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A
esta hora
la
queja de su silencio.
Mi
cuerpo es una ola
que
busca acantilados.
Ardo,
ardo y tú no me ves.
Tú
ves la noche, el tejido
de
ausencia que vigila
la
frontera que me legas.
Ya
los párpados cerrados
y
la clepsidra del sueño
evaporando
el tiempo.
Un
ave de algodón entre las manos.
Las
sierpes de tu lengua
en
mi costado.
Confitura,
néctar,
jinete
en el cenit cabalgando.
Caballo
que el quiebro
de
las columnas desea.
animal
casto. Grande porte.
¡Jaque!
…y
sea el crepúsculo del dragón.
Graves
atributos, por los caminos
de
los calvarios, para siempre
de
la noche.
Del
otro lado, tal vez, la voluntad
triste
del retorno.
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