Colección: Ensayo
ISBN 84-934651-6-X
368 páginas, 21× 15 cm.
Precio: 26,00 €
Primera edición, diciembre 2006
Schhht, chitón, que nadie diga ni una palabra de más. Sobran casi todas.
Inspiración-Mística-Silencio. En ese triángulo se basa la Antología viva y confidente de la inspiración, de Juan Miguel Domínguez Prieto, que editorial adamaRamada ha tenido la amabilidad de concedernos. Una obra mayúscula, un acompañamiento de soledades, un ardor cálido, no frío, un silencio rumoroso.
Cuando la religiosidad, y Juan Miguel es religioso, se le nota en la introducción, no es mojigatería, no es fariseísmo, imposición ni violencia; cuando no es moralina irresponsable e inculta, la propia de quien ni siquiera se conoce su propio Libro, ni quiere conocerlo, es quizá el más grande logro humano porque, entre otras cosas, nos abre las “puertas de la percepción”, nos permite ver al Otro, tanto al Otro por excelencia, Dios, como al diminuto e inmenso Otro que debería adquirir la forma plural, los Otros. Por eso ¡ay de quienes enarbolen el prejuicio como forma de incomunicación, porque la ceguera les es tan patética que va acompañada del convencimiento de la clarividencia!
He dicho en otras intervenciones en estas virtuales, sutiles, páginas, que la poesía o es asomarse al brocal del pozo y ver en lo hondo, o no es. Juan Miguel me ha hecho ver con su antología que la poesía es brocal, es pozo, es mirada.
El silencio, él lo dice, es ausencia de ruido, no de palabra, pero que El Más Alto nos releve de la voz y nos deje la luz. Este libro es bujía pequeña, sí, pero suficiente para orientarnos en esa oscuridad grata, susurrante que ha sido la inspiración y el silencio.
Quienes escribimos, mal o bien, hemos tenido alguna vez esa sensación, sobre todo cuando se relee lo propio al cabo del tiempo, de no haber sido nosotros quienes dictamos esas palabras sino de habernos sido dictadas, de no ser dignos, de que nuestra creatividad no es tan grande para justificar la maravilla que allí quedó escrita. Existe, pues, la inspiración. A lo mejor es que sólo la ventean los humildes.
Un libro necesario, esta extraña antología, y aquí lo reseño por puro placer, pues sé del reparo de C. Dolores Escudero, directora de la editorial y también de esta revista, de reseñar los libros publicados por ella, pero no se me negará este gusto, aunque sólo sea por amistad. Brindo por el trabajo y la inspiración de Juan Miguel, que ha construido una maravilla a base de diminutos ladrillos, versos, fragmentos, cuya transparencia nos permite ver el valor de la inspiración y el silencio. Gracias, Juan Miguel. Gracias, Lola.