
abandono la muñeca
los cálices
el piso amarillo
el ojo que me miraba
ya no me espía
las mujeres Frida
no existen
los hombres indebidos
no nacieron
de la caja saluda
a una niña que volvió a jugar