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Antonio Álvarez Bürger 

Poemas

Nº 4

 

Primavera 2001

 
 
 

 

 

 

PODRÍAMOS

 

Podríamos irnos juntos hacia el silencio

y no haré más que bendecirte,

pero vamos de uno en uno

derramando dolores de tragedia.

 

Podríamos coger con cuentagotas

la ilusión y bastaría,

pero huyes, vida,

y no haré más que llamarte.

Incluso, me arrepiento

de los breves gozos para querer negarte,

pero vamos todos peregrinos

con el rostro en la tristeza

y no haré más que lamentarme.

 

Podríamos rezar sistemáticamente

de pie todas las noches blancas

y levantar el día en nuestras almas

o registrar sólo los sueños verdaderos

para ser, vida, lo que mandes.

 

Podríamos ser nada más que sombras

vertidas, desterradas de los cuerpos,

pero alegres marchando hacia la muerte.

 

 

 

MADRE

 

Primero tú, mujer;

después esas estrellas

ocultas por paladas

de hurgada tierra,

bajo cruces de llanto implicadas

como huesos con la carne.

 

Primero, yermo, con el cuerpo

atorado, mujer, en tu nido

Luego dormido,

aquejado de silencio y de bruma

irrogando en paradojas

claridad eterna.

 

Primero Dios de enigmas

todo, adentro;

afuera el sufrimiento,

la espera, la fe pendular,

la certidumbre.

 

Mujer, madre, tú primero;

después yo sumergido

en una lágrima,

en una lágrima inmensa.

 

 

YA NO JUEGAN LOS NIÑOS EN LAS CALLES

 

Ya no juegan los niños en las calles

Las bicicletas surcan el espacio

sin escafandras;

no brincan ni hacen piruetas para ser niños

de las flores y de los insectos

Los adormecen las pantallas en las alcobas

y en los refectorios

Sueñan guerras animadas

mientras trinan los pájaros en primavera.

Niños redentores macilentos,

emulos de juegos y redondeles,

no despliegan las alas extasiados

para corretear los sueños ni ascienden

a las estrellas para observar sus infancias

Cantan azorados la gloria del Dios caviloso

Ven crecer el alma atónita del yo pecador

y no hacen nada para ser niños de trapo

o de madera.

Se los tragan las máquinas

Ellos penetran para conquistarlas,

para engolosinarse con sus vísceras

y aprenden a ser máquinas

fabricadoras de máquinas

insaciables comedoras de niños.

 

 

 

 

 

 


 

 

 
 

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