Volver al índice

 

Francisco Arias Solís

Alejandro González 

Rainer María Rilke

Nº 3

 

Invierno 2000

 
 
 

 

 

 

 

He buscado por todas partes la ciudad soñada,
y al fin la he encontrado en Ronda...
No hay nada más inesperado en España
que esta ciudad salvaje y montañera.

 

                                    Rainer Maria Rilke.

 

 

 

 

LA VOZ DE LA POESÍA PURA
EN LA CIUDAD SOÑADA

 

Francisco Arias Solís

 

 


Rainer Maria Rilke es el poeta por excelencia de nuestro siglo en lengua alemana y uno de los más importantes e influyentes poetas modernos. El paladín de la poesía pura era un hombre de una extrema inestabilidad afectiva, un ser angustiado y desvalido, que ejerció durante su vida un extraordinario poder de fascinación.

Rilke nace en Praga el 4 de diciembre de 1875, el mismo año en que nace Antonio Machado en Sevilla. Su madre era de origen austríaco; su padre era militar y funcionario de ferrocarriles. En 1884 sus padres se separaron y el pequeño René quedó bajo la tutela de su madre. El poeta recordó siempre con afecto y respeto a su madre, lo que no fue el caso tratándose de su padre.

El futuro poeta recibió cinco años de educación militar. Abandonó la academia militar en 1891. Posteriormente estudió en la Escuela de Comercio de Linz y en las universidades de Praga, Munich y Berlín.

En 1894 publicó su primer libro de poemas, Vidas y canciones, al que siguieron Ofrendas a los lares, Coronado sueño y Adviento. En 1897 marcha a Munich y conoce a Lou Andrea Salomé, escritora de origen francés. Y aunque el gran amor que surgió entre los dos, terminó de un modo brusco en 1900, la amistad permaneció viva siempre. Resultado de ese amor son los libros Para festejarle, Para festejarme y La princesa blanca. El nombre de Rainer con el que le ha conocido la posterioridad es obra también de Lou.

Comienza la serie interminable de sus viajes, que será una característica hasta el fin de sus días. Es un vivir errante: Italia, Rusia, París, Copenhague, Países Bajos, Roma, Ronda... y tantos sitios más, donde quizá pretende buscar una estabilidad. El producto literario más importante de esta gran vivencia es El libro de horas. La fama de Rilke comenzó a gestarse con Canción de amor y muerte del alférez Cristóbal Rilke (1899), claramente neorromántica, cuyo estilo sentimental conquistó a la juventud alemana.

El 28 de abril de 1901 Rilke se casa con la escultora Clara Westhoff, discípula de Rodin, el 12 de diciembre de este mismo año nace su única hija Ruth. Permaneció establemente en Bremen poco más de dos años y vivió durante cierto tiempo en París, donde fue secretario de Rodin, cuya amistad será determinante en la evolución de la obra de Rilke.

Sus obras Libro de las imágenes y Nuevos poemas reflejan el cambio provocado por el contacto con Rodin y con la obra pictórica de Cézanne, abandonando el misticismo inicial en pos de un ideal estético por medio de una intensa observación que pretende hacerse con la esencia del objeto observado. De esta época hay que destacar también la novela-diario Los cuadernos de Malte Laurids Brigge, cuya originalísima fuerza radica en la capacidad de visión de las cosas, nítidas y sólidas, como catarsis de la angustia espiritual y prefigura el existencialismo.

Tras la disolución del matrimonio, que tiene una vida muy efímera. En 1909 entra en escena una figura que iba a ser decisiva en la vida y obra de Rilke, la princesa Marie von Thurn und Taxis, veinte años mayor que él, que supo confortarlo y sostenerlo con inteligencia y afecto maternal. El poeta fue repetida veces su huésped en el castillo de Duino, cerca de Trieste, en Venecia y en el palacio Lautschin, en Bohemia. En el castillo de Duino comenzó la redacción de su obra maestra, Elegías de Duino, que terminaría en 1923, asentado ya definitivamente en Suiza. Se trata de una obra audaz y visionaria, en la que recoge y desarrolla toda su reflexión sobre el papel, el sufrimiento y la angustia del ser humano y las posibilidades del arte, postulando la creación de un espacio interior y considerando al poeta como mediador entre la naturaleza y la forma pura, reflexión que continuó en Sonetos a Orfeo (1923). Póstumamente se publicaron Poesías últimas y Diario florentino.

Su extraordinaria obra y el resultado de su gran capacidad de exploración poética y la oferta de una respuesta no cristiana a la cultura europea, que habiéndose hecho muy crítica con el cristianismo se sentía incapaz de vivir una existencia sin soluciones religiosas, ejercieron una enorme influencia sobre los poetas de los años treinta y cuarenta

En su felicitación a Rodin, con motivo del Año Nuevo de 1914, le habla de España y de la ciudad del maestro Francisco Giner de los Ríos. "España me da mucho -le decía-. Ronda donde estoy en este momento es una comarca incomparable, un gigante de roca que sobre sus espaldas soporta una ciudad pequeña blanqueada y reblanqueada con cal; con ella avanza un paso sobre la delgada ribera, como San Cristóbal con el Niño Jesús. Comprendo por qué aquí se encuentra su imagen en casi todas las iglesias. Todo está hecho como de encargo para que él sea su Patrono".

Al estallar la guerra mundial es llamado a filas y pasa al Archivo de Guerra de Viena. En junio de 1916, gracias a las gestiones de la princesa y otros amigos del poeta, es desmovilizado.

Terminada la guerra, Rilke escoge Suiza como su nuevo país de residencia. En 1924 hacen aparición en su cuerpo los primeros síntomas de la leucemia que terminó con su vida. El 29 de diciembre de 1926 muere en el sanatorio de Velmont, cerca de Montreux. Las últimos versos que se encontraron en su diario dicen así: "Ven tú, el último al que reconozco, / dolor atroz que estás en los tejidos de mi cuerpo".

 

 

 


TRES POEMAS

del Libro de Horas

 

traducción de Alejandro González

 

 

 

 

 

Por ti, la oscuridad de quien provengo,

siento un amor mayor que por la llama

que da límite al mundo,

en tanto que ella brilla

sólo para algún círculo

fuera del cual no hay ser que la conozca.

 

Pero la oscuridad retiene todo:

las llamas y las formas, al animal y a mí

tal como los atrapa,

personas y poderes.

 

Y puede ser: una fuerza mayúscula

vecina a mí se mueve.

 

Yo creo en las noches.

 

 

 

 

 

 

Amo las horas negras de mi ser

en las que mis sentidos profundizan;

en ellas he encontrado, como en cartas

antiguas, ya vivida mi vida cotidiana

y, a modo de leyenda, lejana y trascendida.

 

De ellas me viene seña de que tengo

lugar para otra vida ajena al tiempo, extensa.

Y a veces vengo a ser como aquel árbol

maduro y susurrante que sobre algún sepulcro

culmina el sueño que el pasado niño

(en el que sus raíces ya cálidas se adentran)

perdió en melancolías y cantares.

 

 

 

 

 

 

Yo vivo la vida en ondas crecientes

que sobre las cosas se tienden.

Tal vez no logre culminar la última,

pero voy a intentarlo.

 

Yo giro en torno a Dios, la más antigua torre,

y giro por espacio de milenios;

y aún no sé bien... ¿halcón soy, vendaval

o un mayúsculo canto?

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 
 

Contacte con el autor

      Volver al índice Página anterior  Página siguiente