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ABADIA
DEL ADIÓS
Los
fundos mudos de la plaza
en
la abadía del insomnio.
Mi
abdomen está desierto,
con
aberturas y sin abejas,
un
abismal sabor a nada
para
abolir cualquier recuerdo.
Abortar
la fe
me
fue abrazar tu abrigo,
abrojarme
a tu cintura.
Acampada
en los adentros
de
un acaso accesorio.
Acechar
en tu puerta,
un
acostarse acribillada.
Y
ese muro enfermo
de
acumular tus brazos
hasta
adelantar mi adiós.
*
Dispararán
pájaros
las
plumas de tu almohada
y
mis manos fariseas
aún
brillarán de nostalgias
entre
los pliegues del reloj.
Audaz
la luna
arriesgará
un rayo amargo
sobre
el camino calcinado,
sobre
las calles solas
que
median aún
entre
dos almohadas rotas.
Dispararán
pájaros, sí,
tu
almohada y la mía
cuando
mis ojos no puedan
rodar
por tu pecho dormido
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