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A UNA ADIVINA
Para saludar a Clara Janés y su poesía
Su
ceño es como una campana que toca,
Está
llena
de mi mundo invisible,
De
mi realidad y de mis dudas,
De
cuanto experimento.
Ella
mira y los enigmas
Se
iluminan como un farol;
Como
si estuviera colgada
De
las pestañas del tiempo.
Es
como la mañana
Con
la nube y los vientos,
Con
lo difícil y lo permitido,
El
nudo de todo instante.
Coge
mis dedos y pone un cerco,
Baja
los ojos,
Penetra
en las cavernas
Y
hurga en los símbolos.
Ríe,
di una palabra,
Musita
un verbo.
He
aquí
mi
mano, toma mi mano,
Toma
mi mañana
Explica
y aplícate.
Murmúrame
cosas y cuida
De
no divulgarlo todo.
Adonis


Manuscrito
del poema

EL
NOMBRE DE ADONIS,
LA METAMORFOSIS DEL POETA
Clara
Janés
Dice
que lo ignorado robó su corazón y su corazón se transforma en una
puerta, y sus venas en galerías donde acude una savia que fluye del pozo
del enigma: puntos de luz que escapan de las cenizas, destellos de agua,
gotas, espejos que se multiplican y penetran fecundando de imágenes como
filamentos sutiles, sus cabellos que se esparcen en el horizonte.
Dice
que el camino no tiene principio, mas su andadura recorre el día y la
noche, y la noche, y más allá, para beber el agua negra que enciende el
poema —un murmullo, unas palabras—, pero no deja ver sus ojos. Cruza
el circulo abisal, los arcos del alcance inalcanzable. Respira, llena de
aire sus cauces, llena de semillas el aire, llena de brotes el azul, la
expectativa del árbol que todavía no es blanco para la eternidad.
Dice
que un rayo le mostró el camino. Y sucedió en su propio interior, y así
fue fuego y abandonó la condición de piedra. E1 muro de piedra se
incendió. Poderoso, se desmoronó. Y emergió en los limos y llenó la
arcilla de resplandor. Y con él prendió el primer paso de la danza. He
aquí la danza de la vida en los marjales. He aquí la danza en las copas
de los árboles. He aquí la ascensión de a energía que se desplaza en
condensaciones.
Dice
que llenó sus cánticos de hachas, pues pugna es la de la luz por ocupar
el puesto de la sombra en el aire; pugna es la de la lluvia por
desprenderse de la nube hasta alcanzar el no ser para ser con la tierra;
pugna la del ardor de la semilla por estallar en la rosa.
Todos
los campos se llenan de rosas silvestres, todos los ríos de las palabras
no pronunciadas, todas las rocas del vuelo de los halcones y del rielar de
las astros. La estrella muerta resucita en la sangre y desde ésta en la
tierra que germina.
Dice
que se disfrazó de Naturaleza pues es un disfraz cuanto acontece: la
carne para los huesos, 1a vida para la muerte, la muerte para la vida...
Todos
los colores huyen del negro, debatiéndose hacia las constelaciones, todos
los silencios huyen de la alberca de lo ignoto paciente y desbordado. Y el
vacío se llena ya de vibraciones.
Dice
que muere y el aire son bodas y amapolas. Y la muerte es un anillo sin
fin, su oro el sol que funde los glaciares, que enciende la visión en el
desista y sin cesar nos alimenta.
Y
dice que reverdece como el tiempo, que de nuestro rostro
hemos
hecho el hermano de la hierba.
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