Volver al índice  

Advocatus

Pequeña carta a una amiga

Página anterior  Página siguiente

 

Nº 5

 

Verano 2001

 
 
 

 

 

Querida amiga:

 

Yo tampoco entiendo esa necesidad de renuncia que asfixia la vida en pareja; no entiendo ese amor posesivo, succionante, parasitario; no entiendo por qué siempre hay que andar restando y por qué, por una puta vez, uno más uno, no puedan ser más de dos; tampoco entiendo por qué el deseo es tan chaquetero; sigo sin entender por qué la magia tiene el plazo de caducidad de un yogur, ni por qué la rutina tiene siempre hambre; no entiendo por qué nos acojona tanto hacer daño, ni por qué anteponemos las felicidades ajenas a las propias; no entiendo por qué me paso la vida pidiendo perdón por sentir como siento y no decir lo que no digo.

 

Pido disculpas, te ha tocado el discurso de las 17.15. Ahora, me voy a casa que todavía tengo un par de silencios que no decir antes de que sea demasiado tarde.

 

Supongo que, como siempre, mi carta no te habrá servido de nada, pero ya sabes que yo soy un perfecto inútil, será por eso que me quieres como un hermano.

 

 

 

 


 

 

 

 
 

 

Contacte con el autor
      Volver al índice Página anterior  Página siguiente