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Francisco Arias Solís

En el 50º aniversario de la muerte de Pedro Salinas     (1891-1951)

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Nº 7

 

Invierno 2001

 
 
 

 

 

 

"Mi única amante ya siempre

y yo a tu lado, sin ti.

Yo solo con la verdad."

                         (Pedro Salinas)

 

 

LA VOZ DE LA VERDAD POÉTICA

 

Solo con la verdad, el poeta, o su poesía, como Orfeo con "la respuesta inflexible" de su infierno. Poesía de verdad, es la poesía de Salinas. Y volviendo sobre su lectura, habría que añadir: verdad de poesía. Aquella verdad de la que leemos en un texto poético de Shakespeare. "que se parece a un cuento". "Canto y cuento es la poesía", decía nuestro poeta Antonio Machado. La poesía es canto y cuento de vida y de verdad.

 

La voz poética de Pedro Salinas, es una voz desnuda, novelada -ni de ilusión ni de deseo-, que nos dice claramente, sencillamente, en verdad, una poesía de verdad. Una poesía que nos enseña, una vez más, ahora, como siempre, que la poesía es verdad, que no es un estético artificio ilusorio; porque no es sombra, ni fantasma, sino verdad, la más insospechada, la más pura. Por eso. la poesía de Salinas, tiene razón de ser, es verdadera: porque tiene razón de ser humana, o sea, razón de ser moral. Es esta la tradición más firme de la poesía, la de la poesía, la de la poesía amorosa, la que tuvo su expresión en Dante y en Petrarca como en Garcilaso y Lope de Vega, o como en los grandes románticos: los Goethe, Heine, Vigny, Baudelaire, Bécquer... Poesía de verdad. Esa voz humana, desnuda, verdadera, de la poesía eterna es la que nos habla en los libros de Salinas: Presagios, Seguro azar, Fábula y signo, La voz a ti debida, Razón de amor, Largo lamento, Confianza, El contemplado, Todo más claro...

 

Su fama primera fue la de gran poeta. Crece hoy su nombre de prosista. Es un gran poeta y un gran prosista: es un gran escritor, considéresele desde donde sea.

 

 

Una gran cantidad de su prosa está dedicada a su actividad como crítico. Un crítico muy personal, de una originalidad muy meritoria. La crítica, en general, en los años en que Salinas la ejerció, se solía fijar más en rasgos exteriores y solía tener muy en cuenta la comparación., las fuentes de lo escrito. Esta es una dirección a la que él no concedió mayor importancia. La crítica de Salinas no indaga en lo superficial; busca profundidades. Entre los títulos más relevantes de su obra en prosa se cuentan Literatura española siglo XX, Ensayos de literatura hispánica, Jorge Manrique o tradición y originalidad, La realidad y el poeta, El defensor y La responsabilidad del escritor y otros ensayos, La poesía de Rubén Darío, la novela La bomba increíble y El desnudo impecable, volumen de narraciones. En 1983 aparecieron sus Ensayos completos y las Cartas de amor a Margarita (1912-1915).

 

Pedro Salinas nace en Madrid el 27 de noviembre de 1891.Estudia primaria en el Colegio Hispano-Francés y bachillerato en el Instituto Nacional de Segunda Enseñanza "San Isidro". Cursó Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad Central. Publica poemas en la revista Prometeo. Concurre asiduamente al Ateneo de Madrid. Reside varios meses en París, en 1912, y vuelve a la capital francesa a finales de 1914 como lector de literatura española en la Sorbona de París. Contrae matrimonio el 29 de diciembre de 1915 con la hispanoargelina Margarita Bonmatí. Residen en París hasta 1917, cuando Pedro Salinas obtiene el grado de doctor en Letras de la Universidad de Madrid.

 

Pedro Salinas es nombrado (1918) catedrático de literatura española en la Universidad de Sevilla, tras ganar las usuales oposiciones y allí reside hasta 1929: "Andalucía ha ejercido una positiva influencia en su espíritu" (dirá en un texto autobiográfico años más tarde). "Este madrileño, de poesía dibujo y nada color -decía Vicente Aleixandre-, me traía a mí asociaciones sevillanas, cuando le veía". Uno de sus alumnos, el poeta Luis Cernuda escribirá: "su estancia en Sevilla es decisiva para la juventud (literaria) que entonces comienza".

 

 

Al reorganizar la Segunda República la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, en el otoño de 1931, es nombrado "profesor encargado de curso" asignándole la enseñanza de autores y temas modernos españoles. Dirige desde la Universidad Internacional de Verano, establecida en el Palacio de la Magdalena en Santander: a Pedro Salinas se debió la iniciativa fundadora de dicha institución docente. Allí se encontraba en julio de 1936.

 

Como consecuencia de la guerra civil, marchó al exilio, instalándose en los Estados Unidos, donde enseñó en la Johns Hopkins University. En el verano de 1943 se trasladó a la Universidad de Puerto Rico. En 1946 regresa a su cátedra de la Universidad Johns Hopkins. Fallece en Boston el 4 de diciembre de 1951.

 

La poesía tiene en Salinas uno de sus más apasionados amantes. "La lírica de Salinas -decía Azorín- no es la lírica de los anteriores poetas. Todo aquí es sencillo, natural, coherente... Acaso es esta poesía lírica la más avanzada, la más física, la más honda de toda Europa..." Cuán difícil la poesía de Salinas sin dificultad aparente, una poesía sin más artificio literario que el indispensable para manifestarse poéticamente. Poesía con sus verdades propias: distintas, claras. Poesía de verdad. Y como dijo el poeta: "Tu verdad me asegura / que nada fue mentira".

 

 

Agua en la noche, serpiente indecisa

 

Agua en la noche, serpiente indecisa,

silbo menor y rumbo ignorado:

¿Qué día nieve, qué día mar? Dime.

¿Qué día nube, eco

de ti y cauce seco?

Dime.

—No lo diré: entre tus labios me tienes,

beso te doy, pero no claridades.

Que compasiones nocturnas te basten

y lo demás a las sombras

déjaselo, porque yo he sido hecha

para la sed de los labios que nunca preguntan.

 

 

LA VOZ A TI DEBIDA

(Versos 494 a 521)

 

Para vivir no quiero

islas, palacios, torres.

¡Qué alegría más alta:

vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes,

las señas, los retratos;

yo no te quiero así,

disfrazada de otra,

hija siempre de algo.

Te quiero pura, libre,

irreductible: tú.

Sé que cuando te llame

entre todas las gentes

del mundo,

sólo tú serás tú.

Y cuando me preguntes

quién es el que te llama,

el que te quiere suya,

enterraré los nombres,

los rótulos, la historia.

Iré rompiendo todo

lo que encima me echaron

desde antes de nacer.

Y vuelto ya al anónimo

eterno del desnudo,

de la piedra, del mundo,

te diré:

«Yo te quiero, soy yo».

 

 

RAZÓN DE AMOR

(Versos 1398 a 1438)

 

Dame tu libertad.

No quiero tu fatiga,

no, ni tus hojas secas,

tu sueño, ojos cerrados.

Ven a mí desde ti,

no desde tu cansancio

de ti. Quiero sentirla.

Tu libertad me trae,

igual que un viento universal,

un olor de maderas

remotas de tus muebles,

una bandada de visiones

que tú veías

cuando en el colmo de tu libertad

cerrabas ya los ojos.

¡Qué hermosa tú libre y en pie!

Si tú me das tu libertad me das tus años

blancos, limpios y agudos como dientes,

me das el tiempo en que tú la gozabas.

Quiero sentirla como siente el agua

del puerto, pensativa,

en las quillas inmóviles

el alta mar. La turbulencia sacra.

Sentirla,

vuelo parado,

igual que en sosegado soto

siente la rama

donde el ave se posa

el ardor de volar, la lucha terca

contra las dimensiones en azul.

Descánsala hoy en mí: la gozaré

con un temblor de hoja en que se paran

gotas del cielo al suelo.

La quiero

para soltarla, solamente.

No tengo cárcel para ti en mi ser.

Tu libertad te guarda para mí.

La soltaré otra vez, y por el cielo,

por el mar, por el tiempo,

veré cómo se marcha hacia su sino.

Si su sino soy yo, te está esperando.

 

 

 

 


 

 

 

 
 

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