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Por
ahí se comenta que da la impresión que la musa mayor le pidió en alguna
ocasión al genial escritor guatemalteco, avecindado en México, Augusto
Monterroso que para pasar a la eternidad literaria, y de paso obtener el
Premio Príncipe de Asturias, debería escribir la novela más breve del
mundo. Cuenta la leyenda que un día despertó Monterroso y de inmediato
cogió pluma y papel, y de una sentada la escribió. Se dice que se llamó
EL DINOSAURIO.
Mientras
se resuelve el misterio, en tanto comento un par de libros develadores sobre
la vida y pensamiento del autor de OBRAS COMPLETAS (Y OTROS CUENTOS) retomo
las palabras que Will H. Corral, uno de los connotados estudiosos de la obra
monterrosiana, plasmó en REFRACCIÓN: AUGUSTO MONTERROSO ANTE LA CRTICA
(UNAM/Era), acerca de lo que Tito Monterroso —tal como le llaman sus entrañables
amigos— significa para sus fieles lectores: "en cada una de las
lecturas (...) Monterroso nos fascina, ofusca, emociona, nos saca de
nuestras complasencias y casillas; en fin, se convierte en una de las
moscas, que como él se nos van de las manos".
Ese
par de libros iluminadores, que aquí quiero dar espacio, son LOS BUSCADORES
DE ORO y LA VACA, publicados por Anagrama
(Alfaguara en Argentina) y Alfaguara,
respectivamente. En el primero, Monterroso
inicia una suerte de autobiografía, donde desentraña sus más remotos
recuerdos y da cuenta de su historia como ciudadano del mundo. Por solo
mencionar algún pasaje, recuerdo que en una de las poquísimas páginas que
dan corpus al volumen plasma como su memoria es de una fragilidad inusitada,
y lo dice con una naturalidad pasmosa: "Nunca he tenido buena memoria
para los sucesos externos de cualquier índole, sean éstos importantes o
banales. Por lo general soy incapaz de recordar y, por supuesto, de
describir situaciones o entornos, caras o partes de personas". Por
ende, puedo asegurar que la lectura de este libro conduce a desentrañar una
parte importante de la personalidad de Monterroso.
En
tanto, en LA VACA dibuja algunos de los personajes que han significado parte
preponderante en su vida intelectual. Mediante breves ensayos describe,
entre otras situaciones, como el animal que da título al libro es para él
un símbolo con dejo de tristeza. También encontramos los seguidores de la
pluma del ingenioso miniaturista literario los miedos idiomáticos de
Virginia Woolf, los pavores de Raymond Carver, los desaciertos de Julian
Barnes, los amores nerudianos hacia las ideas de Alonso de Ercilla, los
aleph no borgianos, y varios ejercicios mentales más. Antes de concluir
estas reflexiones, me es importante señalar que aquel que quiera intentar
desentrañar parte de la madeja narrativa monterrosiana no debe pasar por
alto, junto con los dos libros anteriormente señalados la recopilación
también arriba citada, REFRACCIÓN:
AUGUSTO MONTERROSO ANTE LA CRÍTICA, donde reúne una veintena de ensayos de
connotados estudiosos de la obra del autor de MOVIMIENTO PERPETUO que van
desde el español Juan Antonio Masóliver Ródenas, hasta la italiana Lia
Ogno, pasando, desde luego, por los mexicanos David Huerta, Vicente Quirarte
y Margo Glantz, y por supuesto esa suerte de charlas denominadas VIAJE AL
CENTRO DE LA FÁBULA (Muchnik), guía para mentes iniciáticas al recorrido
del narrador guatemalteco.
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