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"Mi única amante ya siempre
y yo a tu lado, sin ti.
Yo solo con la verdad."
(Pedro Salinas)
LA VOZ DE
LA VERDAD POÉTICA
Solo
con la verdad, el poeta, o su poesía, como Orfeo con "la respuesta
inflexible" de su infierno. Poesía de verdad, es la poesía de
Salinas. Y volviendo sobre su lectura, habría que añadir: verdad de
poesía. Aquella verdad de la que leemos en un texto poético de
Shakespeare. "que se parece a un cuento". "Canto y cuento
es la poesía", decía nuestro poeta Antonio Machado. La poesía es
canto y cuento de vida y de verdad.
La voz poética de Pedro Salinas, es
una voz desnuda, novelada -ni de ilusión ni de deseo-, que nos dice
claramente, sencillamente, en verdad, una poesía de verdad. Una poesía
que nos enseña, una vez más, ahora, como siempre, que la poesía es
verdad, que no es un estético artificio ilusorio; porque no es sombra,
ni fantasma, sino verdad, la más insospechada, la más pura. Por eso.
la poesía de Salinas, tiene razón de ser, es verdadera: porque tiene
razón de ser humana, o sea, razón de ser moral. Es esta la tradición
más firme de la poesía, la de la poesía, la de la poesía amorosa, la
que tuvo su expresión en Dante y en Petrarca como en Garcilaso y Lope
de Vega, o como en los grandes románticos: los Goethe, Heine, Vigny,
Baudelaire, Bécquer... Poesía de verdad. Esa voz humana, desnuda,
verdadera, de la poesía eterna es la que nos habla en los libros de
Salinas: Presagios, Seguro azar, Fábula y signo, La voz a ti debida,
Razón de amor, Largo lamento, Confianza, El contemplado, Todo más
claro...
Su fama primera fue la de gran poeta.
Crece hoy su nombre de prosista. Es un gran poeta y un gran prosista: es
un gran escritor, considéresele desde donde sea.

Una gran cantidad de su prosa está
dedicada a su actividad como crítico. Un crítico muy personal, de una
originalidad muy meritoria. La crítica, en general, en los años en que
Salinas la ejerció, se solía fijar más en rasgos exteriores y solía
tener muy en cuenta la comparación., las fuentes de lo escrito. Esta es
una dirección a la que él no concedió mayor importancia. La crítica
de Salinas no indaga en lo superficial; busca profundidades. Entre los títulos
más relevantes de su obra en prosa se cuentan Literatura española
siglo XX, Ensayos de literatura hispánica, Jorge Manrique o tradición
y originalidad, La realidad y el poeta, El defensor y La responsabilidad
del escritor y otros ensayos, La poesía de Rubén Darío, la novela La bomba increíble
y El desnudo impecable, volumen de
narraciones. En 1983 aparecieron sus Ensayos completos y las Cartas
de amor a Margarita (1912-1915).
Pedro Salinas nace en Madrid el 27 de
noviembre de 1891.Estudia primaria en el Colegio Hispano-Francés y
bachillerato en el Instituto Nacional de Segunda Enseñanza "San
Isidro". Cursó Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad
Central. Publica poemas en la revista
Prometeo.
Concurre
asiduamente al Ateneo de Madrid. Reside varios meses en París, en 1912,
y vuelve a la capital francesa a finales de 1914 como lector de
literatura española en la Sorbona de París. Contrae matrimonio el 29
de diciembre de 1915 con la hispanoargelina Margarita Bonmatí. Residen
en París hasta 1917, cuando Pedro Salinas obtiene el grado de doctor en
Letras de la Universidad de Madrid.
Pedro Salinas es nombrado (1918) catedrático
de literatura española en la Universidad de Sevilla, tras ganar las
usuales oposiciones y allí reside hasta 1929: "Andalucía ha
ejercido una positiva influencia en su espíritu" (dirá en un
texto autobiográfico años más tarde). "Este madrileño, de poesía
dibujo y nada color -decía Vicente Aleixandre-, me traía a mí
asociaciones sevillanas, cuando le veía". Uno de sus alumnos, el
poeta Luis Cernuda escribirá: "su estancia en Sevilla es decisiva
para la juventud (literaria) que entonces comienza".

Al reorganizar la Segunda República la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, en el otoño
de 1931, es nombrado "profesor encargado de curso" asignándole
la enseñanza de autores y temas modernos españoles. Dirige desde la
Universidad Internacional de Verano, establecida en el Palacio de la
Magdalena en Santander: a Pedro Salinas se debió la iniciativa
fundadora de dicha institución docente. Allí se encontraba en julio de
1936.
Como consecuencia de la guerra civil,
marchó al exilio, instalándose en los Estados Unidos, donde enseñó
en la Johns Hopkins University. En el verano de 1943 se trasladó a la
Universidad de Puerto Rico. En 1946 regresa a su cátedra de la
Universidad Johns Hopkins. Fallece en Boston el 4 de diciembre de 1951.
La poesía tiene en Salinas uno de sus más
apasionados amantes. "La lírica de Salinas -decía Azorín- no es
la lírica de los anteriores poetas. Todo aquí es sencillo, natural,
coherente... Acaso es esta poesía lírica la más avanzada, la más física,
la más honda de toda Europa..." Cuán difícil la poesía de
Salinas sin dificultad aparente, una poesía sin más artificio
literario que el indispensable para manifestarse poéticamente. Poesía
con sus verdades propias: distintas, claras. Poesía de verdad. Y como
dijo el poeta: "Tu verdad me asegura / que nada fue mentira".
Agua
en la noche, serpiente indecisa
Agua en la noche, serpiente indecisa,
silbo menor y rumbo ignorado:
¿Qué día nieve, qué día mar? Dime.
¿Qué día nube, eco
de ti y cauce seco?
Dime.
—No lo diré: entre tus labios me tienes,
beso te doy, pero no claridades.
Que compasiones nocturnas te basten
y lo demás a las sombras
déjaselo, porque yo he sido hecha
para la sed de los labios que nunca preguntan.
LA
VOZ A TI DEBIDA
(Versos 494 a 521)
Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!
Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».
RAZÓN
DE AMOR
(Versos 1398
a 1438)
Dame tu libertad.
No quiero tu fatiga,
no, ni tus hojas secas,
tu sueño, ojos cerrados.
Ven a mí desde ti,
no desde tu cansancio
de ti. Quiero sentirla.
Tu libertad me trae,
igual que un viento universal,
un olor de maderas
remotas de tus muebles,
una bandada de visiones
que tú veías
cuando en el colmo de tu libertad
cerrabas ya los ojos.
¡Qué hermosa tú libre y en pie!
Si tú me das tu libertad me das tus años
blancos, limpios y agudos como dientes,
me das el tiempo en que tú la gozabas.
Quiero sentirla como siente el agua
del puerto, pensativa,
en las quillas inmóviles
el alta mar. La turbulencia sacra.
Sentirla,
vuelo parado,
igual que en sosegado soto
siente la rama
donde el ave se posa
el ardor de volar, la lucha terca
contra las dimensiones en azul.
Descánsala hoy en mí: la gozaré
con un temblor de hoja en que se paran
gotas del cielo al suelo.
La quiero
para soltarla, solamente.
No tengo cárcel para ti en mi ser.
Tu libertad te guarda para mí.
La soltaré otra vez, y por el cielo,
por el mar, por el tiempo,
veré cómo se marcha hacia su sino.
Si su sino soy yo, te está esperando.
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