por C. Dolores Escudero - Ochocientos aniversarios de Rumi

Se conmemora en el 2007, el ochocientos aniversario del nacimiento del poeta Yalal ud-Din Rumi.
Nacido en Balk, (Iran), e hijo de un maestro sufi, fue criado en un mundo presidido por el ambiente de la mística y, sin duda, las diarias lecturas del Corán y los hadith –palabras y actos del profeta Mahoma- cuya exégesis llegó a conocer e interpretar con autentico dominio y profundidad.
Siendo un niño debió emigrar con su familia, tras la invasión de su tierra por el ejército mongol, estableciéndose en Anatolia (Turquía). Frecuento, junto a su padre, a grandes maestros del sufismo, y viajó a Damasco.
En 1245, mientras recorría las calles de Konia rodeado de discípulos, su existencia quedó trastornada para siempre ante el encuentro con Shams i Tabriz, quien se convertiría no solo en el maestro y el amigo, sino en el espejo donde Rumi contemplaba a Dios. Ambos se transformaron en un solo ser: aquel era este, y este era aquel: Dios se había presentado a ambos, en forma humana, en cada uno de ellos. Tras el encuentro, Rumi dejó de ser el teólogo o el maestro islámico, y tan solo en sus poemas se encuentra fuera de sí mismo y trasladado al paraíso del Amor más autentico. Gira y gira sobre sí mismo (derviches), topándose con el rostro perfecto de Dios en todas las cosas, mientras de sus labios brotan los versos que sus discípulos anotan.
ENTRA EN EL CORAZÓN DEL FUEGO
Abandona la razón, oh enamorado, sé loco, loco sé.
Entra en el corazón del fuego sé mariposa, mariposa sé.
A la par extravíate y destruye tu casa.
Ven a morar entonces con los enamorados.
Limpia tu pecho siete veces de rencores.
Para el vino del amor sé entonces copa, copa sé.
Alma del todo debes ser para merecer el Alma.
Si a los ebrios te diriges, sé ebrio, ebrio sé.
La perla de aquel pendiente real es la que acompaña el rostro.
Si quieres aquella oreja y aquel rostro, sé perla, perla sé.
Cuando tu alma al cielo ascienda por nuestra hermosa leyenda,
anonádate y como los enamorados sé leyenda, leyenda sé.
Eres tal noche de tumba, sé la Noche del Destino [1].
Como esta noche para las almas sé morada, morada sé.
Tu pensamiento va a algún lugar, allí te arrastra.
Abandona el pensamiento, si el destino llega sé vanguardia, vanguardia sé.
Deseo y apego son cerradura para nuestros corazones.
Sé la llave, y de esa llave sé diente, diente sé.
La luz del profeta acarició la columna que emitió quejas de amor.
Menos que ella no eres, sé el quejumbroso, el quejumbroso sé.
Te dice Salomón: escucha el diálogo de los pájaros.
Eres trampa, de ti huye el ave, sé nido, nido sé.
Si el ídolo enseña el rostro, llénate de él como un espejo.
Si se suelta el bucle el ídolo, sé peine, peine sé.
¿Hasta cuándo tendrás cuernos como la torre, y poco te moverás como el peón de ajedrez?
¿Hasta cuándo, como la reina, irás de través? Sé sabio, sabio sé.
En señal de agradecimiento regalaste bienes y recuerdos.
Deja los bienes, a ti mismo hazte un regalo, sé la señal, la señal sé.
En una época fuiste elemento, en una época animal,
en una época el alma, sé alma del alma, el alma de las almas sé.
Oh hablador, ¿hasta cuándo rondarás por el tejado y junto a la puerta?,
¡de un salto entra en la casa! Deja quieta la lengua, sé mudo, mudo sé.
[1] La noche de Ghadr.
adamaRamada ofrece, en su colección “Pliegos Adamar”, este homenaje al poeta: El corazón del fuego ( Poemas sufies) en los 800 años de su nacimiento, en traducción directa del persa al castellano por Clara Janés y Ahmad Taheri.
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