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En
enero de 1945 Truman Capote era un perfecto desconocido dentro del círculo
literario de aquella época. Trabajaba como corrector del "New
Yorker", con un futuro incierto, según sus jefes un enano
vanidoso, que se paseaba por las oficinas de la revista sin poder
colocar ninguno de sus cuentos.
Seis
meses más tarde ya se hablaba de él como la más fulgurante joven
promesa de la literatura americana de posguerra. ¿Qué fue lo que
sucedió?. Entre enero y octubre de 1945 había publicado en la revista
"Mademoiselle" un extraño relato inusual por su tema,
"Miriam" la historia de una niña que lentamente vampiriza y
destruye a una bondadosa viuda. Lo que más impresionó, antes que la
temática sombría de "Miriam", fue la edad de su autor,
Capote tenía en ese entonces 21 años.
En
el prólogo de "Música para Camaleones", Capote recuerda que
en su infancia, así como algunos jóvenes practican el piano o el violín
cuatro o cinco horas diarias, de igual forma se ejercitaba él con sus
plumas y sus papeles, nunca le había contado a nadie de lo que escribía,
y si alguien le preguntaba qué estaba haciendo, él contestaba que
hacia los ejercicios del colegio. Desde temprana edad lo obsesionaban
las diabólicas complejidades de construir los párrafos, la puntuación
y el empleo del diálogo.

Su
primera novela, "Otras voces, otros ámbitos" se publicó en
enero de 1948, y en menos de tres meses el libro triplicó en ventas su
tirada inicial, lo que supuso para el joven escritor suculentos ingresos
en concepto de derechos de autor. Los ataques personales de todos
aquellos que no le perdonaron su salto a la fama crearon una
controversia que hacía vender libros y lo llevó a una especie de
exilio que lo instaló en Europa, más precisamente en el sur de Italia.
Durante
su estancia en Europa, decidió escribir una serie de relatos sobre los
lugares que había visitado. Desde febrero de 1949 fueron apareciendo,
entre otros, "Profesor miseria", "Mi versión del
asunto", "La botella de plata", que la editorial recopiló
bajo el título de "Un árbol de noche y otras historias".
Capote
fue una especie de visionario: se adelantó casi una década a las técnicas
del Nuevo Periodismo cuando se embarcó en una excursión soviética
para cubrir la presentación de una compañía estadounidense en
Leningrado, en plena Guerra Fría. De esa experiencia publicó "Se
oyen las musas", un texto breve que fue muy bien recibido por la crítica.
Al
año siguiente, tratando de ir más lejos en su exploración de las
fronteras entre el periodismo y la literatura, se preguntó cuál seria
el nivel más bajo del arte periodístico, y encontró la respuesta en
la entrevista a un artista de cine. Capote sostenía que la presencia de
un grabador o el hecho de tomar notas en una entrevista destruían la
naturalidad creando una atmósfera artificial, por ende se preparó por
más de un año y medio en el arte de memorizar y transcribir hasta la
exactitud un texto.
Con
esa premisa viajó a Kioto, donde se rodaba la superproducción "Sayonara",
para encontrarse con Marlon Brando, a quien había elegido para su nuevo
experimento. Su capacidad para memorizar los diálogos lo llevó a
lograr transcribir casi textual la charla que mantuvo por más de cinco
horas. En 1957 publica "El Duque en su dominio", un perfil de
Brando que aún hoy, en muchas clases de periodismo alrededor del mundo
se utiliza como piedra de toque del arte de la entrevista.

Corría
1958 y publica la novela corta "Desayuno en Tiffany’s" que
se impuso con una rapidez pocas veces vista. Con esta obra, Capote
cerraría, según sus palabras su "segundo ciclo creativo".
Esto respondía a que ya no encontraba placer en la narrativa, no podía
permanecer quieto imaginando un relato, estaba convencido de que quería
escribir hechos y no ficciones.
Al
leer en el "New York Times" una columna con este titular
"Rico agricultor y tres miembros de su familia asesinados", el
16 de Noviembre de 1959 comenzó una nueva etapa para Truman Capote, una
etapa de la que no saldría indemne.
Seis
años le tomó escribir la trágica historia de Herbert Clutter, y sus
asesinos Dick Hickock y Perry Smith. Realizó un trabajo descomunal, una
investigación que rondaba las seis mil páginas de notas,
transcripciones de entrevistas, conversaciones con psiquiatras, cartas,
recortes de prensa e informes jurídicos, y del cual apenas utilizó un
20%. "A sangre fría" se publicó en enero de 1966 y fue un éxito
crítico y comercial instantáneo.
La
experiencia vivida a lo largo de toda la investigación lo marcó
profundamente y Capote ya no fue el mismo, se perdió en un laberinto de
drogas, alcohol y fármacos, confesó en una entrevista que "(A
sangre fría) me chupó hasta la médula de los huesos... acabó
conmigo". Mientras duró la investigación, y hasta que lo
ajusticiaron, había estrechado lazos con Perry Smith, uno de los
asesinos, ya que encontraba similitudes entre sus historias familiares.
Capote
cargaba en sus espaldas una historia familiar que lo atormentaba a
diario, según él contaba el sonido primordial de su infancia fue el de
una puerta al cerrarse, seguido del taconeo de su madre al partir,
abandonándolo en algún hotel para ir al encuentro de sus innumerables
amantes.
Luego
de atravesar una etapa sombría, en 1980 tras una brutal cura de
desintoxicación Capote completó los textos de "Música para
Camaleones". Entre sus relatos se destaca "Una hermosa
criatura", extraordinario retrato de Marilyn Monroe.
Cuatro
años más tarde, el 23 de agosto de 1984, un mes antes de cumplir 60
muere por una intoxicación múltiple con fármacos diversos. Su vida
fue una constante búsqueda de nuevos horizontes, en la narrativa y en
el periodismo. Seguramente nunca imaginó cuanto le significaría a su
persona ahondar en la búsqueda de historias para una novela de no ficción,
tal vez haya pagado un precio muy alto por eso.
Nuestro
agradecimiento a la Revista ESTADO DE SITIO
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