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CONSTANTIN
BRANCUSI(1876-1957)

UN
ESBOZO DEL GRAN ESCULTOR
Nacido
en Rumania, pionero del arte abstracto que ejerció una gran influencia en
el arte del siglo XX, Brancusi realiza sus primeras obras realistas en
Paris.
Posteriormente,
e inspirado en el Art Nouveau, generara piezas cubistas y la abstracción
dominará ya su trabajo sucesivo.
Brancusi
llegó a Paris en 1904, procedente de su Rumania natal, atraído por la
figura de Rodin y siendo poseedor de una sólida formación académica.
En
los primeros años trabaja en obras impregnadas del arte popular rumano;
seguidor de Cézanne, fue un "primitivo" de la escultura moderna; pero
su evolución a fuerza de simplificaciones, el retorno a lo esencial,
tanto en los volúmenes como en el impulso que las anima, le conduce a ser
un pionero de la escultura contemporánea y crear en su obra cubista el
verdadero reencuentro con la esencia de las formas.
El
gran número de variaciones sobre temas sencillos le permiten, entre
otras, las versiones de La Musa Dormida, que se encuentran en el
Museo de Arte de Bucarest, realizada en 1906 en mármol, obra amanerada e
influida por el Art Nouveau; pero su forma evolucionó y en 1909 la
realiza en bronce dorado simplificándola en forma ovoide, bajo los
ideales de la armonía universal, de espiritualidad y de la veracidad en
el trato de los materiales. Esta obra se encuentra en el Museo Nacional de
Arte Moderno de París.
Simplicidad
y pureza eran sus ideales, obteniendo formas vivas con expresión de
vitalidad y armonía
En
1908 crea la escultura cubista El Beso (Philadelhia Museum of Art),
dos paralelepípedos gemelos realizados en piedra y en 1913 realiza Mademoiselle
Pogany, en bronce pulido, a la que Jean Arp denominó la "mágica
abuela de la escultura abstracta".
Sus
esculturas son objetos con formas absolutas, dado que cada una está
elaborado según su propia y original ley interna: compendiar todas las
formas en una y comunicarles vida.
El
mejor exponente de la grandeza del escultor lo materializa en 1915 con El
Recién nacido, obra en bronce pulido sobre bandeja, también pulida,
de acero noble. Sus formas libres, de tipo curvo o hasta turgentes,
ofrecen la cualidad de visibilidad marcando su autonomía, la fuerza de la
gravedad y la luz que la descubre.

La
forma oval del El Recién nacido parece flotar y produce un efecto
de mayor ligereza al descansar en un punto, creando la importancia de la
función de la base.
Brancusi
mediante la abstracción progresiva e incesante consigue conformar una
cabeza como una escultura autónoma, totalmente independiente del resto
del cuerpo, situando la cabeza ovoide y pulida sobre una bandeja
reluciente de acero que completa la ilusión de flotación.
La
imagen reflejada aúna las partes de la superficie, contribuyendo a que la
escultura aparezca en su totalidad integrada en el pedestal.
El
espectador absorto ante la magnífica escultura descubre que incluso
pueden girar lentamente los bronces pulidos y todo el entorno se refleja
desfigurado en las superficies. La plenitud de la luz se advierte en la
superficie compacta y brillante del ovoide que deslumbra y según palabras
de Brancusi "se prolongan hasta el cielo y vuelven a descender a la
tierra".

En
su obra Comienzo del mundo nuevamente emerge la concentración de
un volumen completo de la masa, y sin ninguna interrupción abre la
absoluta totalidad cerrada del ovoide puro; evolución que culminará en
1918 con la escultura Columna sin fin en la que ejecuta una
organización de volúmenes libres de toda referencia al mundo sensible.

Es
así, que sus obras más importantes responden a su propia definición:
"La belleza es la absoluta equidad".
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