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En
memoria de Walt Whitman
(pegados
quedaron sus versos)
He
aquí, mis manos que acarician el trébol, las que ayer
fueron semillas
entre
el trino y la brisa, y brotaron llamados por la luz.
El
frescor de las hojas que cuento de una en una, con
la paciencia infinita
que
no me abandona, las que atraparon fresias con polen
prematuro
poco
antes de endulzar un panal, y las guardaron entre
mis poemas,
las
siento en cada noche armar pentagramas con mis
versos.
Las
que sintieron el olor de las profundidades del desierto,
(el
de la sangre milenaria, negra, eterna) con aroma de
principio...
y
hecho raíces en la tierra perfecta, para todos los
hombres, imperfectos,
y
río por la maravilla del pan, y habito en el aliento de tu
poema...
¡he
aquí mi ser, de alma y raíces, de espacio y planetas!
¡he
aquí en mi alma, mi aurora!...
He
aquí mis versos que brotaron maduros, pero
impacientes gravitaron
en
la piel del alma.
¡He
aquí mi alma!, que en gozo eleva un canto.
¡he
aquí, queriendo contar todo!, sin desprenderme de lo
que
no poseo,
y
poseo todo, y a todo amo.
A
la selva que mis pies vírgenes, del virginal suelo mojado,
cantaron,
sellando
en acordes a la arena, pues besaba incansablemente
la espuma tibia
de
un mar lejano.
A
las montañas, pues robaron hasta el iris agobiado, por
la eterna belleza...
A
tanto río que mis dedos cerrados, y en cuenca atrapaba
pureza
para
bendecir mi boca... y, amo la música que desmaya a
la tarde
y
a mis ojos por la belleza de su paz, eternamente; amo...
Y
a todo amo, a la nieve de una futura primavera que
derrite los futuros versos...
A
la pluma que encontré frente a mis pies, y corrigió la
palabra; ¡libertad!...
y
a mis huesos que se golpearon por vibración extrema
del llamado...
cada
vez que muero por los otros,...
a
mis venas amo y les canto; por mi canto.
Es
por eso que, aunque creas leer el alma; y créete,
pregúntaselo al cielo,
¿por
cuál puerta, sin picaportes se entra a ella?,
y
que no te confundan mis claroscuros y mis arrebatos
del sonido inesperado...
que
no seré hallado por antologías de rosas presas e
inclinadas...
¡He
aquí, admirador de todo lo absoluto, simple, perfecto
y bello!,
lo
que nace del sol, parido por lunas, al cuidado del sutil
aliento del universo,...
He
aquí, admirador de toda flor, y de todas las flores,
sin dejar tan solo un color
que
escape, sin dejar de premiar en credos hasta
las
mismas mariposas
transmutadas
en orquídeas.
He
aquí!, gozando de privilegios bajo el ceibo, cuando
púrpuras sobre mí caen
los
besos, ¡he aquí! descubriendo el camuflaje ante el cielo
del jacarandá,...
Abril,
espejo de septiembre, retorno de sarmientos para
vidas nuevas,...
he
aquí ebrio de canto, le canto al vuelo nupcial
de la creación;
he
allí, tú; recitando con brisa al multiplicado girar
de hélices,
tornando
remolinos para atraer el agua clara del oscuro
suelo,
que
subirá transparente en las níveas manchas al infinito
y
profundo cielo.
He
aquí, buscando entre la claridad, la luz misma, la que
mueven mis manos,
mi
temperatura corporal, produciendo y reproduciendo
en
mis venas, lágrimas
transparentes.
el producto frágil o duro de mis versos,
la
rueda en tinta, el carro de
papel,
jurando y conjugando, sumando mis poemas sin
matemáticas,
sin tratar de
buscar
la ecuación de resolver, porqué uno mas uno es;
uno...
Pues
en mí la carne es igual que en ti, pero las almas jamás
pueda el hombre siquiera dibujar.
¡Adivino
aquí! Las intenciones de Dios, cuando abro
los
ventanales cada día, o escucho la canción estelar
cada noche...
Conozco
la fonética de los seres alados y la sincronía de
su
vuelo,
y el beso cálido
que
dejé en el capullo calcáreo, tibio, a estallar en color
y
vuelo, sin lamentos,...
Y
allí, y en todas partes siempre nace una canción,
y se quiebra una nueva piedra,
y
nacen y mueren las mareas, y las escamas se ofrecen
en
el mercado, y el humo de
la
vida y luz sube, y el humo humano oscuro, de la muerte,
se ciega en los rincones
oscuros
del anti- hombre y elijo al Sol y la sombra que es
el
mismo Sol, agujas del
reloj,...
y colecciono mapas y piedras, lápices y armonía,
esquelas de manos,extrctos
de
palabras, sacrificio y auroras, y escribo poemas...
He
aquí que pienso ahora, como el halcón, el caballo,
colibrí o tortuga, no pienso en
la
muerte, creo en el regreso de cada día, de dormir con
el
Sol...
He
aquí, leyendo a poetas que idolatran la vida misma,
y
a sus nombres, les canto,
sin
llorar sus nombres.
He
aquí pidiéndoles títulos a estos versos y a otros versos
que
volarán por eternos
septiembre.
Y
yo aquí como tantos, que he sonreído por una calle,
y
me asombró una huella,...
discutí
sin permiso, renegué por oficio, dormí plenamente
a
veces en un micro,
saboreé
un tomate, sentí el arte a pleno cuando por
minutos devoré pintando lo que
olía
a mi frente, un valle encantado, donde el silencio
permitía sentir en eco la
respiración
del nativo ausentado.
Como
otros, tuve alguna vez, que pagar para dormir,
y
por la sed gasté lo que nunca
podría
tener, y aprendí a querer el arroyo mucho antes de
caminarlo, igual que al
mar,
mucho antes que dibujarlo comprendí de su sal...
Tuve
entre mis manos, muchos quebrachos muertos,
mucho antes de conocerlo
tierno
pequeño y latente...
Saboreé
del pan y caminé luego sobre el trigal,...
y
corrió sangre alada entre mis dedos mucho antes que por
ellos ahora;
doy
la vida.
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