ZEN
SEBASTIÁN
piel
fría levemente húmeda
como toda cosa bella
zen
con
los ojos cerrados
olfatear el aire como un cazador
delicado:
faisanes y san sebastian
se
abre
el puente translúcido del ojo
respirar es hielo detenido en tiempo
la
inmaterial saeta desgajando el aire
silbido un instante y después eco
se
aparta del árbol que cruje
un hombro en fuga
inútil:
el ornamento rojo oscuro
ya dibuja las curvas del cuerpo
como toda cosa bella
zen
*
ABANDONAR
AL POEMA
Abandonar
al poema
Dejarlo
en una esquina del tiempo
con sus bornes oxidados, sus raíces flojas
sus siemprevivas creciéndole en las grietas.
Abandonarlo
sin miedo a los fantasmas:
es mentira que vuelven por las noches
(no sé, si en la vejez o en la ceguera)
es mentira que el aire los devuelve.
Abandonar
al poema
sin culpa
dejar que se descrezca
no obligarlo a la breve
eternidad de un papel viejo
ni a un destino de sello de formas inmutables.
Abandonar
al poema
aunque nos cueste desquerer sus bordes finos
sus ruidos conocidos,
inventados para una ocasión igual a ésta
aunque nos de tristeza el abandono
soltarle la mano de a poquito
mirar hacia otro lado -si fuera necesario-,
doblar por esa esquina,
y al fin
abandonarlo.
*
DESDE
EL CENTRO
Empujas
las nubes hacia el centro,
mientras
recorre mi boca la espiral de fuego.
Imagina
un nombre escrito en un hilo de agua.
No
es trampa: es pudor, es silencio.
Imagina
un nombre escrito en un hilo de luna
un
sonido de aguas cayendo desde el centro hasta mi boca de fuego.
*
SED
el
temblor en letras,
el
puro vértigo
la
sed caída libre nunca agua
el
deseo innombrable:
furiosos
rojos lava
incandescente
sí
volcán
sediento
mi
cuatro veces fuego
nunca
espuma
no
se puede decir más que de sus contornos
sus
juegos más comunes
sus
coincidencias
pero
el fondo
nadie
ha llegado
inventé
ese lugar de estatua griega
que
ciega asoma a mi goce
y
a qué tan lejos se puede ir por mi espalda
y
yo te di esa visión de estatua griega
ciega
para
que espíes
como
otros espían y no saben
que
son la sed
de
mi volcán sediento
de
mi cuatro veces fuego
de
mi rugir de mar, más no tardío.
*
VINO
Y ROSAS
el
pasado entró por la ventana
ráfaga
con
la sonrisa de tu cara
y
el color de las últimas rosas que enviaste
de
tu siempreviva mano vino
cuando
ya no recordaba
con
cuánto de mí te habías quedado
y
se abrió una grieta
que
nunca será herida
tú,
que
dulcísimo abriste
mi
corazón en partes desiguales
*
SENTENCIA
te
sentencio
a
tomarla de la cintura dulcemente
llevarla
hasta la cama
desvestirla
como
si fuera otra
recorrerla
en un olor que nunca oliste
besar
profundamente sus axilas
te
condeno
a
acostarla cerca
subirle
las caderas y beberle
hasta
el último líquido deseo
morder
su cuello blanco
dejarle
alguna marca
como
si fuera tuya
te
sentencio
a
anclar en su cabeza
—y no digo inteligencia, conciencia o inconciencia:
digo
pelos, nuca, boca, ojos—
a
abrirla como nunca
a
darla vuelta sin pedir
permiso
como
si fuera otra
te
condeno
a
pensar mi nombre cuando estés nombrando
y
de mí te sacies
y
que quede el aire con el olor mío
como
si fuera
esta
noche
otra
*
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