¿Por qué leer a Italo Calvino? Mundo escrito y mundo no escrito

por Miguel Arnas Coronado - ¿Por qué leer a Italo Calvino?...




Edición al cuidado de María J. Calvo Montoso
Epílogo de Mario Barenghi
Traductor: Ángel Sánchez-Gijón
ISBN: 84-7844-880-2
Fecha de publicación: 2006-06-15
280 págs. 21 €




Desde luego, la biografía de los poetas es su obra. Hay humanos que dejan como rastro e influencia no sólo la ejemplaridad de su vida sino también sus obras, sean éstas artísticas, filosóficas, científicas o políticas (esto último es cada vez más raro, por no decir imposible): esa es su biografía. Y hay escritores que nos dejan como ejemplo no sólo sus ficciones sino también su obra crítica o ensayística. Incluso hay poetas o novelistas cuyo mayor ascendiente ha sido justamente ese, el de sus tesis. Calvino escribió las Seis propuestas para el próximo milenio: de toda su obra de ensayo literario, la de mayor trascendencia, y no es que las demás no sean importantes porque ya en ellas está el germen de lo que fueron esas seis propuestas.

Ahora, Siruela publica un libro recopilado por Mario Barenghi, consistente en unos cuantos artículos periodísticos, controversias con escritores o críticos contemporáneos, reflexiones sobre sus propios libros y reseñas. Reseñar a un “reseñista” tiene su aquél, pero la verdad es que en algo nos parecemos. No es engreimiento porque ni por asomo quiero yo situarme a la altura de Italo Calvino, siempre un maestro (es maestro aquel que tiene algo que enseñar y los demás creen que tiene algo que enseñar), pero nos asemejamos en la querencia de reseñar sólo lo que nos gusta. Es un privilegio, el de no vivir a sueldo, o al menos no depender sólo de eso.

Es lo que tienen las traducciones, que un autor fallecido puede publicar algo escrito entre 1952 y 1985, año de su defunción. También esto es un privilegio porque el interés por este autor no decae, aunque lo cierto es que, creo, jamás decaerá el interés por Calvino mientras haya alguien interesado en la literatura. Calvino se la tomaba en serio. Precisamente el ensayo que da título al libro, Mundo escrito y mundo no escrito habla de esa necesidad de pasar de un mundo a otro cuando empieza uno a leer o cuando deja uno de hacerlo para vivir la realidad.

Tal vez algunos artículos, sobre todo del principio, hayan perdido algún interés porque hablan de controversias de los años 50 sobre el compromiso del escritor. Es curioso, hoy no ha desaparecido ese compromiso, pero han cambiado las premisas en las que se basa. En nuestros países nuevos ricos y nuevos europeos, hablar de plusvalía o de explotación de las clases proletarias puede producir algún bostezo (no pensemos en los emigrantes, de ellos nadie se acuerda más que para lo que hacen falta), pero continúa habiendo temas sobre los que el escritor debe mancharse, aunque al estilo Kundera, y Calvino (nombra a Kundera en una página de este libro) parece estar muy de acuerdo con él: con absoluta libertad, sin sentimientos corporativos, rascándose donde a cada uno le pica, y no todos en el mismo sitio.

Quizá Barenghi debería haber dejado para el final de la recopilación estos artículos, o quizá nosotros deberíamos leerlos con otra mentalidad: la que aquí planteo, kunderianamente.

El interés grande empieza con los más modernos: a partir de la página 44, si bien alguno queda en medio de eso que no es sino el prólogo a una colección de clásicos de la “editorial Einaudi”, para la que Calvino creó dicha colección.

Tres son las partes en que Barenghi divide este libro de inmejorable traducción y bella presentación, como por otra parte nos tiene acostumbrados Siruela: Mundo escrito y mundo no escrito, con artículos literarios desde lo ya comentado sobre el compromiso, hasta una encuesta final donde se le preguntó a Calvino ¿por qué escribe usted? Buena pregunta, pardiez, y más en un tiempo “sumiso y gris”, como denuncia el mismo autor en 1984. ¡Menos mal que no vio este de principio de milenio!, porque debería haber coreado con Miguel Hernández aquello de ¡”ya somos un pueblo de bueyes”! Otra parte, De lo fantástico, reúne cinco artículos sobre literatura fantástica a cuál mejor. Por último, Ciencia, historia y antropología, arrebata por su interés. Uno entiende en ella por qué se habla mucho de Calvino pero se le ha seguido poco, ha tenido poca escuela: desgraciadamente no es normal que un escritor entienda también de ciencia, y esa es una carencia grave en literatura. Calvino habla de etnografía, antropología y folclore con unos conocimientos propios de alguien que pasó la vida con su mirada miope puesta sobre el tema. Los dos artículos sobre historia tratan de la relación Moctezuma-Cortés y de la causa inquisitorial contra Galileo Galilei (recuerden, la Inquisición no fue sólo un invento español). Ambos, como todos los de esta parte, son reseñas, y aquí entra lo que decía al principio sobre los gustos de Calvino, porque en aquellos que atienden a la ciencia, la mayoría versan sobre cosmología, un tema que le apasionó y que conocía todo lo que un profano aficionado puede conocer, pues a fin de cuentas, en ella basó esa maravilla fantástica o fantasiosa que se llama Las cosmicómicas. Otro hay sobre las estructuras cerebrales y las capacidades de reacción según la evolución de cada animal, comparándola con la de un niño en crecimiento.

Se recomienda este libro, y se recomienda acompañarlo de ¿Por qué leer a los clásicos?, otra delicia publicada en español por Tusquets en 1992. Calvino continúa diciéndonos sin acritud, pero enérgicamente, que la literatura es algo serio, responsable, que entretenerse con best-sellers es, eso, entretenido, pero no literatura, que el compromiso del escritor es con la palabra y lograr, a través de ella, mostrar su mundo, un mundo y el mundo.