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Antonio Álvarez Bürguer

Ruidos del silencio

Nº 3

 

Invierno 2000

 
 
 

 

 

I

 

Aplasté la montaña con el cuerpo quebrado

y me dispuse a escuchar los ruidos del silencio.

Observé las sombras inquietas

de los árboles inmóviles

y el plumaje imposible de los pájaros

que vuelan más alto.

También conversé largo con las hormigas

y soplé intensamente para odiar las denegridas nubes.

Cerré los ojos por un instante,

me dejé adivinar la destreza del insecto

e hice danzar el eco de los fierros estrellados.

 

 

II

 

¡Ah!, tú, Dios, que has torcido al árbol

para enseñarnos la grandeza del humilde,

déjame ver cómo la ventisca sacude los matojos

y no a la piedra arrebozada en el polvo,

y cómo inclina hasta el desprecio al humo errante

de las majestuosas chimeneas.

 

 

III

 

¿Qué silencio yo he buscado?

¿Qué silencio es el que escapa

de los ruidos del silencio?

He puesto candado a los ojos para oírme más adentro

y he tirado imprudente las llaves

entre los pájaros incansables

y los techos herrumbrosos castigados

por el martillo de todas las primaveras.

Estuve incluso en la fiesta de unas flores

que bailaban cadenciosas

con el murmullo de la brisa.

Más aún, descendí asido a una rama ondulante

por un río de guirnaldas.

Todo era mi silencio roto por los ruidos.

Todo eran los ruidos de mi silencio.

 

 

 

EL HOMBRE DEL SAXO

 

 

Del saxo le brotaban

desmarridas melodías

sosegadas

como sierpes infinitas

extenuadas

reptando en medio de la maleza

de los espíritus indolentes.

 

No era Yarbird que interpretaba el Bebop

con maestría

en los suburbios de New York

o Missisipi

pero estaba Donna Lee

evocada en el bullicio

por la calle de Maipú.

 

En el sombrero

inverecundo boquiabierto

amortiguados por láminas amarillas

autumnales

rebotaban a veces

los sustentos,

y el muro recíproco

devolviendo desde el frente

los lánguidos compases

de Donna Lee.

 

 

 

 

 

VENGO DE ASALTAR TU CUERPO

 

 

Ando aún de trotar vesánico

a lomo de estrella

Vengo de asaltar tu cuerpo

en algodones blancos

por el éter

y de volar sin alas

sobre jardines jadeantes.

 

Ando ruín de ladronear en tus sentidos

entre tus brazos

y tus piernas desvestidas

atezadas por fiebres

incendiarias,

descreído en ruta ahora

en el recuerdo de tu cuerpo

por la línea gruesa de tu sombra

en el hálito inconexo

del orgasmo más cercano.

 

Ando aún de tí en travesía

por los mares del incienso

con estrellas refulgentes en el rostro

e islas no pobladas en las manos.

 

Devoto del recuerdo

en madrugada

con lámparas argénteas en los ojos

y una mueca de euforia

dibujada,

vengo de asaltar tu cuerpo.

 

 

 

 

OFRENDÁRTELO TODO

 

 

Morir de pie descalzo tirado sobre la hierba

no doblegada por el huracán más iracundo.

Descansar horizontalmente erguido.

En fin, correr dormido en línea entre tus sábanas

albas en las noches más frías del invierno.

Arrancarte los cabellos de raíz y quemarlos

en una hoguera de rosas rojas perfumadas malolientes.

Ofrendártelo todo.

 

Imprimir velocidad metafísica a los sentidos

para odiarte y amarte siempre, como nadie, más allá,

más allá aún del vaho untuoso de la habitud.

Más lejos todavía de mis mayores fuerzas

infrahumanas y sobrehumanas.

Ofrendártelo todo.

Todo es todo: vísceras, células, corazón, pulmones,

estómago, cerebro, huesos

mis miedos

mis utopías

mi cesta de reciclaje.

 

Por el azul del arcoiris ascender a lo más alto

vestido de nácar y descender oblícuo, aceleradamente,

para ofrendártelo todo.

Llorar con desconsuelo de alegría. Reir sin mover

un músculo.

Vivir de pie arrodillado blasfemando y orando,

glorificando y maldiciendo.

Ofrendártelo todo.

Todo es todo: serenidad, ira, complacencia, odio,

amor, pecado, paz, desconsuelo

tus miedos

tus utopías

tu cesta de reciclaje.

 

En los túneles arcanos de tu alma,

gritarte enmudecido hasta que la paloma blanca

emprenda el vuelo más abyecto.

Delirar con cordura ejemplar y devorarte los ojos

en la noche más triste de amor abatido y despiadado.

Ofrendártelo todo.

Todo es todo: imaginación, pesadilla, paradoja,

pensamiento, ilusión, demencia

nuestros miedos

nuestras utopías

nuestra cesta de reciclaje.

 

 

 


 

 

 

 
 

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