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Alberto Mengs

Mentiras del rabel 

Nº 3

 

Invierno 2000

 
 
 

 

 

 

Alfonso X El Sabio - Cantiga 170 “Del Oriente rabab, en España llamóse rabé, rabel, rabelillo, rebequín; en provenzal, rabai, rabey, rebec; en catalán, rabena, rabeu, robeu, rebeu, rabaquet e incluso contrabaix de bufa; en bajo latín, rebeca, robeus; en italiano, ribeca, ribeba, ribechino; en portugués, rebeca; en francés, rabel, rebat, rebebe, rebec, reberbe, rebesbe, rubeb, rubebe, etc..." (Diccionario de la música. Luisa Lacal, 1929 ).

 

Podríamos estar hablando de casi el centenar de nombres diferentes aplicados a un único instrumento de características comunes, objeto de muy variados usos en dependencia del tiempo y de la localización geográfica. Mal denominado muchas veces antiguo violín, es uno de los instrumentos musicales acerca de cuyo origen se proponen las teorías más dispares, al decir de los breves estudios realizados por diversos musicólogos. Por ello, cuando empezamos a  iniciarnos en el estudio del rabel, no hallamos mejor aclaracción que la que nos diera el rabelista Luis Gómez, del Valle de Polaciones, en la provincia de Cantabria:

 

Luis Gómez: No, ese origen no se puede saber porque... la remontanzas que hay es de que, esto, este,... es africano, Marroquí o...  que viene desde mil... del año doce, del siglo doce [risas]. Hay algunos que tienen una memoria que se acuerdan de cosas de que sé yo.

 

La duda es la mayor exactitud acerca del origen del rabel. ¿Posiblemente un instrumento singular de extraordinaria difusión adaptado a prácticamente todos los continentes, o tal vez diferentes instrumentos englobados en una vaga generalización, derivada de sus notables paralelismos de construcción y forma de tañerse?

 

Casi todos ellos presentan como característica común el estar elaborados de una sola pieza de madera. A  través del tiempo, se le han dado formas muy diversas; en forma de pera, de ocho, ovalado, siguiendo las pautas del violín clásico, etc... En algunos casos, como en Egipto, los materiales han ido variando, pudiéndose encontrar rebabas de dos cuerdas de crin de caballo o metálicas, sacadas de los cables del teléfono, cuya caja de resonancia se compone de una base de cafetera italiana, sobre la que se tensa una piel de serpiente, lagarto o cabra y de donde sale el mástil redondo con su clavijero  El número de cuerdas ha oscilado de dos en el modelo árabe, a seis en el siglo XVI; al parecer, si bien en su modelo árabe las cuerdas eran de tripa de cordero, cuando pasó a la península lo hizo con pelo de la cola del caballo.

 

Otra constante en todos los modelos es su forma de tañerse, apoyado sobre los muslos de las piernas, los pies... pero siempre en posición vertical, al estilo de las vielas orientales. Algunas imágenes y esculturas en las que aparece representado dan a pensar, por la posición del tañedor, que también era factible tocarlo mientras se andaba o se bailaba siguiendo la trouppe del juglar.

 

En el caso hispano la literatura nos muestra interesantes fragmentos en los que la vaguedad de la generalización se evidencia como un continuado proceso de difusión, desde África a Europa, que da comienzo en la época de las Cruzadas. Si bien su origen tal vez tuviera lugar en los violines orientales, algunos de los cuales utilizaban cuerdas de seda natural.

 

La  primera mención del rabel en la literatura castellana se encuentra en “El libro de buen amor”, del Arcipreste de Hita, pero es Ramón Menéndez Pidal quien nos ofrece la documentación más significativa. Señala Játiva como uno de los mas importantes centros de formación en la baja edad media, de donde salían los artistas moros a recorrer Aragón, Castilla y Navarra. Curiosa mención le merece, en tal sentido, Sarracelio de Xativa, «jutglar

de rabeu morisch». Es conocido que el rabel fue tocado durante mucho tiempo por los músicos ambulantes, aunque también entró en la corte: en 1337, Pedro IV solicita al justicia de Játiva un tañedor de rabel.

 

Actualmente, el rabelero Quintana asegura que vendió un rabel al presidente Reagan:

 

Quintana: ...no, como los rabeles míos no toca ninguno. Fíjate que el ex presidente Reagan de EEUU tiene un rabel mío. Mandó aquí a unos de la provincia de Palencia, de la misma Palencia a buscarlo. Lo cual llegaron,

 

—Coño, oiga venimos a buscar un rabel para el expre..., para el presidente Reagan.

 

Digo: —¡Hombre no me tomes el pelo!, si venís a por un rabel pues ahí tenéis, escoger el que queráis.

 

—No, no que sí de verdad, usted pídanos, denos usted uno bueno y pida por él lo que quiera que venimos pa...

 

Yo creí que me tomaban el pelo. —Y tanto, hombre —digo—, hombre esta bien, pero por favor no.

 

—Que sí hombre que..

 

Digo —bueno, pues, no os conozco de nada—, venían cuatro—, pero por un rabel voy a ser igual, si es verdaderamente que es cierto que, que es para el presidente Reagan, lo lleváis y le decís que tengo el gusto que me mande un cheque con los “doláres” para, con lo que él quiera. Que no me eso, que me lo, por un..., voy a ser igual.

 

—Pero bueno si usted puede pedir, venimos pa pagarle.

 

—No, no, no. Si es verdad, ya que decís que es cierto, venga.

 

Y a los quince días o eso me vino un  talón, un cheque desde... y ahí lo tengo si queréis verlo, porque alguno dice que eso es mentira lo de  presidente Reagan, y ahí lo tengo. Y me mandó con... en “doláres” con cincuenta mil pesetas. Pues estoy hablando ya de hace cinco o seis años, o siete. Y eso, bueno, más podía haber mandao.

 

En los siglos X y XI existían dos clases de Rabab: el Chac, o rabab del poeta, con una sola cuerda, y el Mogammy o rabab del cantor, con dos. Rabeles de una cuerda podían encontrarse hasta hace poco en Extremadura, de los que Faustino Pérez fue posiblemente el último constructor. Curiosamente el rabel español, posible descendiente del rabab árabe y persa, sigue en sus días asociado con labores de poesía y canto. El rabelero Quintana no paraba de insistir en que el rabel ha de seguir a la voz, uno debe ser capaz de tocar con el rabel las sílabas de la canción. Y afinaba más:

 

Quintana: Tocar el rabel no es sacar solamente la canción,  hay que marcar la letra, la “a” y la “o” y todas la vocales. Usar la canción: o sea, lo que es la música, hay que marcar la letra. Mira como yo le digo : “Ponte la sayuca nena, que vamos a San Cipriano”. Juntar las palabras a ver si salen, mira [y comienza a tocar]

 

Esto es la ciencia de el rabel, no es sacar lo que es música, hay que marcar la letra, eso es... Otra, a ver cuál es ésta... [y continua].

 

Se podría decir que Quintana le dice al rabel que diga... por tanto, es su propia voz la que sale del instrumento.

 

Cuando uno, sentado a un metro escaso del rabelista Luis Gómez, en la cocina de su casa, escucha su rabel y, seguidamente, su voz quebradiza y gastada se pone a cantar, nadie puede dudar de que el rabel es compañero de la voz. En ese momento podría dejar de cantar y nosotros seguir oyendo su voz.

  

Jorge Montemayor (1520-1561) escribe:

 

Esto Sireno cantava

Y con su rabel tañía

Tan ageno de alegría

Que el llorar no le dexava

Pronunciar lo que decía.

 

Sin duda como el de Luis Gómez, como el de Quintana, el rabel cantaba las palabras que aquel Sireno decía.

 

No es de extrañar, por tanto, que Al Farabi (c.870-c.950), afirmara que éste era el instrumento mas cercano a la voz.

 

Luis Gómez dice que un rabel con dos cuerdas es un instrumento con poca autoridad:

 

Y el rabel que tenía usted antes, porque este tiene tres cuerdas, ¿también lo ha usado con dos cuerdas o siempre ha tenido tres?

 

Luis Gómez: No, no, es que mire, una “bandurria” con dos cuerdas es de poca autoridad. Eh..., cualquier cosuca que te pones a tocar te hace falta un poquitín de ayuda porque si no así te ahogas. Hay quien lo disimula mucho, porque está ese Chema que lo disimula muchísimo, pero nunca dejará de ser poca cosa.

 

Y lo mismo opina en otro caso, relato bajo el cual se evidencia el tremendo descenso de población habido en todos los barrios de Polaciones. Y es que en Polaciones, Cantabria, la gente casada se marcha y quedan los solteros impenitentes y los viejos. Tener una mujer es algo tan importante como que el rabel tenga tres cuerdas:

 

Luis Gómez: ...Porque un hombre solo, una mujer sola es igual a un hombre muerto —tiene muy poca autoridad. Cuando alguien te pregunta: ¿Casao?, si le dices: No, soy soltero..., se pensará: quién será este tío. Por supuesto, nadie te va a preguntar si estás soltero...

 

Nadie tiene autoridad si no es en relación con otro, la persona no está completa si no es casada, como no lo está el rabel sin tres cuerdas.

Y es que el rabel es un instrumento muy mentiroso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 
 

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