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Daniel Molini Dezotti

Entrevista al doctor LUIS ROJAS MARCOS

Nº 1

 

Verano 2000

 
 
 

 

 

   

 

Para poder hablar con el Profesor Luis Rojas Marcos tuve que desplazarme hasta un hotel del sur de nuestra isla donde se desarrollaba el XXIX Congreso Español de Pediatría y contar con la inestimable "complicidad" de algunos doctores, que ofrecieron una salida digna a mi intento absurdo de pretender abordar al eminente psiquiatra cinco minutos antes de iniciar su disertación, precisamente la misma que lo traía a Tenerife.

 

A modo de penitencia, y para castigar al poco desarrollado sentido de la oportunidad que me caracteriza, asistí a la conferencia de clausura titulada "Perspectiva de la familia en el nuevo siglo", ignorando que el escarmiento se convertiría en una cosa grata, por cuanto el médico radicado en los Estados Unidos y responsable de los Servicios de Salud Mental de Nueva York decía muchas cosas, interesantes unas, novedosas otras y atractivas todas, mezclando reflexiones con citas, Erich Fromm con Khalil Gibran y poemas con sentimientos.

 

Tras hablar unos minutos de su condición de emigrante, ya que reside en Norteamérica desde hace 32 años, y agradecer la posibilidad que le brindaba el evento de reencontrarse con su tierra, el doctor sevillano Rojas Marcos - ya sin acento andaluz- comenzó a desarrollar el tema, actividad que lo mantendría ocupado durante cuarenta minutos, contento de hacerlo ante una audiencia de pediatras, que según sus palabras son los médicos que representan mejor a la sociedad.

 

"La familia es el refugio donde nos defendemos, una especie de coraza protectora de la humanidad, el medio donde se establecen las relaciones más íntimas, seguras y duraderas. Los lazos familiares constituyen el compromiso social más firme que existe entre un grupo de personas, el pacto más resistente de protección y de convivencia."

 

Mientras escuchaba su discurso pausado y sin estridencias y apuntaba datos o dudas que pudiese aclarar posteriormente, el psiquiatra avanzaba sin fisuras, hablando de las funciones que tenían las madres, los padres y los hijos dentro del núcleo familiar y como a través de los siglos estos roles habían ido cambiando, como así también la aparición de nuevas formas de relación: parejas que habitan juntas sin casarse, segundos matrimonios de divorciados u hogares monoparentales.

 

"A lo largo de la historia del hogar los padres han brillado por su ausencia. Demasiados niños son criados todavía por la madre. Hoy abunda el hambre de padre, o ese deseo profundo e insaciable de conexión emocional con el padre que experimentan tantos jóvenes en nuestra sociedad. Tanto los hijos como las hijas necesitan el modelo paterno para formar su Yo, para consolidar su identidad y para desarrollar sus ideales."

 

Se me amontonaban los temas en el cuaderno, pero el hombre sentado al frente continuaba sin dar tregua a su voz, ni siquiera para beber agua: "Hoy los hijos ejercen efectos significativos sobre la familia. Los niños condicionan a los padres y su estilo de vida. Son con frecuencia una fuente inmensa de gratificación, pero al mismo tiempo, cambian por completo la dinámica de la pareja. Más allá del ámbito del hogar, los niños forman su propia cultura, rebosante de curiosidad y de impacto sobre su entorno que es casi independiente del medio familiar, y se caracteriza por el consumismo."

 

Afortunadamente para el recuerdo, me habían entregado a la entrada un resumen con la ponencia: "La imagen de la sociedad de ayer, pacífica, piadosa y de sólidos principios, sirve casi siempre de telón de fondo en las discusiones sobre los cambios experimentados por la familia. Sin embargo, esta idea tan gloriosa del pasado y tan nefasta del presente no concuerda con los hechos. No hace tanto tiempo, de cada cien recién nacidos diez morían antes de cumplir su primer año, y entre los que sobrevivían, una criatura de cada cuatro era abandonada por sus progenitores. Sólo en las últimas décadas, la mujer ha dejado de ser propiedad deshumanizada del hombre, y únicamente en estos años ha germinado la preocupación con el despilfarro de las riquezas naturales."

 

Todos los puntos que abordaba ofrecían, según el médico, motivos de preocupación pero también de una cierta esperanza que no disimulaba: "Aceptar estos hechos no implica negar la persistencia de serios problemas sociales, económicos y de salud pública que todavía afligen las familias de este nuevo siglo. Pero los apuros presentes ni son tan graves ni se consideran tan inevitables como antes."

 

La disertación concluyó con un pronóstico: "Pienso que la familia continuará evolucionando y transformándose en hogares más flexibles y diversos cuya meta seguirá siendo la búsqueda compartida de la felicidad."

 

Tras los aplausos y después de esperar una entrevista con focos y micrófono que le efectuara Antena 3, en donde el doctor Rojas Marcos tuvo que responder sobre el suicidio y la violencia juvenil, la anorexia nerviosa y las expectativas sobre la medicina del futuro, llegó mi turno. Al menos eso creía, pero tuve que seguir aguardando, pacientemente, otro ratito, hasta que el médico concluyese de saludar a las muchas personas que se acercaban, como así también firmar autógrafos y dedicatorias larguísimas.

 

Finalmente, cuando ya empezaba a sospechar que no tendría temas o argumentos, porque los periodistas de la tele me habían agotado las preguntas y el propio médico había avanzando las respuestas, plasmándola en libros dedicados, nos dispusimos a charlar.

 

 

a.. Dr. Rojas Marcos, veo que está muy solicitado, si le parece podemos dejar esto para otra ocasión, aunque preferiría que no lo dejásemos... En su conferencia usted hablaba de la emigración.

 

b.. Pues sí, un hecho que ha existido siempre y seguirá existiendo, pues al ser humano le ha gustado cambiar, viajar. A veces inspirado por su espíritu de aventura, superación o curiosidad y otras veces, desafortunadamente, movido por presiones políticas, o dificultades para sobrevivir en el propio país. Es evidente que el fenómeno migratorio es una constante. En la actualidad, con las facilidades que ofrecen los medios de comunicación y la globalización del mundo será mayor. Aunque no se puede generalizar, pienso que hasta cierto punto ha mejorado. En mi caso pertenezco a un grupo de emigrante "privilegiado" que puede ir y volver, manteniendo los lazos de identidad con su país, gracias al avión, al teléfono y los avances tecnológicos.

 

a.. ¡Que diferencia con nuestros abuelos y algunos emigrantes actuales!

 

b.. Por supuesto, esto antaño era causante de muchas nostalgias y añoranzas. La lejanía significa una pérdida importante. La tierra a menudo se asocia con la madre, es "la madre patria", y esas pérdidas, cuando son ocasionadas por miserias o problemas de supervivencia tiene connotaciones negativas, de abandono, de rechazo. Hoy día los medios de comunicación ayudan a los emigrantes a regresar, por lo menos de cuando en cuando para mantener la identidad.

 

c.. No obstante se resienten los valores, y esto provoca cambios, usted lo manifestaba hace un rato.

 

d.. Los factores sociales son importantísimos en la configuración de la familia. Antes la procreación era esencial, la especie humana tenía que perpetuarse, por eso era inevitable la figura del padre proveedor y la madre prolífica.

 

e.. El padre procuraba los alimentos y la madre los hijos, ¿un modelo desaparecido?.

 

f.. La idea del hombre en el trabajo y la madre en su casa no es actual. Hoy las relaciones de pareja se basan en la igualdad, las madres han evolucionado y participan en el mundo laboral.

 

g.. ¿Y eso es bueno?

 

h.. Es una cuestión polémica, existen quienes piensan que las madres que trabajan ponen en riesgo el equilibrio futuro de sus hijos, en el plano emocional o intelectual, pero hoy sabemos que muchas de las madres que trabajan y están contentas o satisfechas ofrecen modelos positivos para sus hijos. Por supuesto que el trabajo no tiene que ser nunca una salida para evadirse de las responsabilidades en el hogar.

 

i.. Siempre que leo algo suyo, o lo escucho reflexionar sobre temas complicados, creo desentrañar un mensaje optimista. Cuáles son los elementos que le hacen ver esperanza, por ejemplo en relación con la violencia, el desarraigo, los desastres...

 

j.. Entiendo que se me llame optimista, pero yo creo que mi posición es realista. La historia es el mejor antídoto del pesimismo. Cuando hablamos de enfermedades, violencia, pobreza, dictaduras, no hay nada más que ver el mapa de la tierra para darse cuenta que hoy, en general, hay menos violencia. Incluso las guerras, que son tan devastadoras, van unidas a menor mortalidad que antiguamente. Hoy, tanto la primera como la segunda guerra mundial son inconcebibles. Hay menos violencia en contra de los niños, menos violencia en contra de la mujer. Lo que ayuda es ver las estadísticas, leer la historia, ver la mortalidad infantil que había hace diez o quince años. Con esto no quiero decir que no haya continentes, Africa por ejemplo, o parte de Asia y América del Sur donde hay una pobreza enorme.

 

k.. ¿Y por qué si esto es así la sensación que percibimos es que la humanidad está doliente, está sufriendo, no es feliz?

 

l.. Por que el ser humano tiende casi automáticamente a pensar que vive en los peores momentos de la historia. Tendemos a idealizar el pasado, a hacerlo más piadoso, tranquilo y saludable. Hay una cierta idealización del pasado. Tenemos que tener en cuenta los hechos, los datos reales. Es una tendencia humana pensar que antes las cosas eran mejores.

 

m.. Pero cuando uno lee determinadas noticias o crímenes se alarma. La violencia entre chicos ¿no es algo nuevo?.

 

n.. Hasta el siglo XIX la niñez desembocaba en el uso de razón o la mayoría de edad. Cumplir siete años significaba responsabilidad moral y necesidad de saber diferenciar el bien del mal. Los niños carecían de derechos y eran objetos de utilidad por parte de sus padres. En el siglo XVIII uno de cada cinco niños era abandonado. No cabe duda que hoy existen problemas, pero comparados con los de antes... Yo digo que la historia es el mejor antídoto para la añoranza. Antes la muerte rondaba más que el suicidio o la desocupación o la violencia y creo que nunca se vivió tanto y tan bien como ahora, pero la eterna nostalgia hace olvidar los avances. Sinceramente pienso que no existe una edad de oro para añorar.

 

o.. Aparte de las molestias como las que yo le estoy ocasionando en estos momentos, ¿es feliz cuando las personas lo reconocen y le piden opinión?, ¿se ve en el papel de conductor de algo...?

 

p.. Tener acceso a muchas personas al emitir un mensaje es gratificante, eso naturalmente genera responsabilidad y también, por que no decirlo, humildad. Siempre trato de compartir las experiencias, para que otras personas puedan aprender de la misma forma que yo he aprendido de otros.

 

q.. ¿Le pesa esa responsabilidad?, ¿la nota como tal?

 

r.. Sí. También debo decir que hay un aspecto de halago. Que las personas aprecien el trabajo que uno hace siempre es motivo de gratificación y muy positivo.

 

s.. ¿Alguna vez se ha visto forzado, con tantas entrevistas, a emitir juicios u opinar sobre algo en lo que no cree o no está suficientemente documentado?

 

t.. No. Eso ya es cuestión de cada uno. Yo trato de no hablar sobre aquellas cosas de las que no sé. Es mas bien cuestión...

 

u.. ¡De sentido común!, lo que pasa es que a veces existen atrevidos...

 

v.. Uno debe hablar de cosas que sabe o en caso contrario explicar las limitaciones que tiene. Todos tenemos limitaciones.

 

Y fue el asunto de las limitaciones las que me hicieron mirar en derredor: mucha gente esperando al Dr. Luis Rojas Marcos. Eran más de las tres de la tarde de un sábado soleado, el Congreso hacía rato que había finalizado, la hora del almuerzo estaba pasando y los invitados -supongo que ya sentados- desaconsejaban nuevas preguntas.

 

a.. Dr. Rojas Marcos, un placer charlar con usted, muchas gracias y perdone el asalto, espero que no se vuelva a repetir, al menos por mi parte.

 

 

Después de estrecharnos las manos y agradecer al psiquiatra su tiempo y sus palabras, me retiré del vestíbulo donde nos encontrábamos silbando bajito, observando como resurgía, desde sus propias cenizas, el don de la oportunidad.

 

Releyendo su curriculum, no terminaba de explicarme el asunto de las limitaciones de las que hablaba: Profesor de Psiquiatría en la NY University, Miembro de la Academia de Medicina de NY, de la Asociación Americana de Salud Pública, de la Academia Americana de Psicoanálisis, conferenciante reconocido y autor de libros premiados o de difusión masiva como "Las semillas de la violencia" y "Latidos de fin de siglo".

 

Me prometí averiguar por qué sabiendo tanto el médico hablaba tan bajito y pausado, como si tuviese timidez en expresarse o un respeto, fuera de lo común, hacia las palabras pronunciadas. También me prometí averiguar por qué sabiendo yo mucho menos hablaba tan alto y rápido, como si estuviese orgulloso en expresarme o una falta de respeto, fuera de lo común, hacia las palabras pronunciadas.

 


 

 

 
 

 

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