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Mercedes Cortázar

 

Poemas

Nº 3  

Invierno 2000

 
 
 

 

 


I

cada mañana veo
el cielo de la ciudad,
que es del color de tus ojos.
veo las casas, y las calles
que corren interminables
hacia el mar y la neblina.
veo los millones de gentes
que caminan con maletines,
bolsas de papel.
porque tú también ves
todas estas cosas,
la ciudad no está vacía.
porque nunca pronuncio
tu nombre,
sólo el cielo y la ciudad
nos unen.



II

empezaré esperando el toque
en la alta puerta de cobre.
las palabras se deshacen en sílabas alargadas
y determinan la dirección del humo.
(la espera acechando en el umbral
como un guante verde tirado a la arena
sin el menor rubor.)
empezaré deteniendo las olas de la noche,
y abriendo la puerta en su umbral,
su cámara azul
desfigurada en una capa de niebla,
introduciendo la huella en el medio del paso,
tu interior y la profundidad de tu mar,
en una copa atravesada de puñales.

 


III

los lagos encierran el fósil de una serpiente marina
(el canto del ave atravesada por la flecha)
permanecen al pie de la montaña,
como un disco azul donde las nubes se reflejan.
la sensación de un lago te persigue
en el umbral de la tarde,
y colorea tus manzanos con extrañas luces,
como si se envolvieran con mantos transparentes

y ligeros.
los lagos te aguardan donde terminan las torres,
en el anfiteatro custodiado por laureles
donde tus jóvenes riegan su sangre en la tierra
 

      apisonada
y tú brindas con una copa de vino.

 


IV

en el paseo de la noche
atraviesas las estrellas una a una,
y dejas en ellas una tímida luz transparente
que permanece.
en los pasadizos de la razón,
en los ángulos del olvido,
tú, incompleta criatura,
has hecho tu canto,
y éste embriaga como el sonido de la cítara
al final de una noche de verano.
múltiples cristales reflejan tu figura
donde la plenitud de la tierra
se representa,
donde las bestias estrenan sus garras
ansiosas de sangre hirviente.
la luna, como dragón alado, se suspende,
y multitud de luces atraviesan el espacio azul,
donde tú reinas en creciente,
¡oh luna extranjera!
de la mirada silenciosa,
del cansado y oscilante andar.

 


V


carnes marmóreas
y verde de horizonte,
tu cuerpo y tus ojos me reciben
cuando se cierra la tarde
y me introduzco en la noche que aúlla,
para recuperar el sueño
que exprime gotas de néctar
en mi boca sedienta,
rodeada de desiertos,
cielo de metal,
y palabra ajena que aniquila.

 

 


 

 

 
 

 

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