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Juan Carlos Elijas

Del Colmillo

Nº 4

 

Primavera 2001

 
 
 

 

 

                   I

 

 

 

El día recién agredido

deja caer su lengua de brisa fría.

 

Mi corazón vuelca su quilla

en las pisadas de una luna de agua.

 

Esos tesoros infinitos

con que tienta la vida

con que tienta el poema

muestran las fauces de un afán,

pero tanta tristeza nunca pudo soñarse.

 

 

 

                     II

 

 

 

Mi corazón soñado

por las mandíbulas de un otoño caprichoso

en su tránsito hacia la plenitud.

 

Todas las aves arden entre tanto colmillo.

 

Los pozos parpadean

como un ejército en su huida.

 

Atrás ese jolgorio

de yelmos y soldadas.

 

El vendaje de la fe

recurre la sentencia del deseo.

 

 

 

                III

 

 

 

No era ese azul de tu copa

el que ayer añoraba lo vivido.

 

Ese pájaro quema en la mañana

como una blanca bestia de pureza.

 

Las mariposas topan

contra el muro florido

de mi cabeza. Su canción

delgada, sedienta, tardía.

 

 

 

                     IV

 

 

 

La fuente entona con sus dedos

el canto de cítara de los álamos.

 

La melodía ciñe el aire

con un tropel de sílabas esdrújulas.

 

En el henar de la tristeza

se escucha el mar en sus raíces.

 

La fuente descifra las mieles

de la única embajada del símbolo.

 

 

 

                     V

 

 

 

Yo tampoco he nacido.

 

Septiembre vendimia su río

de tinta perla en los sarmientos.

 

La onda sonora de la luz

arroja sus piedras redondas

contra mi corazón.

 

Su lengua, fría brisa,

amenaza un incendio.

 

 

 

                      VI

 

 

 

Una tortuga cruza el campo de batalla.

 

Sus ojos tristes recorren la música

de batallones y de imperios.

 

Y esa luz estratega,

camino del colmillo,

nutre las sílabas en sus raíces.

 

Escucha los lamentos

de todas las centurias prisioneras

bajo su caparazón yerto.

 

 

 

 


 

 

 

 
 

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