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Ya
está aquí el maldito gallo y su triste canto de partida,
Y
mi amante se va como un pájaro herido.
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A
tu lado soy hermosa, boca tendida, brazos abiertos.
Y
tú, como un cobarde, te dejas mecer por el sueño.
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Dame
la mano, amor mío y partamos a los campos
Para
amarnos y caer juntos bajo las cuchilladas.
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Vuelve
acribillado por las balas de un tenebroso fusil, amor,
Yo
coseré tus heridas y te daré mi boca.
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¡Rápido,
amor mío, quiero ofrecerte mi boca!
La
muerte ronda por la aldea y podría llevárseme.
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Mi
amor, abre mi tumba y contempla
El
polvo que cubre la hermosa ebriedad de mis ojos.
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En
secreto ardo, en secreto lloro,
Soy
la mujer pashtuna que no puede desvelar su amor.
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Tómame
primero entre tus brazos, estréchame,
Solamente
después podrás anudarte a mis muslos de terciopelo.
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Uno
muere de deseo de verme un instante,
El
otro me echa de la cama diciendo que tiene sueño.
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¡Aprende
a comer mi boca!
Coloca
primero los labios, luego fuerza dulcemente la línea de mis dientes.
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Dios,
ahora puedes volverme ciega:
Partido
mi amante, no deseo ya ver otros rostros.
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Hermanas
mías, anudaos los velos como cinturones,
Tomad
los fusiles y partid hacia el campo de batalla.
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Si
no traes una herida en el pecho,
Seré
indiferente, aunque lleves la espalda agujereada como un colador.
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Si me amas de verdad, amor mío,¡ parte a liberar nuestra tierra! Para
siempre te pertenecerá mi boca exquisita y tierna.
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El
“pequeño horrible” no hace nada, ni el amor ni la guerra.
Por
la noche, en cuanto tiene el vientre lleno, sube a la cama y ronca hasta
el alba.
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Abre
una brecha en el muro y bésame la boca,
El
“pequeño horrible” es albañil y sabrá repararla.
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Si
no sabías amar,
¿Por
qué has despertado mi corazón dormido?
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Amor
mío ven a saciar
al
alazán de mi corazón que ha roto todas sus bridas.
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Montañas
nos separan ahora,
Sólo
los pájaros serán nuestros mensajeros, y sus cantos los presagios.
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Mi
amante prefiere los ojos color de cielo
Y
yo no sé dónde esconder los míos color de noche.
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Tu
amor es agua, es fuego.
Llamas
me consumen, olas se me tragan.
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Si
mi amante muere, ¡que sea yo su mortaja!
Así
nos desposaremos juntos con el polvo.
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Un
mártir es como un relámpago que brilla y se extingue.
El
que muere en su casa no hace más que deshacer el lecho.
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Para
ti el polvo, pero nunca más mi boca:
Te
escondiste cuando los hombres partieron al combate.
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Ve
a luchar a Kabul, amor mío,
Por
ti conservaré intactos mi cuerpo y mi boca.
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¡Oh
recuerdo de mi amado, eres tú mi verdadero amante!
No
me abandonas, y alivias mi corazón.
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