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BINOMIO:
Expresión compuesta de dos términos algebraicos separados por los
signos de suma o resta.
Conjunto
de dos nombres de personalidades que desempañan un importante papel en
la vida.
Hay
nombres que hacen que no te arrepientas nunca de una decisión.
La
otra realidad, la otra fe, el otro credo pasa a pertenecer al número
que represento en este binomio y, ceder poder, dejar que números pares
entren en la fórmula, invadan el espacio y la pizarra; penetren la
mente y el sentimiento para luego ser restados, obliga a poner paréntesis
que protejan. Soy la variable más protegida y no lo entiendo. No hay
mayor protección que la ausencia de peligro. Este aula se ha llenado de
matemáticos que luchan con sus tizas por incluir la cifra. En mi
cuaderno dos números, uno acompaña al otro, solo, solamente. Sentirse
deseado por un ocho para formar treinta y ocho, es repartir la soberanía,
dejar que penetre otro ente más allá de la equivalencia, convenciéndonos
de que no está en nuestra mano. Que la verdad existe, fuera de
nosotros, es mentira.
Las
cosas son como son..., y sin embargo yo no cedo el derecho de hacerme
sentir querida.
La
fe mueve montañas. La creencia conforma la verdad. Las cosas son lo que
son para el uno.
El
adjetivo es errado; el verbo, el del conocimiento o el de la ignorancia.
¿La
voluntad gobernando a la fe?
Hay
alternativas.
Fe
y voluntad de la mano en un mismo proyecto, hacia el mismo resultado.
Sin competición, sin dominancias.
Si
uno no cree que puede elegir lo que cree, no puede.
Yo
no puedo luchar contra otra fe. Se han creado opciones y es pecado.
Ayer
se ha terminado.
Mañana
será otro día...
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REFLEXIONES
SEMÁNTICAS
El
espacio da paso al tiempo.
Es
inútil buscar tiempo en otros espacios.
El
peor de los miedos es el miedo al miedo y qué pena da la pena.
Qué
difícil el entendimiento.
Dejar
que otra esencia invada la nuestra.
Qué
difícil dejar de hacer realidades, con lo que llevamos dentro.
Justificar
o leer torcido. Escribir desde el último punto y seguido y, a veces,
hacer paréntesis.
Relatos,
donde el recuerdo no es lo vivido.
La
línea recta carece de vibraciones. Los complementarios llegan a
encontrarse en el mismo punto y, luego, parten a la aventura nómada de
las dimensiones hacia otra coordenada. Distantes, distintos, no sabrán
dónde están si no se miran. Es preciso buscar fuera el referente y, así,
el ciclo se invierte, una línea curva cae, mientras que la otra
asciende. El sacrificio, de mantener la fusión a merced de la longitud
de onda, viene determinado por el número de grados del ángulo, del
enfoque; y permite un resultado óptimo, el salto cuántico de lo que es
santo.
También
es difícil encontrar el amor en el concepto abstracto.
Dar
la palabra de cada minuto.
Compartir
el espacio restringido.
Y
sólo eso posibilita la vida. La negación reduce las alternativas; hace
posible lo imposible (y pasó un escarabajo por el jardín, que vuela).
Vuela...
Búscame
en el pozo o en la cúpula del Universo, sólo la voluntad hará imanes
y, el resultado, es consecuencia del proceso; del baile nuestro de ser
dos y ser uno, según el significado, el juicio y el fragmento.
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