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Miércoles
23 de enero de 2001, miro el reloj y las agujas me hacen muecas de nueve
menos cuarto, siempre reaccionan igual cuando saben que están
retrasadas.
A
las 20,30 debía comenzar el acto organizado por la Obra Social y
Cultural de Cajacanarias "Voz y Papel", pero el público
asistente, desbordando todas las previsiones y al mullido auditorio,
hizo necesaria la instalación de sillas plegables.
Mientras
espero la comparecencia del protagonista, y disimulando la cara que me
pone el reloj, hojeo el libro titulado "Situaciones", todo él
llenito de poemas de José Manuel Caballero Bonald
De
pronto se hace el silencio, miro al frente y encuentro en el estrado a
un señor calvo, de barba, que comienza a hablar con cierta timidez,
estado que le dura menos de un minuto pues luego su voz se transforma.
"En
primer lugar quiero agradecer a Cajacanarias la hospitalidad y el
agradecimiento por permitirme venir a esta isla de Tenerife, lugar que
visito con cierta frecuencia y del que guardo recuerdos inolvidables.
Yo
siempre digo, o he dicho últimamente más de la cuenta, que no soy muy
partidario de leer poesía en público, mi propia poesía quiero decir,
porque es un ejercicio que me desazona, me intimida. Es como repetir en
voz alta una serie de experiencias que se han ido empolvando a través
del tiempo y recuperarlas resulta un tanto... incómodo, por no decir
ingrato.
Es
cierto que el escritor rescata muchos rastros olvidados de su propia
biografía cuando se relee, por eso no suelo releerme y cuando he tenido
la obligación de hacerlo no acabo de identificarme con ese personaje
que deambula por mis primeros libros, y que seguramente se ha ido
traspasando a libros posteriores, con los que no acabo de reconocerme.
En
estos eventos casi siempre leo los mismos poemas, pues son para mí los
más narrativos -en cierto modo-, directos y explícitos, que ayudan a
la lectura.
Debo
decir, además, que cada vez que se han reeditado mis libros he
corregido los poemas. Creo que los libros no se acaban nunca de escribir
Por
supuesto, cuando se publican ya no se puede seguir corrigiendo, pero
realmente es una tarea inacabable. Yo siempre los he retocado..., he
llegado a una conclusión, no soy yo quien corrige los poemas, son ellos
los que me corrigen a mí, pues he ido cambiando, modificando mis
actitudes, mis puntos de vista, mi manera de vivir
Ahora
voy a leer unos versos de mi primer libro, de hace medio siglo
exactamente, pues se publicó en 1952 y este poema debe ser del 51.
Lo
leo porque en él está expresada mi preocupación por el lenguaje, por
la búsqueda de esa palabra que de alguna manera reproduzca o equivalga
a lo que el poeta quiere decir."
José
Manuel Caballero Bonald se aclara la garganta, bebe un sorbito de agua y
comienza a recitar, o mejor a cantar, algo sentido, respetando puntos,
comas y elevando la voz lo estrictamente necesario, en
determinados versos, para llegar a las fibras más profundas de quienes
escuchan
"Por
las ventanas, por los ojos / de cerraduras y raíces, / por orificios y
rendijas / y por debajo de las puertas / entra la noche.
Entra
la noche como un trueno / por las rompientes de la vida, / recorre salas
de hospitales, / habitaciones de prostíbulos, / templos, alcobas,
celdas, chozos, / y en los rincones de la boca / entra también la
noche.
Entra
la noche como un bulto / de mar vacío y de caverna, / se va esparciendo
por los bordes / del alcohol y del insomnio, / lame las manos del
enfermo / y el corazón de los cautivos, /y en la blancura de las páginas/
entra también la noche
Entra
la noche como un vértigo / por la ciudad desprevenida, / rasga las sábanas
más tristes, / repta detrás de los cobardes, / ciega la cal y los
cuchillos / y en el fragor de las palabras / entra también la noche
Entra
la noche como un grito / entre el silencio de los muros, / propaga
espantos y vigilias, / late en lo hondo de las piedras, abre sus últimos
boquetes / entre los cuerpos que se aman, / y en el papel emborronado /
entra también la noche."
Voy
siguiendo la voz del poeta con un texto donde figura "Versículos
del Génesis" y doy buena cuenta de las modificaciones que
anunciaba el escritor, al constatar algunos cambios por ejemplo en el
verso "muerde las manos del enfermo", en vez de lamerlas.
Caballero
Bonald explica la metáfora de la noche, que de algún modo sería la
metáfora de la imposibilidad del poeta para decir lo que quiere o del
modo en que lo quiere decir.
Dando
un salto en el tiempo recuperó un canto de la infancia, recordando los
años oscuros de la guerra civil en Jerez, ciudad en la que nació en
1926, donde, según sus palabras, a pesar de no haber habido contiendas
existió una post-guerra terrible
Sus
versos cuentan la historia de un niño que despierta a la noche con
miedo y lo transcribiré haciendo trampas al creador, del modo en que lo
escuché, esta vez sin guía
"A
veces, en la turbia galería del sueño, encendía la luz y me quedaba
oyendo los ruidos de la noche, el rumor de la ronda, el gotear del
grifo, la doméstica respiración, y como un vago acicate de vida en la
madera.
Trascendía
la casa a los durmientes y todo era un recluso depósito de miedo entre
las sábanas, pedía de beber por no sentirme sólo, quizás por
parecerme al acecho de alguien. Por que el roce de un cuerpo me
desvelara de vivir y otra vez, en lo oscuro, iba rastreando los pasos de
la calle, respiraba el agrio aroma a cuero, el calzado reciente, la
sinuosa urdimbre del almagre, el impávido vaho del tragaluz.
Dormía
vigilando las sombras, la rebelión de gérmenes del sueño,
entumeciéndome de frío, como esperando desde el rincón de reo
de mi infancia, que fuese libre para despertar."
Entre
poema y poema un silencio respetuoso aguardaba la selección de un nuevo
texto por parte del artista. Una vez elegido, hojeando un íntimo
volumen, los explicaba, indicando momento y lugar donde fue inspirado,
mezclando meditaciones con citas, clásicos con homenajes.
De
ese modo Caballero Bonald nos trasladó desde Ada-Kale, un sitio en el
Danubio donde Garcilaso desesperaba su exilio, hasta Lima, donde una
piedra comprada a una india le murmuró unos versos, según el
"producto del arrepentimiento".
Luego
pintó, sin necesidad de pinceles, paisajes y gentes. Mendigos de
Estocolmo, anochecer en Lluch-Alcari, un pueblo perdido de Mallorca,
fueron asomando sus perfiles a medida que el poeta los alumbraba con su
voz.
Habló
de su padre, cubano, y de una foto familiar antigua, en la que aparece
aquel de niño, con un barquito en su mano, vecino a una señora negra,
estampa a la que luego puso "música" haciéndola sonar para
nosotros.
“Erguido
junto a ella hay un niño, / en cuyas manos zozobra una fragata / y a su
lado una negra de pechos presurosos / sostiene una cesta de frutas / que
parece ofrecer a algún oculto rondador..."
Continuó
con "Paradigma":
"
Dejó escrito Virgilio, ofuscado quizá / por los pronósticos adversos
del cielo de Brindisi, / que los doce libros de la Eneida, a cuya
gestación / dedicó los últimos once años de su vida, / debían ser
quemados tras su muerte
No
consintió Augusto, / sin embargo, / que semejante designio se
cumpliera, y así / se perpetuó en la historia la historia portentosa /
del príncipe troyano, que aún incumbe al periplo / de nuestras más
honrosas usanzas culturales.
Mediante
las palabras ascendió Virgilio / al círculo glorioso / de los
inextinguibles conductores de hombres / y el hecho de que un día
quisiera destruir / el cardinal linaje de su palabra escrita / nos llega
hasta ahora mismo / como un supremo ejemplo de horror a la
impotencia."
El
tres veces galardonado con el premio Nacional de la Crítica no se olvidó
de su casa natal, ni de sus excesos, ni de sus dudas, glosándolas una a
una.
Obediente
a sus propios tiempos y límites José Manuel Caballero Bonald concluyó
-con el último trabajo de su último libro- el recital.
Un
retrato de la gente de su edad, del grupo de amigos y sus ocupaciones
que no me resisto a transcribir:
"La
araucaria que crece / en el jardín, aloja / entre sus lentas /gradas
/basculantes / un tropel bullicioso de pájaros / oriundos de Argólida.
Huéspedes
obstinados, comparecen /cada mañana bajo un cielo / incoloro / y dejan
en las vecindades / resplandecientes de la playa / el sonido del tiempo
y la justicia."
Tras
los aplausos de rigor, que se prolongaron sin que nadie los forzara, el
poeta se preparó para responder algunas preguntas, en el caso de que
las hubiera.
Por
supuesto que las hubo, una joven, quizás con dudas que le atenazaban la
elocuencia, le inquirió acerca de su obra, y si en ella ocupaba algún
lugar Dios.
La
respuesta no se hizo esperar:
"
Mi opinión sobre la fe es escasa, tenga en cuenta que a mi edad aquella
se pierde. Me he vuelto escéptico, desganado y con cierta tendencia a
la pereza reflexiva en torno a temas teológicos
Mi
educación fue católica y debo decir que más que agnóstico soy escéptico.
Ahora
bien, todo artista es religioso, y yo siento una energía especial que
me llega, elevándome en determinados momentos.
En
mi caso la religión es la poesía pues es algo sagrado, porque es
secreta. Yo siento que escribo poesía en legítima defensa, atacando
las cosas que me desesperan.
Tuve
suerte, pues el señor que ordenaba el debate vio mi mano, sin necesidad
de agitarla, en cuanto la levanté
—Usted
tiene un poema titulado "La botella vacía se parece a mi
alma".
Esta
expresión, ¿es un recurso poético o en ella está plasmando algo que
siente de ese modo... quiero decir desde el punto de vista vital ?
La
poesía es un hecho lingüístico, está realizada con palabras. Son
ellas quienes capacitan al lector, que con el lenguaje puede abrirse
caminos, llegando a entender incluso más de lo que el poeta siente
El
verso dice más de lo que quiere decir, "la botella vacía se
parece a mi alma", y eso puede llevar a quien lee a conclusiones
que incluso yo desconozco.
Surge
de otro extremo una nueva preocupación, relacionada con el uso de las
nuevas tecnologías.
¿
Ve posible la popularización de la poesía a través de Internet?
Las
nuevas vías de expresión son buenas, pero el libro no se podrá
reemplazar nunca, pues es un objeto que puedes cometer con él cualquier
tipo de exceso. Internet populariza el conocimiento, pero en ningún
caso la poesía. No estoy en contra de Internet, pero no tengo claro el
favor que pueda hacerle a la literatura
¿Nos
podría referir la influencia que tuvo América en su obra?
Yo
viví tres meses en Cuba y tres años en Colombia.
Me
hice escritor en el Colegio Mayor Guadalupe de Madrid. Allí residían
Ernesto Cardenal, los hermanos Goytisolo, Emilio Lledó.
Una
vez en Colombia me integré al grupo Mito, donde estaban García Márquez,
Alvaro Mutis, Gomez Balderrama y otros, que posteriormente se hicieron
famosos.
Me
identifiqué con el país, allí bebí mucho, escribí mi primera
novela, tuve un hijo y planté árboles. (Risas) Obviamente, todo
eso tiene que haber influido en mi obra
—¿Narrativa o poesía?, ¿alguna
preferencia?
Depende
del estado de ánimo. Si no hay necesidad de escribir algo mejor es no
escribir. La necesidad es la que manda. Ahora mismo estoy revisando mi
segundo tomo de memorias. ¿Es esto una impudicia?. Creo que no, la
autobiografía es distinta a la memoria. Mi vida no le importa a nadie,
en cambio las personas que conocí, los chicos de la guerra o los
adolescentes de la posguerra, sí.
Estuve
más de diez años sin escribir poesía y de pronto un día me puse y
completé un libro. A veces escribo poemas, a veces novela, depende del
momento.
—Atendiendo a su rigor con las palabras, ¿qué
opinión le merece Rafael Alberti, que según algunos escribía
cometiendo faltas de ortografía y sin preocupaciones por la métrica?
¿Está
segura que a Rafael Alberti no le preocupaba la métrica?. Mire, escribió
cosas que son un prodigio de conocimiento sobre la técnica poética
En
un momento de su vida construyó poemas al estilo gongorino de una
manera difícil de superar
Respeto
mucho a mi paisano. Cuando pasó por la Universidad de Colombia donde yo
era profesor de literatura, me emocioné mucho. Hoy los jóvenes no se
emocionan.
Creo
que Alberti terminó su etapa de poeta al regresar a España, a partir
de ese momento comenzó a publicar poesía de ocasión, dedicada a
amigos, ligera, graciosa y conectada con la tradición popular No
obstante, debo decir que en los otros registros, como el surrealista,
era extraordinario.
Los
últimos veinte años antes de morir no escribió nada bueno.
Los
organizadores miraban la hora, y sus caras ordenaban la última pregunta
Me
interesaba conocer la opinión de Caballero Bonald acerca del último
premio Cervantes, y si no le parecía contraproducente para el arte toda
la parafernalia montada
No
me gustan para nada los tejemanejes. Los premios se obtienen por votación
y me parece un auténtico disparate que quieran hacer comparecer a la
ministra de cultura en el Congreso de los Diputados, para que los políticos
se enteren de cosas acerca de una elección.
Umbral
merecía el premio y otros autores también, pero sacar los trapos
sucios es un despropósito, y no beneficia en nada a la cultura.
José
Manuel Caballero Bonald dijo más cosas en Tenerife, pero yo no estaba
en ese sitio para recogerlas. Cuando a la mañana siguiente del recital
escuché en los informativos nacionales una crítica severa que le hacían
por unas opiniones, no podía dar crédito.
Diario
de Avisos reproducía sus declaraciones controvertidas: "No creo
que Miguel Delibes sea una persona destinada al premio Nobel de
Literatura.
Aunque
es un escritor que admiro y respeto muchísimo considero que su
literatura se ha quedado a trasmano. Sus obras de más éxito son obras
temáticamente depresivas..."
Me
quedé con rabia por haberme acostado la noche anterior tan tarde, empeñado
en transcribir el recital poético de Caballero. Después de un titular
tan llamativo, ¿a quién le iban a interesar sus versos? Para superar el
desencanto leí la última estrofa del poema "Convicto", del
propio José Manuel Caballero Bonald:
"Me
arrepiento de todo / menos del más furtivo de los crímenes: / el
perpetrado sólo por pura complacencia."
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