El juego, la máscara, el disfraz, la antorcha que ilumina súbitamente la caverna, el salto desde el trampolín, el chapuzón en el agua, la carrera, la fuga, la desintegración, en estas líneas se mueve una cara de la poesía de Sarantis Antiochos, poeta griego, afincado en España desde hace décadas. Lanzado al empleo de nuestra lengua, la desmenuza y entra en sus intríngulis a nivel casi cuántico. Así surgen a principios de los años 80 series como Onirama –perdida por su autor, pero conservada por mí- y SER-pentinata –mantenida en el olvido de las carpetas-. La selección de Onirama, que recogemos hoy, es por tanto una primicia.
Sarantis nació en la isla de Zante en 1938 y estudió Sociología y Urbanismo en Londres y trabajó para el gobierno griego y la Comunidad Económica Europea. Durante los años 1977-1982 fue agregado de Prensa en la embajada de Grecia en Madrid, donde desarrolló una intensa actividad a favor de mutuo conocimiento cultural entre Grecia y España, siendo promotor de la Asociación Cultural Hispano-Helénica.
Su obra poética, desarrollada a margen de las principales tendencias generacionales de su país, incluye entre lo publicado los siguientes títulos: Hojas de un diario (1965), Marginalia (1982), Tatuaje (1985), Metamorfosis o Preludia para Zante (1988), Confusión de aromas (1989), Ventana a mediodía (1995) y De facto (2000).
En 1982 el Rey Juan Carlos le otorgó la Cruz de Caballero de la Orden de Isabel la Católica.
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