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“Del
Oriente rabab, en España llamóse
rabé, rabel, rabelillo, rebequín; en provenzal, rabai, rabey, rebec; en
catalán, rabena, rabeu, robeu, rebeu, rabaquet e incluso
contrabaix de bufa; en bajo latín, rebeca, robeus; en italiano,
ribeca, ribeba, ribechino; en portugués, rebeca; en francés, rabel,
rebat, rebebe, rebec, reberbe, rebesbe, rubeb, rubebe, etc..."
(Diccionario de la música. Luisa Lacal, 1929 ).
Podríamos
estar hablando de casi el centenar de nombres diferentes aplicados a un único
instrumento de características comunes, objeto de muy variados usos en
dependencia del tiempo y de la localización geográfica. Mal denominado
muchas veces antiguo violín, es uno de los instrumentos musicales acerca
de cuyo origen se proponen las teorías más dispares, al decir de los
breves estudios realizados por diversos musicólogos. Por ello, cuando
empezamos a iniciarnos en el
estudio del rabel, no hallamos mejor aclaracción que la que nos diera el
rabelista Luis Gómez, del Valle de Polaciones, en la provincia de
Cantabria:
Luis
Gómez: No, ese origen no se puede saber porque... la remontanzas que hay
es de que, esto, este,... es africano, Marroquí o...
que viene desde mil... del año doce, del siglo doce [risas]. Hay
algunos que tienen una memoria que se acuerdan de cosas de que sé yo.
La
duda es la mayor exactitud acerca del origen del rabel. ¿Posiblemente un
instrumento singular de extraordinaria difusión adaptado a prácticamente
todos los continentes, o tal vez diferentes instrumentos englobados en una
vaga generalización, derivada de sus notables paralelismos de construcción
y forma de tañerse?
Casi
todos ellos presentan como característica común el estar elaborados de
una sola pieza de madera. A través del tiempo, se le han dado formas muy diversas; en
forma de pera, de ocho, ovalado, siguiendo las pautas del violín clásico,
etc... En algunos casos, como en Egipto, los materiales han ido variando,
pudiéndose encontrar rebabas de dos cuerdas de crin de caballo o metálicas,
sacadas de los cables del teléfono, cuya caja de resonancia se compone de
una base de cafetera italiana, sobre la que se tensa una piel de
serpiente, lagarto o cabra y de donde sale el mástil redondo con su
clavijero El número de
cuerdas ha oscilado de dos en el modelo árabe, a seis en el siglo XVI; al
parecer, si bien en su modelo árabe las cuerdas eran de tripa de cordero,
cuando pasó a la península lo hizo con pelo de la cola del caballo.
Otra
constante en todos los modelos es su forma de tañerse, apoyado sobre los
muslos de las piernas, los pies... pero siempre en posición vertical, al
estilo de las vielas orientales. Algunas imágenes y esculturas en las que
aparece representado dan a pensar, por la posición del tañedor, que
también era factible tocarlo mientras se andaba o se bailaba siguiendo la
trouppe del juglar.
En
el caso hispano la literatura nos muestra interesantes fragmentos en los
que la vaguedad de la generalización se evidencia como un continuado
proceso de difusión, desde África a Europa, que da comienzo en la época
de las Cruzadas. Si bien su origen tal vez tuviera lugar en los violines
orientales, algunos de los cuales utilizaban cuerdas de seda natural.
La
primera mención del rabel en la literatura castellana se encuentra
en “El libro de buen amor”, del Arcipreste de Hita, pero es Ramón Menéndez
Pidal quien nos ofrece la documentación más significativa. Señala Játiva
como uno de los mas importantes centros de formación en la baja edad
media, de donde salían los artistas moros a recorrer Aragón, Castilla y
Navarra. Curiosa mención le merece, en tal sentido, Sarracelio de Xativa,
«jutglar
de
rabeu morisch». Es conocido que el rabel fue tocado durante mucho tiempo
por los músicos ambulantes, aunque también entró en la corte: en 1337,
Pedro IV solicita al justicia de Játiva un tañedor de rabel.
Actualmente,
el rabelero Quintana asegura que vendió un rabel al presidente Reagan:
Quintana:
...no, como
los rabeles míos no toca ninguno. Fíjate que el ex presidente Reagan de
EEUU tiene un rabel mío. Mandó aquí a unos de la provincia de Palencia,
de la misma Palencia a buscarlo. Lo cual llegaron,
—Coño,
oiga venimos a buscar un rabel para el expre..., para el presidente Reagan.
Digo:
—¡Hombre no me tomes el pelo!, si venís a por un rabel pues ahí tenéis,
escoger el que queráis.
—No,
no que sí de verdad, usted pídanos, denos usted uno bueno y pida por él
lo que quiera que venimos pa...
Yo
creí que me tomaban el pelo. —Y tanto, hombre —digo—, hombre esta
bien, pero por favor no.
—Que
sí hombre que..
Digo
—bueno, pues, no os conozco de nada—, venían cuatro—, pero por un
rabel voy a ser igual, si es verdaderamente que es cierto que, que es para
el presidente Reagan, lo lleváis y le decís que tengo el gusto que me
mande un cheque con los “doláres” para, con lo que él quiera. Que no
me eso, que me lo, por un..., voy a ser igual.
—Pero
bueno si usted puede pedir, venimos pa pagarle.
—No,
no, no. Si es verdad, ya que decís que es cierto, venga.
Y
a los quince días o eso me vino un talón,
un cheque desde... y ahí lo tengo si queréis verlo, porque alguno dice
que eso es mentira lo de presidente
Reagan, y ahí lo tengo. Y me mandó con... en “doláres” con
cincuenta mil pesetas. Pues estoy hablando ya de hace cinco o seis años,
o siete. Y eso, bueno, más podía haber mandao.
En
los siglos X y XI existían dos clases de Rabab: el Chac, o rabab del
poeta, con una sola cuerda, y el Mogammy o rabab del cantor, con dos.
Rabeles de una cuerda podían encontrarse hasta hace poco en Extremadura,
de los que Faustino Pérez fue posiblemente el último constructor.
Curiosamente el rabel español, posible descendiente del rabab árabe y
persa, sigue en sus días asociado con labores de poesía y canto. El
rabelero Quintana no paraba de insistir en que el rabel ha de seguir a la
voz, uno debe ser capaz de tocar con el rabel las sílabas de la canción.
Y afinaba más:
Quintana:
Tocar el rabel no es sacar solamente la canción,
hay que marcar la letra, la “a” y la “o” y todas la
vocales. Usar la canción: o sea, lo que es la música, hay que marcar la
letra. Mira como yo le digo : “Ponte la sayuca nena, que vamos a San
Cipriano”. Juntar las palabras a ver si salen, mira [y comienza a tocar]
Esto
es la ciencia de el rabel, no es sacar lo que es música, hay que marcar
la letra, eso es... Otra, a ver cuál es ésta... [y continua].
Se
podría decir que Quintana le dice al rabel que diga... por tanto, es su
propia voz la que sale del instrumento.
Cuando
uno, sentado a un metro escaso del rabelista Luis Gómez, en la cocina de
su casa, escucha su rabel y, seguidamente, su voz quebradiza y gastada se
pone a cantar, nadie puede dudar de que el rabel es compañero de la voz.
En ese momento podría dejar de cantar y nosotros seguir oyendo su voz.
Jorge
Montemayor (1520-1561) escribe:
Esto
Sireno cantava
Y
con su rabel tañía
Tan
ageno de alegría
Que
el llorar no le dexava
Pronunciar
lo que decía.
Sin
duda como el de Luis Gómez, como el de Quintana, el rabel cantaba las
palabras que aquel Sireno decía.
No
es de extrañar, por tanto, que Al Farabi (c.870-c.950), afirmara que éste
era el instrumento mas cercano a la voz.
Luis
Gómez dice que un rabel con dos cuerdas es un instrumento con poca
autoridad:
Y
el rabel que tenía usted antes, porque este tiene tres cuerdas, ¿también
lo ha usado con dos cuerdas o siempre ha tenido tres?
Luis
Gómez:
No, no, es que mire, una “bandurria” con dos cuerdas es de poca
autoridad. Eh..., cualquier cosuca que te pones a tocar te hace falta un
poquitín de ayuda porque si no así te ahogas. Hay quien lo disimula
mucho, porque está ese Chema que lo disimula muchísimo, pero nunca dejará
de ser poca cosa.
Y
lo mismo opina en otro caso, relato bajo el cual se evidencia el tremendo
descenso de población habido en todos los barrios de Polaciones. Y es que
en Polaciones, Cantabria, la gente casada se marcha y quedan los solteros
impenitentes y los viejos. Tener una mujer es algo tan importante como que
el rabel tenga tres cuerdas:
Luis
Gómez: ...Porque un hombre solo, una mujer sola es igual a un hombre
muerto —tiene muy poca autoridad. Cuando alguien te pregunta: ¿Casao?,
si le dices: No, soy soltero..., se pensará: quién será este tío. Por
supuesto, nadie te va a preguntar si estás soltero...
Nadie
tiene autoridad si no es en relación con otro, la persona no está
completa si no es casada, como no lo está el rabel sin tres cuerdas.
Y
es que el rabel es un instrumento muy mentiroso.

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