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hay
por la calle brotando
lágrimas
de oro
Manu
Chao
Es
difícil pensarte, el gris
toma
el celeste y lo aprieta contra el muro,
reduce
tu camisa en el cobijo del padre
y
de pronto sólo hay polvo y confusión
y
tu bulto caído
el
interés se cubre de ridículo
si
te indaga la raza, la familia, por qué
estabas
allí, qué hacías ayer
precisamente
en esa calle, por qué no
unos
metros más atrás o por delante
quién
disparó
quién
no te trajo salvación
quién
decidió que la fe bastaría
y
glorificó tu muerte
y
de pronto sólo hay polvo y confusión
y
tu bulto caído, rastreras nubes blancas,
el
cámara se detuvo detrás de las balas
y
filmó su partida
lamentaciones
de metal contra la piedra
de
un muro no santo
un
muro contra la huída, un muro ruin,
un
muro que allí estaba,
porque
el azar lo puso
es
difícil, así, creer en nada o en algo
pero es
aún
más difícil tal hielo sentir,
tal
corte sin sangre aprehender
como
misterio, misterio siquiera
pues
tampoco los años,
niño,
dilucidan
en
qué consiste nuestro tiempo,
quien
lo toma o lo deja,
quien
lo roba o lo da
tu
muerte sin comentarios, más inocente
y
más súbita que el miedo
reviene
en el apócrifo latido
de
la sombra, extiende una vaharada
de
rojo sobre Europa
y
rompe las ventanas que dan al mar
o
a la escuela, o al precipicio;
qué
más da dónde reposen los ojos,
se
van contigo, se vienen contigo
y
de tanta tierra hacen
un
no hacer de errante lágrima
muchos
fuimos sedentarios y nómadas
y
nos mezclamos y le cedimos paso
al
ocio de las razones mixtas
si
sabían hablar, hilar,
aunque
su música
rechinara
y
le dimos por nombre democracia
no
más que un anhelo
que
nunca existió...
ya
se que mis palabras desvarían, niño,
que
son el incapaz de la oración
y
es que no soy bueno pensando la política
y
no me quitan sueño
ni
la divinidad ni el gran desastre—
es
como si te me hubieras muerto,
y
todo se arriesga a sombras
imágenes,
memorias y plegarias
mueren
contigo, conmigo
cabizbajos
en la sombra
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