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Pilar Suárez 

 

La flor sobre la tumba

Nº 4

 

Primavera 2001

 
 
 

 

 

 

 

Estaba dormida, al menos eso pensé, que mis visiones eran sueño, tu sabes, algunas veces se tienen pesadillas, estaba ahí, el lugar era sombrío, creí era una cueva, al principio esperaba que algo sucediera, mas todo transcurría en total silencio, me aburría. Sumida en la inconsciencia el tiempo parecía detenido, su marcha congelada acompañaba mi estadía. Alguna tarde, —supongo que era el final del día, ya que no podía medir el tiempo, pero si escuchar el trinar de los pájaros cuando llegan a sus nidos— tuve imágenes de cómo llegue aquí, no aparecí de pronto, como yo lo suponía, esperaba  en la antesala, un hospital, creo, donde  trataban de atender a mis heridas, la medicina, hizo mas daño, los remedios no fueron suficientes, tomé tantos, ya ninguno salvaría a mi espíritu  enfermizo.

 

Era un sepulcro  muy frío el mío, estaba acostumbrada, parecía disfrutar cuando los gusanos me comían, la podredumbre despedía un aroma delicioso, era el perfume de los dioses, me decía, me convencía. Al lado mío había otros muertos, algunas veces dejábamos nuestras soledades para dialogar un rato, conversar con otros muertos ¡Qué insulso me sabia!

 

Mas cierto día llegaste tú a orar junto a mi tumba, yo no te conocía, te vi una vez, y te llamé a ser mi compañía, te visité entre vapores de Morfeo, quizá te impresioné esa noche y decidiste por fin visitarme. Al escuchar tu voz, apareció una luz que iluminó el sepulcro, me vi metida en una fosa, carcomida, sentí respiración, cierto aire de frescura, se iluminó el ataúd donde dormía, las alimañas no habían aún desfigurado el cuerpo, el alma se mantenía en una esquina, acurrucada, temerosa, y aunque había tantas cicatrices, lo descubrí ese día, ¡Estaba viva!.

 

Quería salir, pero... Había mucha tierra encima, ¡la tapa!… Sellada se encontraba, desangré mis manos, destrocé mis uñas, una lucha frenética fue desatada, a veces ya cansada permanecía en silencio, las agresiones ya no me dolerían, era otro dolor el que se apoderó de mí, era el encierro, era el sentir que afuera, la vida mantenía su curso, mientras yo, aquí me consumía.

 

Mi único consuelo era cuando te parabas junto a mi lecho eterno a dirigir tus pensamientos, a veces venías todos los días, para mí era suficiente contemplarte desde adentro, imaginar tu rostro, tus sentires, cuando te marchabas pasaba el tiempo imaginando lo que harías. A veces también pasaban días y jamás aparecías, las emociones como torbellinos acudían a mí, y me decía, ¡Solo estoy sintiendo!, ¡Es que estoy viva!.

 

 

Una vez sembraste una flor sobre mi tumba, lo recuerdo, llegaste tú, hiciste un hueco, y quizás por error toqué tu mano, sentir toda esa tibieza alentó mi corazón, tal vez no era tanto el calor que despedía tu cuerpo, quizá solo era el frío intenso al que estaba sometida. Colocaste el tallo, el botón floreció, y aunque echó raíces no brotaron otras flores… ni tampoco germinó.

 

Me he preguntado tantas veces si también tus soledades hacen que vengas a mi lado ¿O es que acaso ha surgido en ti esa chispa, ésa que hace la diferencia entre la tristeza y la alegría, ese sentimiento extraño, que los vivos disfrutan y se extasían? ¡Amor! Ese es su nombre, amor es la palabra unida al sentimiento. Créeme, lo he pensado tantas veces, y me parece un sueño él haberte conocido,  ¡Cielos!, También ahora sueño, ¡Lo había olvidado! Para nosotros quienes yacen en el fondo del Sol está prohibido, tal vez, para no hacer más eterna y dura la agonía, ahora lo sé, lo he aprendido.

 

Cuando los rayos del sol calientan los botones de esa flor que acompaña mis tristezas —parece raro, aún no se marchita a pesar de los inviernos— entra un poco de tibieza,  te confieso también, me he acostumbrado al intercambio de energía, a veces me conformo, el sólo haber roto la pared adiabática a mi encierro es alegría, pero otras tantas te busco en mis recuerdos, ¡Maldita sea!.

 

Y cierto día Tú dijiste que vendrías, que deseabas besar mi rostro y hacer que otra vez me acariciara el aire las mejillas, te imaginé con palas y cinceles, que buscarías aligerar la carga que a mi cuerpo oprimía, para yo así, desde adentro abrir la puerta que me permitiera aspirar nuevamente la fragancia de las flores.

 

Pero… jamás llegó ese día, han pasado las horas, las semanas y los meses y sigo aquí, con mi triste compañía, quien a veces está muda, quien a veces me platica, tal vez olvidé ya el lenguaje de los muertos, porque solo escucho balbuceos, no entiendo nada, no estoy, ni con los vivos… ni los muertos, y es el limbo desde ahora mi morada.

 

He sentido la tierra removida, he vislumbrado una salida mas no tengo fuerza para salir ahora, estoy tan sola, me he quedado sin muertos y sin ti, hasta esta hora.

 

¿Qué haré mañana? ¿Esperaré hasta que vengas a orar junto a mi tumba? ¿O saldré sola? No lo sé, estoy cansada, quizá la lucha, quizá el temor de encontrar nada y añorar siquiera la soledad de mi sepulcro. ¿Acaso deberé convertir la soledad de mi muerte en la muerte de mis soledades? Por lo pronto permaneceré aquí, a vivir mi soledad acompañada… y yo, ah ¡Ya veré mañana!.

 

¡Vaya! Es otro día y Esos sueños otra vez, sueño que sueño y luego despierto y vuelvo a soñar que aun sigo durmiendo y resulta que cada vez es más difícil distinguir la realidad de la inconsciencia, como una broma interminable. Como una encrucijada, como un laberinto de juegos de la mente, luego así es difícil etiquetar lo real y lo irreal, cada mañana aparece un diferente amanecer, disfrazado de calma, de aparente rutina, de objetividad.

 

Esta mañana me ha costado despertar, quizá me encontraba en un viaje astral, quizá era el pasado de otra vida, quizá era una premonición. Quizá era una historia incompleta, o... Una completa historia tal vez.

 

Este sueño mas parece pesadilla me ha dejado un sabor de boca de sinrazón, de derrota, de puertas entreabiertas, de poder y no querer, de dejarse vencer, de ocultamiento, de frustración y desencanto, de sentimientos vencidos, envueltos todos en deseos de ser mas de lo existente, de romper las tradiciones, de luchar, de reflexiones.

 

Generalmente me muevo entre montañas y cascadas y otros lares, pero esta noche si que la mente ha divagado, tantas paradojas, tantas contradicciones, tantas permutaciones, tantas perspectivas, tantas parábolas implícitas. Los sueños de pronto ofrecen lecciones disfrazadas de otras vidas, de otras muertes, de inexperiencias existentes, de malestares de otros pellejos, quizá sean el resultado de una cena exhaustiva, quizá ¿Porqué no? Sean las miradas delatoras de sentidos interiores.

 

- Es su turno- Interrumpe una voz desde  el fondo del pasillo, - ¿Qué no escucha? Es su turno- 

 

¡Por fin!, Ambas, madre e hija se levantan del asiento, han visitado muchos hospitales y doctores, hoy hay uno nuevo, y se iniciará nuevamente la rutina de preguntas sin contestaciones obvias, la señora se dirige a sus adentros - Si supiera las respuestas haría fila en otras colas, me las sé ya de memoria. ¿Cuánto tiempo ha que se encuentra así? ¿Mostró síntomas de desvaríos? ¿Se violenta? Uff, Otra vez la pesadilla.-

 

Mientras cavila dirige una sonrisa amorosa a la joven, quien aparece casi transparente, casi etérea con su vestimenta blanca, con cintas que no son listones de colores, que se encuentran abrazados en la espalda, que no dan libertad para volar, para hacer de mariposa.  

 

- Anda hija, ven, - Le tiende la mano, ella Como siempre se  resiste un poco, pero al cabo se deja transportar, su mirada está perdida en su espacio, la mente desconectada con el cuerpo, camina lentamente, mientras aprieta fuertemente entre sus dedos una rosa y deja en su andar los murmullos que se escapan, son palabras que suele repetir: quizá sean las miradas delatoras de sentidos interiores, quizá sean las miradas delatoras de  sentidos interiores,  quizá sean las miradas delatoras de  sentidos interiores, quizá sean las miradas delatoras de sentidos interiores…

 

 

Siempre hay un poco de razón en la locura,

y un poco de locura en la razón.(*)

 

 

 

* Desconozco al autor de esta frase, por lo cual no lo menciono.

 

 

 

 

 


 

 

 

 
 

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