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Estaba
dormida, al menos eso pensé, que mis visiones eran sueño, tu sabes,
algunas veces se tienen pesadillas, estaba ahí, el lugar era sombrío,
creí era una cueva, al principio esperaba que algo sucediera, mas todo
transcurría en total silencio, me aburría. Sumida en la inconsciencia el
tiempo parecía detenido, su marcha congelada acompañaba mi estadía.
Alguna tarde, —supongo que era el final del día, ya que no podía medir el tiempo, pero
si escuchar el trinar de los pájaros cuando llegan a sus nidos—
tuve imágenes de cómo llegue aquí, no aparecí de pronto, como yo lo
suponía, esperaba en la
antesala, un hospital, creo, donde trataban
de atender a mis heridas, la medicina, hizo mas daño, los remedios no
fueron suficientes, tomé tantos, ya ninguno salvaría a mi espíritu
enfermizo.
Era
un sepulcro muy frío el mío,
estaba acostumbrada, parecía disfrutar cuando los gusanos me comían, la
podredumbre despedía un aroma delicioso, era el perfume de los dioses, me
decía, me convencía. Al lado mío había otros muertos, algunas veces
dejábamos nuestras soledades para dialogar un rato, conversar con otros
muertos ¡Qué insulso me sabia!
Mas
cierto día llegaste tú a orar junto a mi tumba, yo no te conocía, te vi
una vez, y te llamé a ser mi compañía, te visité entre vapores de
Morfeo, quizá te impresioné esa noche y decidiste por fin visitarme. Al
escuchar tu voz, apareció una luz que iluminó el sepulcro, me vi metida
en una fosa, carcomida, sentí respiración, cierto aire de frescura, se
iluminó el ataúd donde dormía, las alimañas no habían aún
desfigurado el cuerpo, el alma se mantenía en una esquina, acurrucada,
temerosa, y aunque había tantas cicatrices, lo descubrí ese día, ¡Estaba
viva!.
Quería
salir, pero... Había mucha tierra encima, ¡la
tapa!… Sellada se encontraba, desangré mis manos, destrocé mis uñas,
una lucha frenética fue desatada, a veces ya cansada permanecía en
silencio, las agresiones ya no me dolerían, era otro dolor el que se
apoderó de mí, era el encierro, era el sentir que afuera, la vida mantenía
su curso, mientras yo, aquí me consumía.
Mi
único consuelo era cuando te parabas junto a mi lecho eterno a dirigir
tus pensamientos, a veces venías todos los días, para mí era suficiente
contemplarte desde adentro, imaginar tu rostro, tus sentires, cuando te
marchabas pasaba el tiempo imaginando lo que harías. A veces también
pasaban días y jamás aparecías, las emociones como torbellinos acudían
a mí, y me decía, ¡Solo estoy
sintiendo!, ¡Es que estoy viva!.
Una
vez sembraste una flor sobre mi tumba, lo recuerdo, llegaste tú, hiciste
un hueco, y quizás por error toqué tu mano, sentir toda esa tibieza
alentó mi corazón, tal vez no era tanto el calor que despedía tu
cuerpo, quizá solo era el frío intenso al que estaba sometida. Colocaste
el tallo, el botón floreció, y aunque echó raíces no brotaron otras
flores… ni tampoco germinó.
Me
he preguntado tantas veces si también tus soledades hacen que vengas a mi
lado ¿O es que acaso ha surgido en
ti esa chispa, ésa que hace la diferencia entre la tristeza y la alegría,
ese sentimiento extraño, que los vivos disfrutan y se extasían? ¡Amor!
Ese es su nombre, amor es la palabra unida al sentimiento. Créeme, lo he
pensado tantas veces, y me parece un sueño él haberte conocido,
¡Cielos!, También ahora
sueño, ¡Lo había olvidado!
Para nosotros quienes yacen en el fondo del Sol está prohibido, tal vez,
para no hacer más eterna y dura la agonía, ahora lo sé, lo he
aprendido.
Cuando
los rayos del sol calientan los botones de esa flor que acompaña mis
tristezas —parece raro, aún no se
marchita a pesar de los inviernos— entra un poco de tibieza,
te confieso también, me he acostumbrado al intercambio de energía,
a veces me conformo, el sólo haber roto la pared adiabática a mi
encierro es alegría, pero otras tantas te busco en mis recuerdos, ¡Maldita sea!.
Y
cierto día Tú dijiste que vendrías, que deseabas besar mi rostro y
hacer que otra vez me acariciara el aire las mejillas, te imaginé con
palas y cinceles, que buscarías aligerar la carga que a mi cuerpo oprimía,
para yo así, desde adentro abrir la puerta que me permitiera aspirar
nuevamente la fragancia de las flores.
Pero…
jamás llegó ese día, han pasado las horas, las semanas y los meses y
sigo aquí, con mi triste compañía, quien a veces está muda, quien a
veces me platica, tal vez olvidé ya el lenguaje de los muertos, porque
solo escucho balbuceos, no entiendo nada, no estoy, ni con los vivos… ni
los muertos, y es el limbo desde ahora mi morada.
He
sentido la tierra removida, he vislumbrado una salida mas no tengo fuerza
para salir ahora, estoy tan sola, me he quedado sin muertos y sin ti,
hasta esta hora.
¿Qué
haré mañana? ¿Esperaré hasta que vengas a orar junto a mi tumba? ¿O
saldré sola? No lo sé, estoy cansada, quizá la lucha, quizá el temor
de encontrar nada y añorar siquiera la soledad de mi sepulcro. ¿Acaso
deberé convertir la soledad de mi muerte en la muerte de mis soledades?
Por lo pronto permaneceré aquí, a vivir mi soledad acompañada… y yo,
ah ¡Ya veré mañana!.
¡Vaya!
Es otro día y Esos sueños otra vez, sueño que sueño y luego despierto
y vuelvo a soñar que aun sigo durmiendo y resulta que cada vez es más
difícil distinguir la realidad de la inconsciencia, como una broma
interminable. Como una encrucijada, como un laberinto de juegos de la
mente, luego así es difícil etiquetar lo real y lo irreal, cada mañana
aparece un diferente amanecer, disfrazado de calma, de aparente rutina, de
objetividad.
Esta
mañana me ha costado despertar, quizá me encontraba en un viaje astral,
quizá era el pasado de otra vida, quizá era una premonición. Quizá era
una historia incompleta, o... Una completa historia tal vez.
Este
sueño mas parece pesadilla me ha dejado un sabor de boca de sinrazón, de
derrota, de puertas entreabiertas, de poder y no querer, de dejarse
vencer, de ocultamiento, de frustración y desencanto, de sentimientos
vencidos, envueltos todos en deseos de ser mas de lo existente, de romper
las tradiciones, de luchar, de reflexiones.
Generalmente
me muevo entre montañas y cascadas y otros lares, pero esta noche si que
la mente ha divagado, tantas paradojas, tantas contradicciones, tantas
permutaciones, tantas perspectivas, tantas parábolas implícitas. Los sueños
de pronto ofrecen lecciones disfrazadas de otras vidas, de otras muertes,
de inexperiencias existentes, de malestares de otros pellejos, quizá sean
el resultado de una cena exhaustiva, quizá ¿Porqué no? Sean las miradas
delatoras de sentidos interiores.
-
Es su turno-
Interrumpe una voz desde el
fondo del pasillo, - ¿Qué no
escucha? Es su turno-
¡Por
fin!, Ambas, madre e hija se levantan del asiento, han visitado muchos
hospitales y doctores, hoy hay uno nuevo, y se iniciará nuevamente la
rutina de preguntas sin contestaciones obvias, la señora se dirige a sus
adentros - Si supiera las respuestas
haría fila en otras colas, me las sé ya de memoria. ¿Cuánto tiempo ha
que se encuentra así? ¿Mostró síntomas de desvaríos? ¿Se violenta?
Uff, Otra vez la pesadilla.-
Mientras
cavila dirige una sonrisa amorosa a la joven, quien aparece casi
transparente, casi etérea con su vestimenta blanca, con cintas que no son
listones de colores, que se encuentran abrazados en la espalda, que no dan
libertad para volar, para hacer de mariposa.
-
Anda hija, ven, - Le
tiende la mano, ella Como siempre se
resiste un poco, pero al cabo se deja transportar, su mirada está
perdida en su espacio, la mente desconectada con el cuerpo, camina
lentamente, mientras aprieta fuertemente entre sus dedos una rosa y deja
en su andar los murmullos que se escapan, son palabras que suele repetir: quizá
sean las miradas delatoras de sentidos interiores, quizá sean las miradas
delatoras de sentidos
interiores, quizá sean las
miradas delatoras de sentidos
interiores, quizá sean las miradas delatoras de sentidos interiores…
Siempre
hay un poco de razón en la locura,
y
un poco de locura en la razón.(*)
*
Desconozco al autor de esta frase, por lo cual no lo menciono.
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