Para
poder hablar con el Profesor Luis Rojas Marcos tuve que desplazarme
hasta un hotel del sur de nuestra isla donde se desarrollaba el XXIX
Congreso Español de Pediatría y contar con la inestimable
"complicidad" de algunos doctores, que ofrecieron una salida
digna a mi intento absurdo de pretender abordar al eminente psiquiatra
cinco minutos antes de iniciar su disertación, precisamente la misma
que lo traía a Tenerife.
A
modo de penitencia, y para castigar al poco desarrollado sentido de la
oportunidad que me caracteriza, asistí a la conferencia de clausura
titulada "Perspectiva de la familia en el nuevo siglo",
ignorando que el escarmiento se convertiría en una cosa grata, por
cuanto el médico radicado en los Estados Unidos y responsable de los
Servicios de Salud Mental de Nueva York decía muchas cosas,
interesantes unas, novedosas otras y atractivas todas, mezclando
reflexiones con citas, Erich Fromm con Khalil Gibran y poemas con
sentimientos.
Tras
hablar unos minutos de su condición de emigrante, ya que reside en
Norteamérica desde hace 32 años, y agradecer la posibilidad que le
brindaba el evento de reencontrarse con su tierra, el doctor sevillano
Rojas Marcos - ya sin acento andaluz- comenzó a desarrollar el tema,
actividad que lo mantendría ocupado durante cuarenta minutos, contento
de hacerlo ante una audiencia de pediatras, que según sus palabras son
los médicos que representan mejor a la sociedad.
"La
familia es el refugio donde nos defendemos, una especie de coraza
protectora de la humanidad, el medio donde se establecen las relaciones
más íntimas, seguras y duraderas. Los lazos familiares constituyen el
compromiso social más firme que existe entre un grupo de personas, el
pacto más resistente de protección y de convivencia."
Mientras
escuchaba su discurso pausado y sin estridencias y apuntaba datos o
dudas que pudiese aclarar posteriormente, el psiquiatra avanzaba sin
fisuras, hablando de las funciones que tenían las madres, los padres y
los hijos dentro del núcleo familiar y como a través de los siglos
estos roles habían ido cambiando, como así también la aparición de
nuevas formas de relación: parejas que habitan juntas sin casarse,
segundos matrimonios de divorciados u hogares monoparentales.
"A
lo largo de la historia del hogar los padres han brillado por su
ausencia. Demasiados niños son criados todavía por la madre. Hoy
abunda el hambre de padre, o ese deseo profundo e insaciable de conexión
emocional con el padre que experimentan tantos jóvenes en nuestra
sociedad. Tanto los hijos como las hijas necesitan el modelo paterno
para formar su Yo, para consolidar su identidad y para desarrollar sus
ideales."
Se
me amontonaban los temas en el cuaderno, pero el hombre sentado al
frente continuaba sin dar tregua a su voz, ni siquiera para beber agua:
"Hoy los hijos ejercen efectos significativos sobre la familia. Los
niños condicionan a los padres y su estilo de vida. Son con frecuencia
una fuente inmensa de gratificación, pero al mismo tiempo, cambian por
completo la dinámica de la pareja. Más allá del ámbito del hogar,
los niños forman su propia cultura, rebosante de curiosidad y de
impacto sobre su entorno que es casi independiente del medio familiar, y
se caracteriza por el consumismo."
Afortunadamente
para el recuerdo, me habían entregado a la entrada un resumen con la
ponencia: "La imagen de la sociedad de ayer, pacífica, piadosa y
de sólidos principios, sirve casi siempre de telón de fondo en las
discusiones sobre los cambios experimentados por la familia. Sin
embargo, esta idea tan gloriosa del pasado y tan nefasta del presente no
concuerda con los hechos. No hace tanto tiempo, de cada cien recién
nacidos diez morían antes de cumplir su primer año, y entre los que
sobrevivían, una criatura de cada cuatro era abandonada por sus
progenitores. Sólo en las últimas décadas, la mujer ha dejado de ser
propiedad deshumanizada del hombre, y únicamente en estos años ha
germinado la preocupación con el despilfarro de las riquezas
naturales."
Todos
los puntos que abordaba ofrecían, según el médico, motivos de
preocupación pero también de una cierta esperanza que no disimulaba:
"Aceptar estos hechos no implica negar la persistencia de serios
problemas sociales, económicos y de salud pública que todavía afligen
las familias de este nuevo siglo. Pero los apuros presentes ni son tan
graves ni se consideran tan inevitables como antes."
La
disertación concluyó con un pronóstico: "Pienso que la familia
continuará evolucionando y transformándose en hogares más flexibles y
diversos cuya meta seguirá siendo la búsqueda compartida de la
felicidad."
Tras
los aplausos y después de esperar una entrevista con focos y micrófono
que le efectuara Antena 3, en donde el doctor Rojas Marcos tuvo que
responder sobre el suicidio y la violencia juvenil, la anorexia nerviosa
y las expectativas sobre la medicina del futuro, llegó mi turno. Al
menos eso creía, pero tuve que seguir aguardando, pacientemente, otro
ratito, hasta que el médico concluyese de saludar a las muchas personas
que se acercaban, como así también firmar autógrafos y dedicatorias
larguísimas.
Finalmente,
cuando ya empezaba a sospechar que no tendría temas o argumentos,
porque los periodistas de la tele me habían agotado las preguntas y el
propio médico había avanzando las respuestas, plasmándola en libros
dedicados, nos dispusimos a charlar.
a..
Dr. Rojas Marcos, veo que está muy solicitado, si le parece podemos
dejar esto para otra ocasión, aunque preferiría que no lo dejásemos...
En su conferencia usted hablaba de la emigración.
b..
Pues sí, un hecho que ha existido siempre y seguirá existiendo, pues
al ser humano le ha gustado cambiar, viajar. A veces inspirado por su
espíritu de aventura, superación o curiosidad y otras veces,
desafortunadamente, movido por presiones políticas, o dificultades para
sobrevivir en el propio país. Es evidente que el fenómeno migratorio
es una constante. En la actualidad, con las facilidades que ofrecen los
medios de comunicación y la globalización del mundo será mayor.
Aunque no se puede generalizar, pienso que hasta cierto punto ha
mejorado. En mi caso pertenezco a un grupo de emigrante
"privilegiado" que puede ir y volver, manteniendo los lazos de
identidad con su país, gracias al avión, al teléfono y los avances
tecnológicos.
a..
¡Que diferencia con nuestros abuelos y algunos emigrantes actuales!
b..
Por supuesto, esto antaño era causante de muchas nostalgias y añoranzas.
La lejanía significa una pérdida importante. La tierra a menudo se
asocia con la madre, es "la madre patria", y esas pérdidas,
cuando son ocasionadas por miserias o problemas de supervivencia tiene
connotaciones negativas, de abandono, de rechazo. Hoy día los medios de
comunicación ayudan a los emigrantes a regresar, por lo menos de cuando
en cuando para mantener la identidad.
c..
No obstante se resienten los valores, y esto provoca cambios, usted lo
manifestaba hace un rato.
d..
Los factores sociales son importantísimos en la configuración de la
familia. Antes la procreación era esencial, la especie humana tenía
que perpetuarse, por eso era inevitable la figura del padre proveedor y
la madre prolífica.
e..
El padre procuraba los alimentos y la madre los hijos, ¿un modelo
desaparecido?.
f..
La idea del hombre en el trabajo y la madre en su casa no es actual. Hoy
las relaciones de pareja se basan en la igualdad, las madres han
evolucionado y participan en el mundo laboral.
g..
¿Y eso es bueno?
h..
Es una cuestión polémica, existen quienes piensan que las madres que
trabajan ponen en riesgo el equilibrio futuro de sus hijos, en el plano
emocional o intelectual, pero hoy sabemos que muchas de las madres que
trabajan y están contentas o satisfechas ofrecen modelos positivos para
sus hijos. Por supuesto que el trabajo no tiene que ser nunca una salida
para evadirse de las responsabilidades en el hogar.
i..
Siempre que leo algo suyo, o lo escucho reflexionar sobre temas
complicados, creo desentrañar un mensaje optimista. Cuáles son los
elementos que le hacen ver esperanza, por ejemplo en relación con la
violencia, el desarraigo, los desastres...
j..
Entiendo que se me llame optimista, pero yo creo que mi posición es
realista. La historia es el mejor antídoto del pesimismo. Cuando
hablamos de enfermedades, violencia, pobreza, dictaduras, no hay nada más
que ver el mapa de la tierra para darse cuenta que hoy, en general, hay
menos violencia. Incluso las guerras, que son tan devastadoras, van
unidas a menor mortalidad que antiguamente. Hoy, tanto la primera como
la segunda guerra mundial son inconcebibles. Hay menos violencia en
contra de los niños, menos violencia en contra de la mujer. Lo que
ayuda es ver las estadísticas, leer la historia, ver la mortalidad
infantil que había hace diez o quince años. Con esto no quiero decir
que no haya continentes, Africa por ejemplo, o parte de Asia y América
del Sur donde hay una pobreza enorme.
k..
¿Y por qué si esto es así la sensación que percibimos es que la
humanidad está doliente, está sufriendo, no es feliz?
l..
Por que el ser humano tiende casi automáticamente a pensar que vive en
los peores momentos de la historia. Tendemos a idealizar el pasado, a
hacerlo más piadoso, tranquilo y saludable. Hay una cierta idealización
del pasado. Tenemos que tener en cuenta los hechos, los datos reales. Es
una tendencia humana pensar que antes las cosas eran mejores.
m..
Pero cuando uno lee determinadas noticias o crímenes se alarma. La
violencia entre chicos ¿no es algo nuevo?.
n..
Hasta el siglo XIX la niñez desembocaba en el uso de razón o la mayoría
de edad. Cumplir siete años significaba responsabilidad moral y
necesidad de saber diferenciar el bien del mal. Los niños carecían de
derechos y eran objetos de utilidad por parte de sus padres. En el siglo
XVIII uno de cada cinco niños era abandonado. No cabe duda que hoy
existen problemas, pero comparados con los de antes... Yo digo que la
historia es el mejor antídoto para la añoranza. Antes la muerte
rondaba más que el suicidio o la desocupación o la violencia y creo
que nunca se vivió tanto y tan bien como ahora, pero la eterna
nostalgia hace olvidar los avances. Sinceramente pienso que no existe
una edad de oro para añorar.
o..
Aparte de las molestias como las que yo le estoy ocasionando en estos
momentos, ¿es feliz cuando las personas lo reconocen y le piden opinión?,
¿se ve en el papel de conductor de algo...?
p..
Tener acceso a muchas personas al emitir un mensaje es gratificante, eso
naturalmente genera responsabilidad y también, por que no decirlo,
humildad. Siempre trato de compartir las experiencias, para que otras
personas puedan aprender de la misma forma que yo he aprendido de otros.
q..
¿Le pesa esa responsabilidad?, ¿la nota como tal?
r..
Sí. También debo decir que hay un aspecto de halago. Que las personas
aprecien el trabajo que uno hace siempre es motivo de gratificación y
muy positivo.
s..
¿Alguna vez se ha visto forzado, con tantas entrevistas, a emitir
juicios u opinar sobre algo en lo que no cree o no está suficientemente
documentado?
t..
No. Eso ya es cuestión de cada uno. Yo trato de no hablar sobre
aquellas cosas de las que no sé. Es mas bien cuestión...
u..
¡De sentido común!, lo que pasa es que a veces existen atrevidos...
v..
Uno debe hablar de cosas que sabe o en caso contrario explicar las
limitaciones que tiene. Todos tenemos limitaciones.
Y
fue el asunto de las limitaciones las que me hicieron mirar en derredor:
mucha gente esperando al Dr. Luis Rojas Marcos. Eran más de las tres de
la tarde de un sábado soleado, el Congreso hacía rato que había
finalizado, la hora del almuerzo estaba pasando y los invitados -supongo
que ya sentados- desaconsejaban nuevas preguntas.
a..
Dr. Rojas Marcos, un placer charlar con usted, muchas gracias y perdone
el asalto, espero que no se vuelva a repetir, al menos por mi parte.
Después
de estrecharnos las manos y agradecer al psiquiatra su tiempo y sus
palabras, me retiré del vestíbulo donde nos encontrábamos silbando
bajito, observando como resurgía, desde sus propias cenizas, el don de
la oportunidad.
Releyendo
su curriculum, no terminaba de explicarme el asunto de las limitaciones
de las que hablaba: Profesor de Psiquiatría en la NY University,
Miembro de la Academia de Medicina de NY, de la Asociación Americana de
Salud Pública, de la Academia Americana de Psicoanálisis,
conferenciante reconocido y autor de libros premiados o de difusión
masiva como "Las semillas de la violencia" y "Latidos de
fin de siglo".
Me
prometí averiguar por qué sabiendo tanto el médico hablaba tan bajito
y pausado, como si tuviese timidez en expresarse o un respeto, fuera de
lo común, hacia las palabras pronunciadas. También me prometí
averiguar por qué sabiendo yo mucho menos hablaba tan alto y rápido,
como si estuviese orgulloso en expresarme o una falta de respeto, fuera
de lo común, hacia las palabras pronunciadas.