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I
La
noche se acerca entre suaves y somnolientas plumas
oscureciendo
el día
acariciando
el brillo perlado
moldeando
el barro
antes
de que adquiera la dureza final
exigiendo
que nos quedemos.
II
Hemos
pensado los pensamientos más largos
y
elegido los caminos más cortos.
Hemos
danzado ritmos endemoniados,
temblando
al regresar a casa para rezar;
para
servir a un amo en la noche,
y
a otro en el día.
III
Sé
que los monjes se masturban en la noche,
que
los gatos caseros se retuercen,
que
algunas muchachas muerden;
sin
embargo
¿qué
podría hacer
para
cambiar las cosas?
IV
El
deseo y
las
dulces y afiladas penas
y
las superficiales heridas
que
fuiste tú,
se
han convertido en una triste oscuridad.
Viene
la noche con su rictus
a
yacer conmigo
una
torpe, fría y rígida bayoneta
sobre
mi alma iluminada, palpitante.
y
V
El
Señor es mi pastor, no
le
necesitaré demasiado tiempo.
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