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Francisco J. Carmona

 

Poemas

Nº 4

 

Primavera 2001

 
 
 

 

                      

 

DESPERTAR

 

  

Dentro de los despojos de mi cerebro dormita la eficiente 

      intelectualidad

todo es símbolo de nada, a veces aumenta mi ego

y otras me revienta ilusiones,

cuando me dejo llevar por el mar

éste me devuelve laderas de cobre

y la sonrisa pétrea del sinsabor dolido

quiero despertar vacío y que tú me llenes de nuevo,

con tus palabras de sal,

con tu semblante nuevo de cada día,

con tus lágrimas de incienso y el sembrar de los años.

 

La inexorable mente, que crece con la vanidad,

me enfrenta a seres nunca inventados,

transparentes como mis versos,

opacos como mis silencios,

clandestinos como mis sentimientos,

voraces como luciérnagas de dorado plumaje.

 

Ansío el crudo invierno de nalgas flotantes

y la vergüenza de simientes fecundas,

quiero despertar vacío

para llenarme de ventosas y caminos,

de iris masacradas y benditas, llenarme de un sol verde oscuro

y naufragar en un río de cruces.

 

 

 

 

  *

 

 

 

 

RESISTENCIA AL AIRE

 

 

 

El cáustico deseo de poniente,

el sinpensar de azul cromado,

la neblina de atormentada respuesta,

resiste al aire más henchido,

a la propuesta burguesa de la lengua rutinaria,

al pensamiento debilitado por química deshilachada,

a la monotonía monocroma del ensordecedor silencio,

a la mentira disfrazada de tullida solicitud,

a las alas de una vida completamente en blanco,

al recuerdo de un ayer desnudo y zafio,

ayer de odios y barcos hundidos;

resiste al humor de gris iridiscencia,

convirtiéndose en océano vivo,

en tertulia de algas;

nunca más enturbiado por la sinrazón institucional

y la lucha de clases opuestas;

nunca más será el espejo donde se miren los otros,

aquellos a quienes tú y yo ni siquiera despreciamos;

nunca más seremos vertientes de cauces paralelos,

sino retazos de brisa, de cielo, de pensamiento abisal, de besos 

      al aire;

seremos miembros de un sol acuoso y un libro sin trazas;

renaceremos al vuelo del ocaso, para surgir de nuevo eternos;

resistiremos sin despreciar el imantado deseo de la 

      ambivalencia,

el recodo infinito de voces mancilladas;

resistiremos al flujo otoñal de sienes en primavera,

a la pétrea sonrisa de callejas sin alma,

al despótico enfrentamiento de manos abiertas;

a la mirada de incienso de una cofradía de pajes soñolientos;

nunca más espejo de aquellos a quienes ni siquiera 

      despreciamos.

 

 

                                                     

 

 

 


 

 

 
 

 

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