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Ricardo D. Mastrizzo

 

He Aquí

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Nº 5

 

Verano 2001

 
 
 

 

                      

 

En memoria de Walt Whitman

(pegados quedaron sus versos)

 

 

He aquí, mis manos que acarician el trébol, las que ayer 

      fueron semillas

entre el trino y la brisa, y brotaron llamados por la luz.

El frescor de las hojas que cuento de una en una, con 

      la paciencia infinita

que no me abandona, las que atraparon fresias con polen 

      prematuro

poco antes de endulzar un panal, y las guardaron entre

      mis poemas,

las siento en cada noche armar pentagramas con mis 

      versos.

Las que sintieron el olor de las profundidades del desierto,

(el de la sangre milenaria, negra, eterna) con aroma de 

      principio...

y hecho raíces en la tierra perfecta, para todos los

      hombres, imperfectos,

y río por la maravilla del pan, y habito en el aliento de tu

      poema...

¡he aquí mi ser, de alma y raíces, de espacio y planetas!

¡he aquí en mi alma, mi aurora!...

He aquí mis versos que brotaron maduros, pero 

      impacientes gravitaron

en la piel del alma.

¡He aquí mi alma!, que en gozo eleva un canto.

¡he aquí, queriendo contar todo!, sin desprenderme de lo 

      que no poseo,

y poseo todo, y a todo amo.

A la selva que mis pies vírgenes, del virginal suelo mojado, 

      cantaron,

sellando en acordes a la arena, pues besaba incansablemente 

      la espuma tibia

de un mar lejano.

A las montañas, pues robaron hasta el iris agobiado, por 

      la eterna belleza...

A tanto río que mis dedos cerrados, y en cuenca atrapaba 

      pureza

para bendecir mi boca... y, amo la música que desmaya a 

      la tarde

y a mis ojos por la belleza de su paz, eternamente; amo... 

Y a todo amo, a la nieve de una futura primavera que 

      derrite los futuros versos...

A la pluma que encontré frente a mis pies, y corrigió la 

      palabra; ¡libertad!...

y a mis huesos que se golpearon por vibración extrema 

      del llamado...

cada vez que muero por los otros,...

a mis venas amo y les canto; por mi canto.

Es por eso que, aunque creas leer el alma; y créete, 

      pregúntaselo al cielo,

¿por cuál puerta, sin picaportes se entra a ella?,

y que no te confundan mis claroscuros y mis arrebatos 

      del sonido inesperado...

que no seré hallado por antologías de rosas presas e

      inclinadas...

¡He aquí, admirador de todo lo absoluto, simple, perfecto

      y bello!,

lo que nace del sol, parido por lunas, al cuidado del sutil 

      aliento del universo,...

He aquí, admirador de toda flor, y de todas las flores, 

      sin dejar tan solo un color

que escape, sin dejar de premiar en credos hasta 

      las mismas mariposas

transmutadas en orquídeas.

He aquí!, gozando de privilegios bajo el ceibo, cuando 

      púrpuras sobre mí caen

los besos, ¡he aquí! descubriendo el camuflaje ante el cielo 

      del jacarandá,...

Abril, espejo de septiembre, retorno de sarmientos para

      vidas nuevas,...

he aquí ebrio de canto, le canto al vuelo nupcial 

      de la creación;

he allí, tú; recitando con brisa al multiplicado girar 

      de hélices,

tornando remolinos para atraer el agua clara del oscuro 

      suelo,

que subirá transparente en las níveas manchas al infinito 

      y profundo cielo.

 

He aquí, buscando entre la claridad, la luz misma, la que

      mueven mis manos,

mi temperatura corporal, produciendo y reproduciendo 

      en mis venas, lágrimas

transparentes. el producto frágil o duro de mis versos, 

      la rueda en tinta, el carro de

papel, jurando y conjugando, sumando mis poemas sin 

      matemáticas, sin tratar de

buscar la ecuación de resolver, porqué uno mas uno es;

      uno...

 

Pues en mí la carne es igual que en ti, pero las almas jamás

      pueda el hombre siquiera dibujar.

 

¡Adivino aquí! Las intenciones de Dios, cuando abro 

      los ventanales cada día, o escucho la canción estelar

      cada noche...

 

Conozco la fonética de los seres alados y la sincronía de 

      su vuelo, y el beso cálido

que dejé en el capullo calcáreo, tibio, a estallar en color 

       y vuelo, sin lamentos,...

 

Y allí, y en todas partes siempre nace una canción, 

      y se quiebra una nueva piedra,

y nacen y mueren las mareas, y las escamas se ofrecen 

      en el mercado, y el humo de

la vida y luz sube, y el humo humano oscuro, de la muerte,

      se ciega en los rincones

oscuros del anti- hombre y elijo al Sol y la sombra que es 

      el mismo Sol, agujas del

reloj,... y colecciono mapas y piedras, lápices y armonía,

       esquelas de manos,extrctos

de palabras, sacrificio y auroras, y escribo poemas...

 

He aquí que pienso ahora, como el halcón, el caballo,

      colibrí o tortuga, no pienso en

la muerte, creo en el regreso de cada día, de dormir con 

      el Sol...

 

He aquí, leyendo a poetas que idolatran la vida misma, 

      y a sus nombres, les canto,

sin llorar sus nombres.

 

He aquí pidiéndoles títulos a estos versos y a otros versos 

      que volarán por eternos

septiembre.

 

Y yo aquí como tantos, que he sonreído por una calle, 

      y me asombró una huella,...

 

discutí sin permiso, renegué por oficio, dormí plenamente 

      a veces en un micro,

saboreé un tomate, sentí el arte a pleno cuando por

      minutos devoré pintando lo que

olía a mi frente, un valle encantado, donde el silencio

      permitía sentir en eco la

respiración del nativo ausentado.

 

Como otros, tuve alguna vez, que pagar para dormir, 

      y por la sed gasté lo que nunca

podría tener, y aprendí a querer el arroyo mucho antes de

      caminarlo, igual que al

mar, mucho antes que dibujarlo comprendí de su sal...

 

Tuve entre mis manos, muchos quebrachos muertos,

      mucho antes de conocerlo

tierno pequeño y latente...

 

Saboreé del pan y caminé luego sobre el trigal,...

 

y corrió sangre alada entre mis dedos mucho antes que por

      ellos ahora;

doy la vida.

 

 

                                                     

 

 

 


 

 

 

 
 

 

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