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La creatividad femenina en el mundo barroco hispánico 

Nº 4

 

Primavera 2001

 
 
 

 

La creatividad femenina en el mundo barroco hispánico. María de Zayas - Isabel Rebeca Correa - Sor Juana Inés de la Cruz.

 

Edición de Monika Bosse, Barbara Potthast y André Stoll, Edition Reichenberger, Estudios de Literatura, 51 y 52, Kassel, 1999 2 vols. XXXIII + 764 págs., 44 láminas (15 en color, 29 en blanco y negro)

 

 

 

 

Escribió Fray Luis: "Porque así como la naturaleza [...] hizo a las mujeres para que, encerradas, guardasen la casa, así las obligó a que cerrasen la boca", mas, pasados los siglos, la edición de las actas de un congreso sobre La creatividad femenina en el barroco hispánico celebrado en la universidad alemana de Bielefeld viene a contradecirlo. La obra ofrece un panorama completo de la creación femenina hispana en los siglos XVI y XVII y su vinculación a la sociedad y la corte de esta época, y las ponencias reunidas, que ocupan dos volúmenes, se revelan no sólo como imprescindibles para los estudiosos, sino de gran amenidad, es decir, un deleite para los aficionados.

 

El primer tomo se centra en España y gira fundamentalmente en torno a los usos en las altas esferas, el arquetipo femenino, que a partir de la Contrarreforma se aparta de la idílica Diana para convertirse en pastora desengañada o "perfecta casada", sustituyéndose además el modelo de Venus por el de la Magdalena penitente, y la obra de algunas autoras. Estudios de María Pilar Manero, André Stoll, Alicia Yllera, Monika Bosse y Lía Schwartz, entre otros, nos acercan a la vida barroca y a figuras como la pintora Sofonisba Anguissola, o las escritoras Sor Marcela de San Félix, Sor María Jesús de Agreda, y, sobre todo María de Zayas. 

 

 

 

El segundo volumen está dedicado al "Exilio y Nueva España" y se inicia con un trabajo de Francisco López Estrada, donde éste nos descubre a Isabel Rebeca Correa, sefardí afincada en Amsterdam, a la que define de "hermosa y aguda", y cuyas poesías se han perdido -excepto una composición de circunstancias-, pero no su traducción -muy celebrada en su tiempo- de Il pastor Fido de Guarini. A pesar de que "el índice de analfabetismo femenino era elevado" en la comunidad sefardí, afirma el estudioso, Isabel Rebeca Correa fue incluida por Barbosa Machado en su gran enciclopedia, donde dice de ella: "igualmente instruida na intelligencia das lingoas mais polidas da Europa, como versada en todas as Artes liberaes".

 

Otra mujer interesante de la que se trata en este volumen es Olivia Sabuco. Nacida en Albacete, altamente dotada para la ciencia, a ella se debe el descubrimiento del jugo cerebral al que dio el nombre de quilo, descubrimiento que los médicos ingleses conocieron gracias a la relación de Felipe II con la isla, y adoptaron sin mencionar su nombre. Olivia Sabuco escribió el libro Nueva filosofía de la naturaleza del hombre. no concida ni alcanzada de los grandes filósofos antiguos, donde daba "doctrina para conocerse y entenderse el hombre a si mismo y a su naturaleza y para saber las causas naturales por qué vive y enferma", y relacionaba la salud del cuerpo y la del espíritu. 

 

 

 

 

Tras un estudio sobre la educación y los colegios reales, se ofrece en esta parte un interesante ensayo de Susana Hernández Araico, que versa sobre las "mudanzas del sarao", palabra que figura tanto en la obra de María de Zayas como en la de Sor Juana Inés de la Cruz, en algunos de sus poemas y, específicamente, en dos de sus comedias: Los engaños de una casa y Amor es más laberinto.

 

Otros trabajos nos ponen al corriente de la vida en la corte virreinal de México en el s. XVII, y concretamente de sus fiestas y de la situación de la mujer, que gozaba de una libertad que se percibía incluso en su modo de vestir. La opción entre "la calle y el claustro", la situación de mulatas, criollas y negras, la imagen ideal de la religiosa y la religiosa real, el significado de la Virgen de Guadalupe y el poema de Francisco de Castro "La compuesta de flores maravilla", la manipulación de los escritos femeninos conventuales y autobiográficos de monjas por confesores y sacerdotes que directamente los incorporaban a sus textos y los firmaban como autores son otros tantos temas tocados en la parte dedicada a Nueva España. 

 

 

 

 

En cuanto a Sor Juana Inés de la Cruz, la extraordinaria décima Musa, Georgina Sabat de Rivers nos hace adentrarnos en las imágenes mecánicas y científicas de su Sueño. Estas suponen "una diferencia significativa y superación notoria de las que se usaban, al estilo provenzal y de Petrarca [...], novedades que van a enfrentar lo religioso con lo científico". Sor Juana, que tenía aparatos científicos en su celda, narra en el Sueño "el viaje nocturno del alma o del entendimiento humano a través del universo". En cuanto al cuerpo, el corazón es "reloj humano/ vital volante", el pulmón "fuelle" e "imán del aire", el estómago "fragua de Vulcano" y las imágenes soñadas "linterna mágica". Es decir, la monia buscaba "un modelo mecánico para poder entender y explicar el universo".

 

Marie-Cecile Benassy-Berling, por su parte, estudia el hermetismo en la obra de Sor Juana y nos descubre la influencia en ella de Anastasio Kircher, el cual desarrolló los aspectos simbólicos de la Cábala. José María Díez Borque analiza con todo detalle su poesía celebrativa y de artificio, ofreciendo la reproducción de numerosos y complicados acrósticos, sonetos radiales, en forma de sol, "en cascada", con disposición escalonada de las sílabas comunes a varias palabras, laberintos "que se basan en el juego con la disposición de los versos para formar distintas estrofas y significados -a veces contrapuestos-; laberintos de letras y/o números... En fin, los frutos de un alarde de ingenio por parte del Fénix de Méjico, difícilmente igualable.

 

 

 

 

Los volúmenes se cierran con dos interesantes trabajos, el de Karin Schiller profundiza en el sentido oculto de la Carta atenagórica, hallando la clave en las palabras de la monja: "mi asunto es defenderme con las razones de los tres Santos Padres". Se refiere a San Agustín, Santo Tomás de Aquino y San Juan Crisóstomo, y nos dice Schiller que con esto intentaba acallar en la medida de lo posible las opiniones eclesiásticas opuestas a ella que, como demuestra Margo Glanz -siguiendo a Tabluse- en el ensayo último, acabaron en un proceso secreto instruido por el provisor general del tribunal episcopal dirigido por Aguiar Seijas. Es decir, lograron intimidar a Sor Juana y que esta Minerva de América se declarara "la peor de todas" y enmudeciera los últimos años de su vida.

 

 

Clara Janés 

 

 

 


 

 

 

 
 

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