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Jugaba
de cuatro.
A
veces de cinco pero siempre tirado a un lado.
Y
siempre de último hombre, vos sabés, porque si iba de cuatro entonces
era cuatro tres tres, y si iba de cinco entonces el técnico decía que
jugábamos el cuatro dos cuatro. Hasta un día nos dijo que íbamos a
probar la W –
M, y cuando ya me empecé a alegrar me miró a mi primero y me dijo que
yo la iba de tres.
Ya
le iba a protestar pero el pelado me guiñó un ojo y me quedé piola.
¿Vos
sabés quién era piola? Piola era el que inventó tirarse en el área
haciéndose el muerto y con una mano señalando el punto penal, allá
por el 34 ó el 38.
Un
italiano era y jugaban con Brasil.
Por
eso se dice eso de mirá que piola. Y también el de vos quedate piola.
Y
los jodieron a los brasileños ¿Eh?
Vos
sabés, una vez me tocó jugar con un brasilero que era un gigante,
parado nomás me sacaba una cabeza.
Yo
le dije a la vieja ¿Por qué no me
hiciste diez centímetros más alto? Y la vieja me dijo, qué querés
nene, estaba muy apurada. Jajaja-jaja
A
mí siempre me dijo nene la vieja.
Me
seguía diciendo nene cuando ya tenía cincuenta y tantos.
La
vieja.
Pero
el negro. Bueno, negro es un decir. Tenía reflejos azules en la piel de
tan negro que era. Hasta el blanco de los ojos lo tenía oscuro. Te
miraba y hasta cuando te miraba, miraba oscuro. Esa tarde hasta naranja
lo vi. De todos colores lo vi.
Me
estaba matando el infeliz, cada vez que salía a cortar me dejaba sin
aire. Un pelotazo en el pecho me dio que me tuve que quedar tirado un
rato. Le ponía la pierna y salía volado. Me andaba cayendo
despatarrado a cada rato. Me llevaba puesto el desgraciado. Parecía un
tren por lo negro y atropellado. Ahora te sacan tarjeta si jugás así,
pero entonces no, el Fóbal era otra cosa. Los patadones eran parte del
juego, tenía que ser muy malintencionado para que el referí hiciera
algo, además, el negro ponía cara de que culpa tengo yo si el coso
este se anda cayendo. Encima el pelado me miraba serio y me hacía con
la mano como preguntando así con los dedos, y yo le respondía igual.
En una peleada se me cayó encima y mientras se levantaba lo único que
pude hacerle fue agarrarle un zapato y el negro me miró con los ojos
turbios y rezongó en brasilero.
No
sé que dijo pero un rezongo era.
Una
putiada era. Negro ordinario.
La
pelota siguió sola y el Nelson la boleó. Yo pensé que podía más la
maña que la fuerza y el pelado me mira y me muestra las palmas de las
manos como preguntando que estás haciendo, y yo le muestro las palmas
de las manos como diciendo que si no veía lo que estaba haciendo.
De
ahí ya le empecé ha hacer de todo, porque jugando no le iba a ganar.
En una está esperando un pase y de atrás le hago ruido de bruto pedo.
Prrrt. Y cuando me miró intrigado yo puse cara de no saber que pasaba.
El negro salió caminando para cualquier lado.
Me
le paraba adelante como si el atacante fuera yo y él el defensor. Hasta
le grité un gol que no era, el negro me miraba más turbio y más
oscuro y las patadas eran implacables. Cuando no sabía ya que más
hacer justo viene un córner, yo le ponía el cuerpo y él me corría
para donde quería, con el codo me corría, la pelota viene justo para
él y lo había pasado al golquíper nuestro, al Nelson. Se había
mandado bruta estirada y la pelota le pasó justo encima de la mano.
Ya
habíamos saltado juntos antes y cuando yo ya estaba en el piso miraba y
el negro estaba subiendo todavía. Mirá, calculo que pasaba los cuatro
o cinco metros cabeceando. No, no te rías que no sabés lo que era el
negro ese. No, si te vas a reír no te cuento nada. Yo seré viejo y
bruto pero no soy ningún inventado. Si, como cinco metros ponía
arriba. Más alto que el arco.
Bueno,
la pelota venía y yo siento que el muy maula me pisa y me codea, así
que de saltar nada, y él toma impulso y sale, mirá, no terminaba más
de subir, parecía un cuete a la luna parecía y yo casi cayéndome lo
imagino al Nelson que no tenía nada que hacer mirándome. Y pensé en
la cara del pelado juzgándome y te juro me salió de adentro, cuando
allá arriba el negro se preparó para cabecear y tiró todo el cuerpo
atrás yo lo agarré del pantalón que era más suelto que los que usan
ahora y le pegué el tirón.
El
negro sucio no usaba calzones y le quedó la papariola al aire. Una que
todos nos quedamos cagados de risa. Y tenía motas ahí. Hasta los del
equipo de él lo miraron y se tentaron.
El
negro bajó las manos para taparse y la pelota siguió de largo.
Yo
por las dudas empecé a correr y hice bien, porque después de subirse
los pantalones me empezó a perseguir por toda la cancha y atrás de él
queriéndolo agarrar hasta sus compañeros corrían todos cagados de
risa. La vuelta olímpica nos dimos a las carcajadas y de todas las
veces que la di la vuelta olímpica esa fue la que más disfruté.
Nos
echaron a mí y al negro y nos quedamos mirando cómo terminaba el
partido, él cada tanto me miraba desde el banco de suplentes y me
rezongaba en brasilero.
Che,
este vaso está vacío y la botella también.
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