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Dijo
José Manuel Blecua que Cirlot, él solo, abre y cierra etapas de la
poesía española contemporánea. Y ciertamente, aunque nos limitáramos
al Ciclo Bronwyn hallaríamos tal fuerza de invención en lo que a forma
respecta, que bastarían sus poemas para demostrarlo. Y es que los
poemas de Bronwyn, impresionantes en todos sus aspectos, constituyen, en
el campo de la forma, una creación que no tiene par en la poesía española.
Cirlot
definió la poesía como "sustitución de lo que el mundo no
es" y como "polifonía", basándose para ello en la
polivalencia simbólica de la imagen. En dicha polivalencia está su
clave, como plurales son los caminos que recorre para aproximarse al
objeto cantado y otorgarle una nueva realidad. En el libro que nos
ocupa, Bronwyn, esa amada —imposible absoluto—, que es el reverso de Ofelia, la Daena
avéstica, la Daena-Diana, la Shekina, es decir, el rostro femenino de
Dios, Sofía, la luna, o Bhowani —promesa de muerte y renacimiento—, es acechada y recreada desde muchos ángulos
y no sólo a través de las palabras.
En
lo poco que llevo dicho, queda ya patente la naturaleza, podríamos
decir, palingenésica de Bronwyn, y es precisamente esta naturaleza lo
que hace que el poeta busque, para recrearla, un verso que lleve en sí
la continua autogénesis.
Por
otro lado, el enigma que la envuelve —debido, en parte, a lo fragmentario de su
captación— lleva a Cirlot al arriesgado camino de
la ruptura
gramatical y sintáctica, que es a la vez apertura o posibilidad —lo que llama poesía experimental—, mientras el enigma intrínseco lo lanza
a al simbolismo fonético, en pos del lenguaje incomprensible pero nítido
que mejor pueda revelarla. Este lenguaje, construido por los sonidos que
integran la palabra Bronwyn, le permite desarrollar innumerables modos
de nombrarla, es decir, le permite crear una oración o dikr que se
ramifica indefinidamente. Junto a ella surgirán también las imágenes
plásticas —las variaciones fonovisuales—, verdaderos mandalas que se diría
destinados a la meditación. En la base de todos estos aspectos
formales, se encuentran la analogía y el símbolo, y ambos apoyados en
el aserto de la Tabula smaragdina: "Lo que está abajo es como lo
que está arriba: lo que está arriba es como lo que está abajo".
En
el Diccionario de Símbolos, Cirlot hace hincapié en que todo expresa y
se relaciona, en que “ninguna forma de realidad es independiente”,
en que “todo es serial”, y la serialidad es un fenómeno que
“abarca lo mismo el mundo físico […] que el mundo espiritual".
El objetivo de todo ello, dice, es penetrar en lo desconocido y
“establecer, paradójicamente, la comunicación con lo
incomunicable". Este es, en efecto, el objetivo de Cirlot:
comunicar lo incomunicable y comunicarse con lo no susceptible de
intercambiar comunicación: esa amada, imposible absoluto. Por ello, su
deseo de alcanzarlo lo lanzará por el camino de las correspondencias
ocultas y las más atrevidas experimentaciones. Para cantar a Bronwyn,
“la que renace eternamente”, la “promesa de muerte y
renacimiento”, Cirlot buscará el poema que la represente, es decir,
que cumpla estas premisas. La música, siempre presente en su obra, hará
el milagro, ya sea a través de los valores fónicos del lenguaje, las
aliteraciones, la homofonía o la rima interna, recursos poéticos célticos
admirados por él, ya revelándole el que le será a su descubrimiento
poético fundamental, la permutación.
Para
Cirlot, como para Novalis, la poesía es "lo real absoluto",
es decir, aquello que no es del dominio de la temporalidad, aquello a
través de lo cual ésta se vence. Bronwyn, que encierra también la
posibilidad poética, sale victoriosa de la temporalidad, por ello el
vehículo adecuado para expresarla tendrá que vencerla y cruzar todos
los niveles de realidad. Para lograrlo se necesita gran maestría y por
ello en la obra de Cirlot
nada es arbitrario, ni la imagen, ni la selección del material
simbólico, ni la medida del verso, el vocabulario o las experiencias
llevadas a cabo con las sílabas o las letras. Así, tras pasar por el
crisol cirlotiano, la palabra, que como signo, es concreta, y por ende
limitada, aparece en su ambigüedad y dotada, merced al simbolismo, de
un fuerte poder de evocación hasta romper todas las barreras. Del mismo
modo el verso, síntesis de una polifonía, y la estrofa, "polifonía
de polifonías", arrancan las resonancias de una polivalencia
vertical, que se actualiza como múltiples sugerencias estructuradas que
se apoyan en un solo punto. Por otra parte, a través de la imagen, como
dijo el profesor Giovanni Allegra, Cirlot "formula de inmediato
toda la geografía interior de la visión". En resumen, en cada
verso suyo se pueden desentrañar varios planos comprensibles por
separado, teniendo en cuenta que lo importante es la unidad que, con las
distintas voces, se consigue.

Si
Cirlot da a la imagen un carácter evocador del mundo oculto, la
utilización de los recursos poéticos se basa en lo mismo, es decir, en
su caso no son los recursos los que desvelan ese mundo, sino su
conocimiento quien los impone. Así inicia Cirlot su camino hacia la
"estructura". La idea motora, el móvil de su poesía,
"sustitución de lo que el mundo no es", logro de "lo
real absoluto", le empuja a vencer el espacio y el tiempo hasta
alcanzar "lo que renace eternamente", y todo ello supone una
abolición de límites y una búsqueda de equivalencias análoga a la
que se produce por medio de la polivalencia vertical.
Los recursos retóricos empleados tendrán una finalidad simbólica, se
trate de la distribución del texto en la página, la ruptura de una
palabra, o la aliteración. La aliteración, que está estrechamente
vinculada a la rima y al ritmo, lo está también con la
"estructura". Mediante la síntesis de esos tres elementos,
rima, ritmo y estructura, el poeta lleva a cabo una técnica nueva, con
la cual, dice A. Molina , "el concepto /.../ se enriquece más allá
del puro significado".Con este fin hace uso de la reiteración fónico-polifónica,
como en Bronwyn,II:
Cielo
ciego
cieno
cierro
de
la monorrimia unida a la repetición de una misma vocal insistente, como
en Bronwyn V
Amada,
atada,
arada,
alada.
de
la rima entrecruzada, de nuevo en Bronwyn, II :
ola
sola
desolada
*
Losa
al sol
sol
la rosa
o
del estructuralismo, que con frecuencia aparece en sus versos, como en
Bronwyn V :
Cadáver
da
cada
verdad.
Soledad.
Sol,
edad.
Por
este camino, la poesía de Cirlot hallará el vehículo adecuado para lo
que quiere expresar: la permutación, y alcanzará un grado de
particular identidad al utilizar esta técnica basándose en el
simbolismo fonético. La permutación, en efecto, por su propia
inamovilidad, traduce formalmente el concepto de
renacer eternamente, el punto en que, por medio de la abolición
del tiempo, lo absoluto se revela. Juan-Eduardo Cirlot, que era
plenamente consciente de ello, dijo en los aforismos Del no mundo:
"El estructuralismo que parece funcional, es metafísico.
Intentando comprenderlo (o convertirlo) todo en componentes
intercambiables, quiere convencernos de la unidad subyacente bajo la
dialéctica de los complejos universales (signos matemáticos, palabras,
actos, formas)"
La
permutación de Cirlot, como él
mismo afirmó, equivale en poesía al descubrimiento de Schönberg
en el terreno de la música, el dodecafonismo, método donde se
utilizan, a nivel de igualdad, los doce sonidos de la escala, constituyéndose
con ellos una serie primera a voluntad del compositor, sin que se
produzca ninguna repetición. Al poder adoptar cada serie cuatro formas,
y cada una de éstas admitir una trasposición sobre los once grados
restantes de la escala cromática, se logran cuarenta y ocho formas de
la serie original.
El
saber de Cirlot en materia de composición musical no basta para
explicarnos el hallazgo, su conocimiento del símbolo y su mecanismo, así
como de las ciencias esotéricas —de
la Cábala de modo concreto—,
desempeñaron también en ello un papel importante. La Cábala es la
ciencia de la interpretación esotérica de los textos bíblicos, no sólo
por medio de las letras sino por medio del número, dado que en el
alfabeto hebreo cada letra tiene un valor numérico. Esto permite
establecer nexos entre palabras diferentes cuya suma de letras da el
mismo resultado (guemantria), hallar una palabra en otras distintas (notarikon)
o permutar convencionalmente las letras señalando las correspondencias
posibles entre ciertas palabras (temourah). Por todo ello en esta vía,
la palabra tiene un verdadero carácter revelador, convirtiéndose, además,
en intermediaria entre Dios y la finitud humana, pues según los
cabalistas, lo nombrado adquiere la existencia, lo que no es nombrado no
existe. Así el nexo entre el ser y la palabra, según la creencia hermética,
se convierte en identidad.
A
partir de 1954, Cirlot se lanza de lleno a la combinatoria, ya sea de
palabras y versos, ya de letras. En
Bronwyn, permutaciones emplea la combinación de versos y de
palabras. El primer poema, que es el "modelo" de la serie,
dice así:
Contemplo
entre las aguas del pantano
la
celeste blancura de tu cuerpo
desnuda
bajo el campo de las nubes
y
circundada por el verde bosque.
No
muy lejos el mar se descompone
en
las arenas grises, en las hierbas.
Manos
entre las piedras con relieves
y
tus ojos azules en los cielos.
Las
alas se aproximan a las olas
perdidas
en las páginas del fuego.
Bronwyn,
mi corazón, y las estrellas
sobre
la tierra negra y cenicienta.
En
los restantes poemas de Bronwyn, permutaciones,
Cirlot utiliza un sistema de dinamismo progresivo, intercambiando
primero el orden de los versos (II y III), y luego las palabras (IV y
V). El poema IV queda de este modo:
Contemplo
entre las aguas de tu cuerpo
la
celeste blancura del pantano
desnudo
bajo el campo con relieves
y
circundado por el verde fuego.
No
muy lejos el mar y las estrellas
en
las arenas grises de las nubes.
Manos
entre las piedras con las olas
y
tus ojos azules en las hierbas.
Las
alas se aproximan. Descomponen,
perdidas
en las páginas del bosque,
Bronwyn,
mi corazón, y cenicienta
sobre
la tierra negra y en los cielos.
Cirlot
continua con
"metamórfosis totales" en métrica regular (VI y VII)
y no regular (VIII y IX), realizando en los cinco últimos poemas una
selección de la materia, como se ve en el poema XI:
Bronwyn
entre las alas y las olas
sobre
las nubes grises y la tierra.
Tus
ojos en los cielos con relieves
y
en las piedras azules las estrellas.
Manos
entre las páginas del fuego,
en
las perdidas aguas de las hierbas.
Rebasando
la permutación de versos y palabras, Cirlot llega en Bronwyn,n a la
permutación de letras con un objetivo esotérico: "Sería erróneo
-afirmó- pensar que mi intención en este poema ha sido 'hacer letrismo'
o cultivar una situación límite per se”. Y más adelante: “pensé
que podía, que debía hablar con Bronwyn en su propio idioma. Pero, ¿cuál
era el idioma de Bronwyn? Imaginarlo me pareció la más atrayente de
las ideas: el resultado fue su construcción por 'variaciones fónicas'
mediante las cinco letras diferentes que integran el nombre de la
doncella céltica: b, r, n, w, y".
"Cuando
el amante se ha convertido en la substancia misma del amor —dice
Henri Corbin (L'homme de lumière dans le sufisme iranien)—
no hay contraposición de sujeto-objeto, de amate y amada. Esta es la
metamorfosis del sujeto que formula la identidad neoplatónica del amor,
el amante y la amada, y esta es la forma divina del amor”. En Cirlot
no sólo se produce esa identidad de amor, amante y amada, sino que
incluye también la de su expresión: el poema. Así, el poeta logra el
objetivo del arte, la unión de forma y fondo y, con ello, la máxima
aspiración: cumplir el dicho ya clásico de Archibald Mac Leish:
"Un poema no debe querer decir/ sino ser". Uno de los logros más
altos de Cirlot en este sentido se da en La Quete de Bronwyn, donde las
palabras traducen esa búsqueda del poeta y su propósito declarado:
“la progresiva transformación del protagonista a través de su
contacto con un “alud de aves y de alas, de alburas y de blancos
fulgores”. Así lo leemos en el poema:
Los
cisnes son las alas de las almas,
las
alas de las alas,
las
alas de las almas de las alas,
los
álamos del alma,
las
almas de los álamos,
las
alas de las almas de los álamos
las
almas de los álamos del alma,
las
almas de las almas,
las
alas en las alas de las alas,
las
alas en las almas de las alas,
las
olas de las almas,
las
olas desoladas de las almas,
las
olas de las alas,
las
olas de las alas de las almas,
las
alas de las olas de las alas,
las
alas de las olas de las almas,
las
almas de las olas de las alas,
las
almas de las alas de las olas,
las
olas de las olas,
las
alas,
las
olas,
las
alas.
BRONWYN.
Juan Eduardo Cirlot. Ediciones Siruela. Madrid 2001
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