DESCENDIENTES
Acantilados
de soledad
impávidos
ante la infinitud
yerguen
esos ojos marítimos
al
fin del horizonte,
buscando
el más allá
de
sus propias arenas,
el
barco que no llega,
el
rumor que agoniza
en
el mar memorioso.
Desde
este Sur que mira,
emigran
las gaviotas
y
el eco del idioma
hacia
un tiempo distante
de
orillas europeas.
Sobre
la piedra insomne,
las
huellas dejan huella.
A
TIEMPO
Sólo
con ver
como
las olas caen
redondas
como pámpanos
sobre
la arena hambrienta.
Sólo
con escuchar
el
aleteo de las hojas
recorriendo
el otoño
de
la mano del viento
Sólo
con ese pulso
vacío
de minutos
la
vida tiene tiempo.
ARTE DE AMAR
Deja quieta la boca
que yo alzaré las alas
para alcanzar su vera.
Entrégate al silencio
y deja que mi boca
renueve ese silencio,
que luego de besarte
rondaré tus mejillas,
tus muslos y tus senos,
tu frente y tu mirada
oculta como un duende
tras tus párpados yertos.
No murmures mi nombre,
que me sabrás más hondo
cuando el beso te alcance,
pues si eres mi jardín,
mi sólo anhelo
en tus labios callados
develará el deseo.
OLVIDO
Enajenado olvido,
todo sepultas
bajo inmortal arena
que la memoria hunde
al paso inadvertido del futuro.
Médanos memoriosos.
Cumbre del tiempo.