Era
un día cualquiera de otoño
y me habían invitado a visitar una exposición de los dibujos de Atila
en Galicia, Galicia Mártir y Milicianos, que se exponían por primera
vez juntos en Pontevedra, y que fueron dibujados entre 1937 y 1938, en
plena Guerra Civil española. Con sinceridad, a mis 17 o 18 años mirar
unos dibujos en un museo no era lo que yo más anhelaba, pero me
convencieron, o me dejé convencer, no recuerdo muy bien, y acudí a esa
cita, que, sin duda, tanto me marcó en muchos aspectos.
Hasta
ese momento apenas había oído algo sobre Castelao, si me hubiesen
preguntado no sabría muy bien qué decir de él, quizá que era
dibujante y poco más. Tampoco nadie me había explicado exactamente quién
había sido o qué había hecho y cuál era la importancia del legado
artístico, político y humano de este personaje. Ni dentro del sistema
educativo ni fuera de él, nada, Castelao no existía o si se hacía
mención de él era de una manera muy esquemática y reduccionista; pero
eso si, me tuve que estudiar la vida y obra de la mística Santa Teresa,
de Bécquer, de Cervantes, e incluso que Rosalía de Castro era una
poetisa encuadrada dentro del Romanticismo decimonónico (una
barbaridad).
En
fin… era en otoño, como ahora, hacía un poco de frío y entramos en
un edificio antiguo ubicado en el casco antiguo de Pontevedra, y
desfilamos ante los dibujos colgados de la pared con un aire interesado
y curioso (esa misma cara que colocamos todos ante una obra de arte,
aunque no sepamos muy bien qué significa o qué quiere expresar el
autor).
Atónito
observé la estampa de una madre que sostenía en brazos un trozo de
madera como si de su hijo se tratara, mirándolo con ternura, pero también
como enloquecida y sorprendida por la inexpresión del objeto que
abrazaba. Debajo, una
leyenda: "Matáronlle un fillo" ("Le mataron un hijo").
O también la estampa de un cuerpo muerto que intenta emerger del fondo
del mar. O la de unos hijos que se abrazan a su madre, que está
arrodillada junto a su marido que yace muerto. O la de dos huérfanos
que se consuelan mutuamente, etc.
Estas
estampas, que fueron dibujadas entre 1937 y 1938, muestran con gran claridad y crudeza la barbarie fascista de
la Guerra Civil, pero también muestran a un pueblo gallego luchador,
solidario y esperanzado en
el futuro.
A
partir de ese día le miré con otros ojos, con paciencia intenté
aprender un poco más de este desconocido que dibujaba tan bien y con
tanta claridad, porque eso era lo que buscaba Castelao con sus dibujos o
sus cuadros, que la gente que los mirara comprendiera, sin lugar a
dudas, lo que él quería expresar o enseñar, obviando artificios estilísticos,
que sin duda agradarían a cierto público, quizá elitista, pero que
cuando él dibujaba era para poner de manifiesto la crueldad, la
injusticia, la miseria… que sufría el pueblo gallego.
Sentimientos
expresados en estas estampas, aunque no tan cruentos, ya los había
manifestado con anterioridad en el Álbum Nos, expuestos por
primera vez en 1920, y en el que a lo largo de sus 49 dibujos nos hace
una radiografía de la sociedad gallega de la época: la emigración, el
caciquismo, la miseria, el problema lingüístico…
Este
polifacético personaje también escribió libros como Un Ollo de
Vidro: memorias dun esquelete (1922), relato de corta extensión,
que consta de diversos episodios en los que un esqueleto nos describe
sus vivencias y los personajes que se encuentra en el microcosmos de un
cementerio.
Como
Cousas, donde a lo largo treinta pequeños relatos, que fueran
publicados inicialmente en periódicos como A Nosa Terra o El
Pueblo Gallego y luego recogidos en una edición conjunta en 1934,
expone el mundo rural, la cultura popular o natural en contraposición
al mundo artificial de la civilización, siendo sus protagonistas y sus
destinatarios las clases populares.
Además
cabe destacar la novela Os Dous de Sempre y Retrincos y su única
obra teatral, Os Vellos non deben Namorarse, estrenada en Buenos
Aires en 1941, cuando estaba en el exilio.
Desde
mi punto de vista la obra cumbre de Castelao es el ensayo Sempre en
Galiza. Escrito en un período de tiempo que va desde 1935 a 1947,
es un libro producto del exilio forzoso, por causa del alzamiento
fascista de 1936. Consta de varias partes: O ADRO, escrito
durante el exilio forzoso que le impuso Lerroux en Badajoz en 1935; El LIBRO
I, escrito ya en plena Guerra Civil entre Valencia y Barcelona en
1937; El LIBRO II, redactado en 1940 entre New York y Buenos
Aires; el LIBRO III, escrito en Buenos Aires en 1943. En la
primera edición de 1944, en Buenos Aires, sólo contenía estas partes
citadas, pero en la edición póstuma de 1961
aparecía a mayores el LIBRO IV, escrito en 1947.
En
el Sempre en Galiza se mezclan y se destacan aspectos tanto biográficos
como históricos, así como socio-políticos, ético-filosóficos o
socio-lingüísticos, aspectos que hacen de este libro el más
importante ensayo sobre nuestro problema nacional (gallego), con una vigencia plena, todavía
hoy, ya tocando el cambio de siglo.
Si
sus dibujos, mejor dicho, toda su obra es fruto del corazón y de la
necesidad, es el grito de un pueblo humillado física y moralmente,
Castelao no se resignó a plasmarlo de esta forma tan espléndida, sino
que tomó parte activa en la historia política de su tiempo; tanto es
así, que en 1931 es elegido Diputado en 1931 por una Candidatura
Republicana de la provincia de Pontevedra, además de propugnar la
fundación de un partido nacionalista, pretensión ésta que se ve
recompensada a finales de 1931 con la creación del Partido Galeguista,
del que será Secretario Político en 1934.
En
las elecciones
de febrero de 1936 el Partido Galeguista se integra en la candidatura
del Frente Popular, fijando como condición plebiscitar el Estatuto de
Galicia en caso de victoria electoral y Castelao es elegido otra vez
Diputado. Así, de esta forma, Castelao y el Partido Galeguista
desenvuelven una intensa labor de propaganda a favor del Estatuto:
mitins, diseño de carteles, etc. Para Castelao el Estatuto, que fue
plebiscitado el 28 de Junio de 1936 y que no pudo ser aprobado por las
Cortes por mor del alzamiento militar fascista de 1936, suponía un paso
táctico que no colmaba las aspiraciones del nacionalismo, pero que era
un paso previo imprescindible para conseguir una Galicia Libre.
Durante
y tras la Guerra Civil, Castelao desde el exilio desenvuelve un intenso
trabajo a favor de la República; de este modo viaja a la URSS, Estados
Unidos, Cuba y Buenos Aires, tomando contacto con las colectividades
gallegas emigradas.
Y
en el exilio murió Castelao, el 7 de Enero de 1950, con honras de jefe
de estado, lejos de Galicia, la tierra que tanto amó.
Alfonso
Daniel Rodríguez Castelao, ahora tan vanamente nombrado, está siendo
objeto, lenta pero inexorablemente, de una manipulación consistente en
reducir a artista a quien fue un lúcido y apasionado político
nacionalista. Intentan presentar como ideológicamente aséptico a quien
estaba dispuesto a acoger la nación bajo la estrella de cinco puntas,
como símbolo de trabajo y libertad. No era un hombre contradictorio,
era, además, claro y contundente en el aspecto axial de su pensamiento
y de su conducta, un apasionado nacionalista de izquierdas.
Confusionismo,
manipulación, ... se vistieron de gala el día 28 de junio de 1984 para
traer los restos mortales de Castelao. Enterraron sus restos
precisamente los mismos que formaron parte de la estirpe política que
se alzó en armas contra el pueblo gallego que acababa de plebiscitar el
Estatuto de 1936, y
que
años antes, durante la dictadura de Franco, prohibían sus libros, sus
dibujos, incluso la dedicatoria de una simple calle.
Castelao
es un símbolo, es el símbolo del pueblo gallego, que no puede quedar
reducido a homenajes fúnebres una vez al año, o repartir medallas con
su nombre y rostro grabados, a Castelao hay que asumirlo en la práctica.