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Clara Janés 

EduardoChillida

LA INDETENIBLE QUIETUD (selección)

Nº 2

 

Otoño 2000

 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

El alba sopla pétalos de luz.

Vibra el vacío

en invisible movimiento                

e invita a orientación.

El secreto del silencio

revela su ser secreto:

la quietud sin fondo

del amor.

 

 

 

 

La paloma invisible de la conciencia

establece los planos del silencio

donde un ave insinúa

a las azules,

canto infinito,

hilo de agua

entre la boca sumergida

y el alto manantial inalcanzable.

 

 

 

 

Médanos de la mente,

formaciones fugaces de la memoria,

ahogo y mansedumbre...

El látigo del sol fustiga las horas.

El tiempo alimenta la eternidad

y no desmaya en su avance,

pero el olvido es el río oculto

donde se lavan los días

para llegar purificados a la muerte.

Nada dicen los astros.

El augur agoniza de deseo.

 

 

 

 

 

 

Exfoliaciones, maclas, drusas,

facetas, estratos, sinclinales,

fractales, nervaduras, umbelas,

esporas, anteras, dehiscencia,

lluvia, irisación, irradiación,

succión, ligereza, gravedad,

invertebrada opacidad de la muerte,

frecuencia del fuego en el pulso ansioso,

espiral abierta del espacio insomne,

remolinos del tiempo

en pos del anillo invisible

                                        de la noche.

 

 

 

 

Corre la luz

y por ello fugaces son

la imagen y el momento

y hasta el árbol

que su destello bebe,

él se entrega a la danza

entre el ser y el no ser

y en su candor

al incendio se abandona.

Sólo la helada apacigua

el torbellino de las hojas.

 

 

 

 

Desasosiego del signo.

El viento obliga a la danza,

las hojas secas

dibujan campos cambiantes,

traslaciones y trascabos, dudas.

El aire dilacerado

incita hasta al tímido latido,

y el Ser, que no puede dar el salto...

Fluctúan los cielos,

la sombra de una nube

se desliza por el corazón.

 

 

 

 

 

 

Mientras los durmientes,

suspensos en su nebulosa,

ignoran la dirección del tiempo,

la blanca caracola

que recorre sus sueños

vagarosa gira

en la amplitud nocturna.

Mas un ovillo de luz inicia su rotación

y la seduce,

y a sí mismo, con tal fuerza

que al fin sólo un punto negro

y luego nada.

La materia oscura

se pone a calcular

con números imaginarios.

 

 

 

 

Aligera el horizonte

la luz oscura

hasta el punto

en que, privada de tiempo,

se desvanece la música.

 

 

 

 

No hay hilo que descifre

el laberinto del mar,

que no es trayecto del mar;

que esbozo es de lo invisible el mar,

condensaciones, tendencias;

que siempre es pasado el mar,

origen, materia madre,

sin forma, sin sombra, el mar;

que es deseo puro el mar,

pura posibilidad.

 

 

 

 

 

 

nuestro agradecimiento a Boza Editor por autorizar amablemente la publicación

 


 

 

 

 
 

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