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Antonio Álvarez Bürger 

Poemas

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Nº 5

 

Verano 2001

 
 
 

 

 

 

OBSESIONES

 

Tengo un sentimiento tan confuso

que puedo inventar caballos encabritados

para lanzar en estampida hacia tí,

y luego bailar afectuoso

sobre sus cadáveres sudantes.

Pero me encuentro ridículo moviéndome

de aquí para allá y de allá para acá

asido a tu cintura.

 

Tengo una locura desenfrenada,

con muchos puñales en hilera

para persignarme como un místico.

Mas, eso también me incomoda

y puedes ahora colocar tus manos

sobre mi frente y santiguarme

con sangre de sacrificios.

Yo haré en tanto un dolor

de arrepentimiento agradecido

que me cure de tus males,

de la risa patética tuya por mi desvarío.

 

 

 

CADA DÍA

 

 

Cada día la pertinacia de un perro

una noche

un recuerdo

 

la ablución de nuestras almas,

el cansancio de no saber quien soy

y para qué he venido

la tragedia de los peces,

cada día.

 

Mi madre

mis hijos

 

mi padre que se ha ido

no sé a qué cielo

un parpadeo

la noche fría

 

el silencio eterno, la vida.

 

¿Para qué la prisa?

¿y los árboles?

¿y tú y yo,

cada día?

 

La mordedura triste de estar e ir,

de sufrir y llorar jamás

y siempre,

la maldición del tic-tac

lo lejano

el temor de no estar y ya no ser

un dolor

la sospecha

 

de volver otra vez a la vida,

a la muerte,

cada día,

cada día.

 

 

 

LAS ESQUINAS

 

 

Las esquinas son aladas

de plumaje de cemento y de greda

vigilantes en los bornes de las calles

Son incluso divertidas

porque no se pueden ocultar

y se desdoblan casi nunca solitarias.

Las esquinas de que yo hablo

no son las de mis manos

y no tienen una flor entre los dedos.

 

Las esquinas son tediosas delatoras en la espera,

algunas son desnudas pudorosas

No se sabe todavía de una sediciosa esquina

que acuse a una amante furtiva.

Las esquinas no son sólo aristas

o puntos de encuentro de dos muros.

Raramente cambian en el tiempo,

sólo cambian transeúntes

Están siempre en su lugar

-donde nacen, entestadas-

aguardando las miradas de los hombres

que se encuentran.

Las esquinas permanecen invisibles,

aunque son sólo anécdotas

de las breves historias de seres irascibles.

Ellas observan pero callan,

no son sólo aristas y saben guardar silencio.

Las esquinas de que yo hablo

no son las de mi boca

y no tienen una flor entre los labios.

 

Las esquinas escuchan todo el día

los secretos de la gente

y tienen brazos tentaculados

que responden a nombres diferentes.

Tienen brazos que se desatan

para atenazar otras esquinas más allá

-en otros muros-

con otros alejados.

Son curiosas las esquinas,

donde van a retorcerse y a expirar

las tantas calles del recuerdo.

Las esquinas de que yo hablo

no son las de mi infancia

y no tienen una flor entre los tiempos.

 

 

 

 

 

 


 

 

 
 

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