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Principio
de incertidumbre de Heisenberg:
no
puedo saber, a la par,
tu
posición y tu velocidad,
si
me odias y cuánto.
*
No
he maldecido lo suficiente aquel cruce.
Verde
viste tu semáforo, yo el mío en ámbar:
precaución.
Así lo asumo, fui yo el culpable,
aceleré
y con brusquedad embestí tu coche.
No
pondré reparos a que así conste, en el parte
del
seguro, pues cierto es. Que ya quede firmado:
yo
te abordé, me interpuse en tu camino yo.
Tu
trayectoria era del todo irreprochable.
No
esquivaré, sino haré frente a las consecuencias:
si
se me exige no volveré a conducir nunca.
Pero
permítaseme proyectar mi encono en
aquel
cruce, insuficientemente maldecido.
*
Nos
somete el deseo, nos somete.
Nos
somete si queremos rendirnos
a
sus crueles envites: someternos
jamás
nos permite, sometiéndonos.
Nos
somete si tratamos de ahogarlo,
y
con burla nos dibuja el fracaso.
Agonías,
no treguas, nos ofrece.
Nos
somete, pues, hagamos lo que
hagamos.
No
fomenta ni estimula nuestra obra.
No
añade nada hermoso a nuestra vida.
Nos
somete el deseo, nos somete.
*
Necesito
rodamientos
de tractor
escaleras
automáticas
tu
saliva febrífuga
integrales
de Riemann
achicoria
en infusión.
Saliste
a coger berros de las charcas.
*
Y
tendré la canción de un encuentro
prefiriendo
un violín a tu madre
y
las notas de un salmo campestre
al
deseo urgente en tus labios.
Y
la hiedra que trepa tus piernas
cual
serpiente lo hará por mi encanto
y
el camino ascendente que siga
llevará
sin prudencia simiente.
Pero
así como acabe el concierto
mi
miseria oteará nuevas metas
y
si dejase reminiscencia
no
habré de ser yo quien alimente el
recuerdo.
*
Siempre
estoy
rodeado
de intelectuales.
Me
doy buena imagen.
Me
veo más guapo.
Y
esta tarde
uno
ha comentado
que
admiraba a Neal Cassady,
y
me he puesto a pensar
que
me rascaría la polla
si
no estuviera siempre
rodeado
de intelectuales.
*
De
las horas que fluyen, indemnes,
burlando
cualquier rozamiento,
sabiendo
que el régimen crítico
depende
del medio, y soy yo.
Del
paso que busca camino
perdiéndose
en cruces ficticios
y
enloquece, percute soleras
de
acequias e inunda mañanas.
De
por aquí en esto y lo otro,
de
ti, de ti, de ti, de ti,
de
ti que me vienes, me ves
y
no me vences, no logro huir.
*
No
se rompe el horizonte.
Todo
es circular.
Es
bonito en las postales.
Es
tijera de papel, y de nada más tijera.
Es
Pisoraka en ruinas.
Tengo
que ser de allí.
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