En chamarra de cuero
JAdea una lágrima
Hay
sombras en la tarde plomiza
jornada
sin blues a mis manos
gris
eterno de espaldas que ahogan.
Apenas
las cuatro y un vaivén sin palabras
ensordece
la inscripción de fuga.
En
chamarra de cuero jadea una lágrima.
Pasa
la neblina
aquél
mago en el muelle
las
horas con tríptico episodio
la
ceguera...
Y
duele sin blues y con sombras
-en
este cuerpo-
lo
plomizo.
Armando no vuelve fantasma
Armando
no vuelve fantasma
ni
llanto que rasguña
apacigua
s
a
c
i
a
en
ese callar y no telefonearme
para
caricias privadas a la infancia
o
convivir burócratas
-en
el mal sentido de la palabra-.
Armando
asoma al oído
pero
lleva con urgencia sus pasos
hasta
la casa ajena,
que
un cuerpo sólo es un cuerpo
cuando
requiero sostenerme.
Y
él,
con
su aporrear la navaja en el lavabo
o
el perfume costoso por abonos,
retorna
SIGNO
y
recupero sábanas
horas
tras el espejo
la
próxima cátedra
una
mañana por el pasillo
los
almuerzos en familia
no
llamarme engaño.
Alicia en el asombro
Canta
el grillo en el armario
respiro
del otro cuarto la mañana
perezosa
en el abrir los ojos
descolgar
la penumbra
cambiar
el tono del cortinaje
dejar
mi voz compañera
en
pausa de horas vespertinas...
Sobre
el sueño de su gato, Alicia
se
despide cuidadosa con pasos hacia el aire
tras
la puerta donde quedo
con
el canto del grillo.
Un
maullido trae los detalles del día
búsqueda
de retratos con memoria
para
guardar los pasos en el descanso
ante
chocolate tibio
y
la sonrisa de mi hija.
Alicia
regresa
Invade cada tecla de
su piano
con caricias dibuja
mi instinto
soy
asombro
en el ejercicio de la
maternidad.