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Daniel Molini Dezoti

Recital con rimas y charla sin ellas

Nº 4

 

Primavera 2001

 
 
 

 

 

 

Miércoles 23 de enero de 2001, miro el reloj y las agujas me hacen muecas de nueve menos cuarto, siempre reaccionan igual cuando saben que están retrasadas.

 

A las 20,30 debía comenzar el acto organizado por la Obra Social y Cultural de Cajacanarias "Voz y Papel", pero el público asistente, desbordando todas las previsiones y al mullido auditorio, hizo necesaria la instalación de sillas plegables.

 

Mientras espero la comparecencia del protagonista, y disimulando la cara que me pone el reloj, hojeo el libro titulado "Situaciones", todo él llenito de poemas de José Manuel Caballero Bonald

 

De pronto se hace el silencio, miro al frente y encuentro en el estrado a un señor calvo, de barba, que comienza a hablar con cierta timidez, estado que le dura menos de un minuto pues luego su voz se transforma.

 

 

"En primer lugar quiero agradecer a Cajacanarias la hospitalidad y el agradecimiento por permitirme venir a esta isla de Tenerife, lugar que visito con cierta frecuencia y del que guardo recuerdos inolvidables.

 

Yo siempre digo, o he dicho últimamente más de la cuenta, que no soy muy partidario de leer poesía en público, mi propia poesía quiero decir, porque es un ejercicio que me desazona, me intimida. Es como repetir en voz alta una serie de experiencias que se han ido empolvando a través del tiempo y recuperarlas resulta un tanto... incómodo, por no decir ingrato.

 

Es cierto que el escritor rescata muchos rastros olvidados de su propia biografía cuando se relee, por eso no suelo releerme y cuando he tenido la obligación de hacerlo no acabo de identificarme con ese personaje que deambula por mis primeros libros, y que seguramente se ha ido traspasando a libros posteriores, con los que no acabo de reconocerme.

 

En estos eventos casi siempre leo los mismos poemas, pues son para mí los más narrativos -en cierto modo-, directos y explícitos, que ayudan a la lectura.

 

Debo decir, además, que cada vez que se han reeditado mis libros he corregido los poemas. Creo que los libros no se acaban nunca de escribir

 

Por supuesto, cuando se publican ya no se puede seguir corrigiendo, pero realmente es una tarea inacabable. Yo siempre los he retocado..., he llegado a una conclusión, no soy yo quien corrige los poemas, son ellos los que me corrigen a mí, pues he ido cambiando, modificando mis actitudes, mis puntos de vista, mi manera de vivir

 

Ahora voy a leer unos versos de mi primer libro, de hace medio siglo exactamente, pues se publicó en 1952 y este poema debe ser del 51.

 

Lo leo porque en él está expresada mi preocupación por el lenguaje, por la búsqueda de esa palabra que de alguna manera reproduzca o equivalga a lo que el poeta quiere decir."

 

 

José Manuel Caballero Bonald se aclara la garganta, bebe un sorbito de agua y comienza a recitar, o mejor a cantar, algo sentido, respetando puntos,  comas y elevando la voz lo estrictamente necesario, en determinados versos, para llegar a las fibras más profundas de quienes escuchan

 

 

"Por las ventanas, por los ojos / de cerraduras y raíces, / por orificios y rendijas / y por debajo de las puertas / entra la noche.

 

Entra la noche como un trueno / por las rompientes de la vida, / recorre salas de hospitales, / habitaciones de prostíbulos, / templos, alcobas, celdas, chozos, / y en los rincones de la boca / entra también la noche.

 

Entra la noche como un bulto / de mar vacío y de caverna, / se va esparciendo por los bordes / del alcohol y del insomnio, / lame las manos del enfermo / y el corazón de los cautivos, /y en la blancura de las páginas/ entra también la noche

 

Entra la noche como un vértigo / por la ciudad desprevenida, / rasga las sábanas más tristes, / repta detrás de los cobardes, / ciega la cal y los cuchillos / y en el fragor de las palabras / entra también la noche

 

Entra la noche como un grito / entre el silencio de los muros, / propaga espantos y vigilias, / late en lo hondo de las piedras, abre sus últimos boquetes / entre los cuerpos que se aman, / y en el papel emborronado / entra también la noche."

 

 

Voy siguiendo la voz del poeta con un texto donde figura "Versículos del Génesis" y doy buena cuenta de las modificaciones que anunciaba el escritor, al constatar algunos cambios por ejemplo en el verso "muerde las manos del enfermo", en vez de lamerlas.

 

Caballero Bonald explica la metáfora de la noche, que de algún modo sería la metáfora de la imposibilidad del poeta para decir lo que quiere o del modo en que lo quiere decir.

 

Dando un salto en el tiempo recuperó un canto de la infancia, recordando los años oscuros de la guerra civil en Jerez, ciudad en la que nació en 1926, donde, según sus palabras, a pesar de no haber habido contiendas existió una post-guerra terrible

 

Sus versos cuentan la historia de un niño que despierta a la noche con miedo y lo transcribiré haciendo trampas al creador, del modo en que lo escuché, esta vez sin guía

 

 

"A veces, en la turbia galería del sueño, encendía la luz y me quedaba oyendo los ruidos de la noche, el rumor de la ronda, el gotear del grifo, la doméstica respiración, y como un vago acicate de vida en la madera.

 

Trascendía la casa a los durmientes y todo era un recluso depósito de miedo entre las sábanas, pedía de beber por no sentirme sólo, quizás por parecerme al acecho de alguien. Por que el roce de un cuerpo me desvelara de vivir y otra vez, en lo oscuro, iba rastreando los pasos de la calle, respiraba el agrio aroma a cuero, el calzado reciente, la sinuosa urdimbre del almagre, el impávido vaho del tragaluz.

 

Dormía vigilando las sombras, la rebelión de gérmenes del sueño,  entumeciéndome de frío, como esperando desde el rincón de reo de mi infancia, que fuese libre para despertar."

 

 

Entre poema y poema un silencio respetuoso aguardaba la selección de un nuevo texto por parte del artista. Una vez elegido, hojeando un íntimo volumen, los explicaba, indicando momento y lugar donde fue inspirado, mezclando meditaciones con citas, clásicos con homenajes.

 

De ese modo Caballero Bonald nos trasladó desde Ada-Kale, un sitio en el Danubio donde Garcilaso desesperaba su exilio, hasta Lima, donde una piedra comprada a una india le murmuró unos versos, según el "producto del arrepentimiento".

 

Luego pintó, sin necesidad de pinceles, paisajes y gentes. Mendigos de Estocolmo, anochecer en Lluch-Alcari, un pueblo perdido de Mallorca, fueron asomando sus perfiles a medida que el poeta los alumbraba con su voz.

 

Habló de su padre, cubano, y de una foto familiar antigua, en la que aparece aquel de niño, con un barquito en su mano, vecino a una señora negra, estampa a la que luego puso "música" haciéndola sonar para nosotros.

 

 

“Erguido junto a ella hay un niño, / en cuyas manos zozobra una fragata / y a su lado una negra de pechos presurosos / sostiene una cesta de frutas / que parece ofrecer a algún oculto rondador..."

 

 

Continuó con "Paradigma":

 

 

" Dejó escrito Virgilio, ofuscado quizá / por los pronósticos adversos del cielo de Brindisi, / que los doce libros de la Eneida, a cuya gestación / dedicó los últimos once años de su vida, / debían ser quemados tras su muerte

 

No consintió Augusto, / sin embargo, / que semejante designio se cumpliera, y así / se perpetuó en la historia la historia portentosa / del príncipe troyano, que aún incumbe al periplo / de nuestras más honrosas usanzas culturales.

 

Mediante las palabras ascendió Virgilio / al círculo glorioso / de los inextinguibles conductores de hombres / y el hecho de que un día quisiera destruir / el cardinal linaje de su palabra escrita / nos llega hasta ahora mismo / como un supremo ejemplo de horror a la impotencia."

 

 

El tres veces galardonado con el premio Nacional de la Crítica no se olvidó de su casa natal, ni de sus excesos, ni de sus dudas, glosándolas una a una.

 

Obediente a sus propios tiempos y límites José Manuel Caballero Bonald concluyó -con el último trabajo de su último libro- el recital.

 

Un retrato de la gente de su edad, del grupo de amigos y sus ocupaciones que no me resisto a transcribir:

 

 

"La araucaria que crece / en el jardín, aloja / entre sus lentas /gradas /basculantes / un tropel bullicioso de pájaros / oriundos de Argólida.

 

Huéspedes obstinados, comparecen /cada mañana bajo un cielo / incoloro / y dejan en las vecindades / resplandecientes de la playa / el sonido del tiempo y la justicia."

 

 

Tras los aplausos de rigor, que se prolongaron sin que nadie los forzara, el poeta se preparó para responder algunas preguntas, en el caso de que las hubiera.

 

Por supuesto que las hubo, una joven, quizás con dudas que le atenazaban la elocuencia, le inquirió acerca de su obra, y si en ella ocupaba algún lugar Dios.

 

La respuesta no se hizo esperar:

 

" Mi opinión sobre la fe es escasa, tenga en cuenta que a mi edad aquella se pierde. Me he vuelto escéptico, desganado y con cierta tendencia a la pereza reflexiva en torno a temas teológicos

 

Mi educación fue católica y debo decir que más que agnóstico soy escéptico.

 

Ahora bien, todo artista es religioso, y yo siento una energía especial que me llega, elevándome en determinados momentos.

 

En mi caso la religión es la poesía pues es algo sagrado, porque es secreta. Yo siento que escribo poesía en legítima defensa, atacando las cosas que me desesperan.

 

 

Tuve suerte, pues el señor que ordenaba el debate vio mi mano, sin necesidad de agitarla, en cuanto la levanté

 

Usted tiene un poema titulado "La botella vacía se parece a mi alma".

 

Esta expresión, ¿es un recurso poético o en ella está plasmando algo que siente de ese modo... quiero decir desde el punto de vista vital ?

 

 

La poesía es un hecho lingüístico, está realizada con palabras. Son ellas quienes capacitan al lector, que con el lenguaje puede abrirse caminos, llegando a entender incluso más de lo que el poeta siente

 

El verso dice más de lo que quiere decir, "la botella vacía se parece a mi alma", y eso puede llevar a quien lee a conclusiones que incluso yo desconozco.

 

 

Surge de otro extremo una nueva preocupación, relacionada con el uso de las nuevas tecnologías.

 

 

¿ Ve posible la popularización de la poesía a través de Internet?

 

 

Las nuevas vías de expresión son buenas, pero el libro no se podrá reemplazar nunca, pues es un objeto que puedes cometer con él cualquier tipo de exceso. Internet populariza el conocimiento, pero en ningún caso la poesía. No estoy en contra de Internet, pero no tengo claro el favor que pueda hacerle a la literatura

 

 

¿Nos podría referir la influencia que tuvo América en su obra?

 

 

Yo viví tres meses en Cuba y tres años en Colombia.

 

Me hice escritor en el Colegio Mayor Guadalupe de Madrid. Allí residían Ernesto Cardenal, los hermanos Goytisolo, Emilio Lledó.

 

Una vez en Colombia me integré al grupo Mito, donde estaban García Márquez, Alvaro Mutis, Gomez Balderrama y otros, que posteriormente se hicieron famosos.

 

Me identifiqué con el país, allí bebí mucho, escribí mi primera novela, tuve un hijo y planté árboles. (Risas) Obviamente, todo eso tiene que haber influido en mi obra

 

¿Narrativa o poesía?, ¿alguna preferencia?

 

Depende del estado de ánimo. Si no hay necesidad de escribir algo mejor es no escribir. La necesidad es la que manda. Ahora mismo estoy revisando mi segundo tomo de memorias. ¿Es esto una impudicia?. Creo que no, la autobiografía es distinta a la memoria. Mi vida no le importa a nadie, en cambio las personas que conocí, los chicos de la guerra o los adolescentes de la posguerra, sí.

 

Estuve más de diez años sin escribir poesía y de pronto un día me puse y completé un libro. A veces escribo poemas, a veces novela, depende del momento.

 

Atendiendo a su rigor con las palabras, ¿qué opinión le merece Rafael Alberti, que según algunos escribía cometiendo faltas de ortografía y sin preocupaciones por la métrica?

 

 

¿Está segura que a Rafael Alberti no le preocupaba la métrica?. Mire, escribió cosas que son un prodigio de conocimiento sobre la técnica poética

 

En un momento de su vida construyó poemas al estilo gongorino de una manera difícil de superar

 

Respeto mucho a mi paisano. Cuando pasó por la Universidad de Colombia donde yo era profesor de literatura, me emocioné mucho. Hoy los jóvenes no se emocionan.

 

Creo que Alberti terminó su etapa de poeta al regresar a España, a partir de ese momento comenzó a publicar poesía de ocasión, dedicada a amigos, ligera, graciosa y conectada con la tradición popular No obstante, debo decir que en los otros registros, como el surrealista, era extraordinario.

 

Los últimos veinte años antes de morir no escribió nada bueno.

 

 

 

Los organizadores miraban la hora, y sus caras ordenaban la última pregunta

 

Me interesaba conocer la opinión de Caballero Bonald acerca del último premio Cervantes, y si no le parecía contraproducente para el arte toda la parafernalia montada

 

No me gustan para nada los tejemanejes. Los premios se obtienen por votación y me parece un auténtico disparate que quieran hacer comparecer a la ministra de cultura en el Congreso de los Diputados, para que los políticos se enteren de cosas acerca de una elección.

 

Umbral merecía el premio y otros autores también, pero sacar los trapos sucios es un despropósito, y no beneficia en nada a la cultura.

 

 

José Manuel Caballero Bonald dijo más cosas en Tenerife, pero yo no estaba en ese sitio para recogerlas. Cuando a la mañana siguiente del recital escuché en los informativos nacionales una crítica severa que le hacían por unas opiniones, no podía dar crédito.

 

Diario de Avisos reproducía sus declaraciones controvertidas: "No creo que Miguel Delibes sea una persona destinada al premio Nobel de Literatura.

 

Aunque es un escritor que admiro y respeto muchísimo considero que su literatura se ha quedado a trasmano. Sus obras de más éxito son obras temáticamente depresivas..."

 

 Me quedé con rabia por haberme acostado la noche anterior tan tarde, empeñado en transcribir el recital poético de Caballero. Después de un titular tan llamativo,  ¿a quién le iban a interesar sus versos? Para superar el desencanto leí la última estrofa del poema "Convicto", del propio José Manuel Caballero Bonald:

 

 

"Me arrepiento de todo / menos del más furtivo de los crímenes: / el perpetrado sólo por pura complacencia."

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 
 

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