DESIGUAL LO PROFUNDO

por Daniel Battilana - Desigual lo profundo



n24ensayo2G.jpg


                                                        El significado de la palabra
                                                        me dio la palabra.
                                                        El significado de la obra
                                                        Me dio la obra.


Del Volüspa (Edda) El Dios Odín dirigiéndose a Wotan


 


                                                                    Yo escribo para el otro, el que esta adentro
                                                         y sólo escucha lo que sabe.
                                                         Ese no se distrae aunque se entretiene conmigo.
                                                         Le presto mis ojos para que cuente las hormigas,
                                                         mis ojos que juegan en la niebla,
                                                         y me agita lo profundo como un padre...


Daniel Battilana


 


Un pájaro pequeño, con verde, hermoso, que chupa del sudor de las hojas su propio remolino de alas, es hablar de música. Ufana de valores, la literatura se empeña en alejarse de descripciones como la anterior; ni más esfuerzo que un desprendimiento de la música que le da orden y sentido; se desprende sin nacer, se queda sola, se hace pasatiempo. El halo captor es de receta plana; su virtud, confundir al lector en sospechoso paralelismo de causas.

Demonios hembras las palabras, ciertos demonios de cabeza gacha y poco sumisos a ceder su profundo al primer sentido que un desprevenido lector quiera darles. Demonios agachados no pueden ver qué provocan, recogen de sus pies el cuarto sentido de la forma, toman, conservan y rechazan, respiran. Miran hacia abajo condenados a no pisar lo que ven mientras nos susurran la vida emocional de las palabras.

Gregar, disgregar, agregar. La dispersión como constante cultural; unir letras para formar palabras unirlas para formar qué. La existencia de la letra no es un accidente mecánico de nuestra capacidad fonética. Gregamos cuando unimos, disgregamos con cualquier sentido, éste tiene por cualidad confundir y lo hace mostrándose amplio, lleno de posibilidades; agregamos en el intento por entender, reflejándonos en lo que leemos, proceso final y opuesto al sentido ordenador y amplio de la frase que se enmascara de creencia[1]. Esta creencia somos nosotros en forma de síntoma que antecede a mirar o a leer. Se cree donde la inercia es una prédica mental de flujos coordinantes, cuerpos oscuros llamados conceptos retraen el significado cuando lo complementan sin aislarlo, otra metafísica del obstáculo al servicio de lo aparente que es lo fácil.

En la escritura el hombre se deforma, se aleja del cuerpo objeto; un sustantivo opera su sustancia real en la medida de lo imposible, el adjetivo acerca lo posible al cuerpo, lo mantiene en una apnea creativa demasiado precaria. Adjetivar es tomar (ojos de demonios levantaron del fondo lo posible y su silencio). Hasta aquí trabazón, fábula y artera talidad disculpan esta ignorancia programada que me mueve; toda literatura es un trabajo de dos, yo permanezco callado y escucho al que sabe...

Poner un sustantivo es conservar, acercar el objeto, unirnos es rechazar la primera impresión, es expirar el concepto. Las fases de la respiración son modelo para el juego conceptual cuando se atribuyen o se dan  (no en la forma culta de establecer) vínculos solidarios entre palabras que intentan la frase... Y qué no decir entre los signos germinativos, oxígeno y ventilación del acento y el ritmo.

Despojar  la palabra de su penuria es aliviarle el trabajo de definirnos dentro del concepto (uso concepto por valor) y nada de éste existe si no es pensado. La letra que nos valora nos prende de tensión y su juicio es la idea proporcionalmente confusa tanto más se note el valor individual de la palabra.

Una caña siempre se ve desnuda, se cubre, se arma para la vista (los demonios hembras carecen del dedo mayor, sin él no pueden recoger la forma que se desprende al levantar el significado), de la forma que la viste dos veces, la primera da muestra a la razón, la segunda al ánimo que presumirá de ella hasta su olvido; verdadero encuentro éste sin el cual un objeto cualquiera no goza de la persistencia. Sólo la idea sobrevive a tramas y frases descuidadas  (por momentos los demonios  descansan sus pies en desfiladeros de ceniza, restos del papel quemado que por encima les cae). Si subyace, la idea se sobrepone al maltrato en su aspecto más externo o creencia; si falta, se impone la razón, reino en que se aquieta la voluntad y el heredero mezquina su tributo de fracaso necesario a tanto realismo; cree verse entonces en los destellos de luz una pérdida de energía donde otros ven un signo de clamor universal. El caosmos[2] planta su retícula de apariencias todas estáticas, opuestas a la dinámica del vackta[3] residual y concomitante. La naturaleza de la voz se despoja al alejarse y se opone con su acercamiento, coraza final el sonido que nos devuelve la forma.

¿Dar orden y sentido? Si ya lo tiene la palabra, pequeña nave del sentido que a viento propalado se escapa de nosotros buscando salvar su contenido de tiempo y saga. Sálveme lo desigual de todo texto infrecuente despoblado de ignorancia que me ancle a la realidad, profanada de valores y de crudeza textual la frase, en el exceso es lo mínimo, pretende un semejante mundo a un parecido profundo. Desatino ritual, la descripción orientada a rescatar un aspecto en especial  ¿Un tropo? ¡Cuídate de ese roedor europeo que ventila de cavernas el suelo que pisan los caballos de tus sueños!

Fenómeno sobre fenómeno tiene toda palabra la voz enunciativa que la descompone, siendo lo fenoménico la percepción misma, la tal existencia de la frase habla de nosotros mismos y un poco más de la percepción de que somos capaces. Somos el cuerpo, deseamos por la mirada, imagen es lo que podemos, una esencia atrapada en el espesor del espejo.

La letra imita al cuerpo, es andamio de un dios espinal erguido, visible en lo desigual. Palabra es cobijo del recuerdo; palabra es memoria del cuerpo; un dios objeto perverso con los demonios que lo alimentan con tiempo.

Hay quienes encuentran lo real tropezando con palabras, no es mi caso, no copio libros, intento identificar el simulacro que es la escritura, demasiada justeza aquieta la voluntad y entroniza de quehaceres a unos ojos que leen en el aire con que otros arman las frases de sus creencias. Vuelvo, me cobijo en un significado, las palabras suelen encallar en un significado cualquiera... Salvarlas es un acto posterior al disfrute. Falta lo suscitativo, eso que provoca el contenido de la forma, por fin la forma se revela como lo que es: el profundo, ocultado en la parte externa, no hay ojos para esto, esta cáscara alimenta un cerebro dicotiledóneo, grasoso y asperjo, ávido de secretos que previó por nosotros en unas pupilas incapaces, y musculó la voz de la palabra, le opuso unas orejas y puso unos a contarle la existencia  y otros más capaces a solver el hábito y sus tropiezos. Hay un plano para la realidad verbal y una sílaba sagrada devuelve el agua que la flota, basta un naufragio de pez o un ojo que navegue la lágrima (entre tanta figura, algo sentimos, la deriva y un rechazo subjuntivo que repele por la sintaxis la intención de la forma) para sembrar de polos esta matriz verbal hecha de purana[4] que contiene en sí misma la explicación (amable aspecto del convencimiento). Estos polos rechazan la semejanza, sólo fijan lo desigual para crear el modo que impere en la fuerza expresiva. Axiales, son la creencia que enmascara el límite, la idea, que es control y la duda, andamio de altura que seduce y no deja volar. El cuerpo manifiesta sus tropismos en la impedancia que proyecta la voz, en la palabra que lo imita y en el contenido de la forma, el verdadero instrumento de conocimiento. ¿Habré logrado resolver el significado de una relación causal estricta?

En toda caverna habita una serpiente que atormenta por los pies al infortunado iniciado que aventura sus pasos en la sombra. Dios silba, a través del reptil, sinuosos cantos de bienvenida. La serpiente se arrastra por el suelo, al mismo nivel en que se encuentra la base del conocimiento; esa base es el cono mismo que en su forma ideal representa la firmeza de las creencias en su aspecto de sabiduría. El animal repta describiendo segmentos de una elipsis, ochos partidos que dibujan un infinito, siempre creciente y siempre por lo bajo. Lo profundo a nuestros pies, lejos de los ojos.

Frente a la duda la verdad. Unas notas finales, adjuntas, telegráficas, hablan por sí solas, no son un poema, un poema es voz vigilada, condición de certeza. Tradición del cuerpo que asevera el mundo. Intentan un desglose, auspician un alivio merecido a tanto demonio hembra silenciado por esa costumbre de escribir como se habla, de callar como se puede, siempre es poca la atención que prestamos al olvido. Una cosa más: la escritura como un esfuerzo por infundir la unidad en la diversidad natural, torna más amigable al otro que me piensa y a mí que lo creo, la comunicación.

Podemos, por último, invocar -si fuera necesario- a una diosa para que prorrumpa y esparza sus almidones de alivio; criatura bella hecha de premura, se invoca con la mano que la agita y nada en la tinta bruma con que se escribe.


APOSTILLAS


Signos son síntomas.
La letra imita al cuerpo.
En la escritura el hombre se deforma, se aleja del cuerpo objeto.
La curva insinúa la esfera, lo circular del arco iris
La espiga señala la conciencia.
El cruce parece un sostén.
Letra es posición del cuerpo, no es signo, signo es presencia, geometría del vínculo.
Signo es representación inacabada.
Letra es cuerpo imitado sin espacio
El signo, grafoema[5].
El signo une lo preexistente con la voluntad de hacer.
La letra se une para enlazar lo inexistente, es decir, el significado.
La letra suena, el signo es silencioso.
La letra es de aire en el cuerpo que la arma; el signo calla. Un objeto detenido es signo.
Signo en desplazamiento es significado.
Mientras inestable una palabra suena hasta significar ya detenida.
Palabra es memoria del cuerpo.
Letra es señal.
Forma es persistencia
De la forma la ausencia es su presencia.
Palabra es rito animal en una matriz vegetal...


  


Entrevista del Filósofo Elk  Filosi a Daniel Battilana.


E.E.F: En el texto se opone a una literatura descriptiva una suscitativa, ¿qué escritor y qué lector prevén una y otra?


D.B: La literatura descriptiva no es la que valora lo que tiene de fenoménico la expresión descriptiva y menos el uso dialéctico que la sicología antepone al acto de lo explicativo. Es tramposo creer que un método es superior al otro; se origina en un error histórico, el sujeto que percibe no le explica a otro el fenómeno pero si se lo describe a sí mismo. No funciona así en la literatura donde todo intento de crudeza textual u objetivismo, no logra más que decirle al lector algo que ya conoce. Este es un lector indefenso, colgado en una percha de materialismo documental, de callejuelas medievales, este lector pretende, de antemano, le aclaren todo y su escritor construye un testimonio con restos de un futuro anclado en lo cotidiano. Lo suscitativo es, simplemente, el efecto final de la forma, es decir: la impresión, esa que permanece cuando hemos olvidado por completo el texto. No hay oposición entre estas dos actitudes literarias, no hay primacía. Apuesto a lo valioso de la multiplicidad. Son muchos los argumentos que aclaran la existencia de una literatura de temas sencillos, comprensible, si se quiere, predecible; escasean las justificaciones para todo estilo de temas graves (entiéndase pesados), concienzudos, inquietantes. Para unos es necesario escuchar la voz del mundo, tal cual mundo; aquí puede confundirse claridad con arte, alguna prueba ha quedado que permite disfrutar todavía de lo dificultoso.


E.E.F: La teoría esbozada acerca de la palabra supone la existencia de diversos sentidos en ella, ¿cuáles son y por qué la literatura debe elegir uno de ellos?


Usted disculpe, no es mi intención que estas respuestas parezcan más oscuras que el texto mismo, sucede que la confusión es un bastión indefendible aunque justificable. Ciertos ejercicios del espíritu y del cuerpo (herramienta el cuerpo) permiten intuir el sentido de la forma, convengamos que hay un colectivo en estos sentidos, y que el producto de su generación es la lengua portadora. También existe una lengua despojada de sentido (su penuria es su reto...) el álgebra es la matriz portadora de la expresión más intangible de la idea. En esta aparente frialdad sin sentido, no faltan gatillos (lo suscitativo) o potencias absolutamente formales. Ahora, sí que no sé dónde me encuentro, si dentro del bastión o afuera, blandiendo los errores necesarios a tanto desacierto; soy un enamorado de estos desajustes que trastornan (si digo trasegar, matizo los sentidos) lo diverso; siempre estoy tentado con comparaciones musicales. La música me ha hecho creer que dispongo de ciertas destrezas, sometidas al rigor, a cierto desconcierto (término apropiado) ellas actúan involuntariamente para mí, quieren hacerme creer, sacarme del estatus de observador. En su estado efectista, la música es el único fenómeno que une los hemisferios cerebrales en una labor a ciegas; hay mucha tradición que simboliza este hecho. La observación de algunas máscaras africanas, del tipo que cubre totalmente la cabeza, más específicamente las que imitan a reptiles remiten sospechosamente  al culto de lo límbico, en un relato mío llamado ¨Hule, el dios espinal¨ represento a este dios límbico en la forma de un libro que si se abre mal, se lee mal. Quedan claras en mi literatura y en mis respuestas la imposibilidad de ir más lejos, he quedado sujeto en estos símbolos y a la creencia que de ellos tengo, una prisión, desde donde escribo el miedo.


E.E.F: ¿Cómo debe ser la literatura?


D.B: No hay una literatura ideal, por suerte... Suerte es aquí un fenómeno tectónico (nos reímos) que aísla y descomprime todo intento canónico-elitista de sujeción a un molde. Más que esas fórmulas de pureza y lirismo, me fatiga la persecución del prestigio en su apariencia de seriedad, nada que sea demasiado ortodoxo puede ser original.  Hay tanto boato de aburrimiento en esas fantasías de grupo, tanta patraña, tanta soledad. Han establecido un canon paralelo que garantiza premios, colaboraciones y futuros estamentos dirigenciales. Dan serio por confiable!!! Es increíble en lo que nos convertimos los escritores después de los cuarenta años. Aburrimiento es el culto a un impedimento tácito por el cual no se opina, no se critica; es ese culto de lo inofensivo, que toma a la persona por su escritura. La obra queda entonces armada para halagar individualmente, no funciona en la historia. Un escritor formal incurrirá siempre en la opinión virulenta y ésta es cosa poco seria ¿En la superficie? Boyas de esfuerzo solitario... Corchitos multicolores anclados en la penumbra.

Mi estilo es el peor, plagado de torpezas e imprecisiones; irrecomendable, nada de lo que escribo fue pensado para flotar. No es arrojado, si no para arrojar... Este chascarrillo y las rimas involuntarias, me van a costar el reconocimiento postrero. La palabra corchito, me signará de olvido y desdén. En la tradición Argentina, lo más cercano al humor es la seriedad de lo banal, esta forma sucedánea del fracaso no irrita pero domestica, nos ablandamos en un festín de infantilismo conceptual. Por esto nuestra identidad es no tener identidad. Fracaso es quitarle a la pluma esos bordes, esos filos que le permiten, en la comunidad íntima del ala, hacer el vuelo. En mi caso, las escamas polarizan mi voz y mi delirio. Lo más cercano a la perfección es la humana prolijidad y con ella construyo mis propios impedimentos semánticos e ideológicos. Los ojos son una barrera donde se apilan las palabras muertas, opacidades quedan entonces en lo posible por leer ¿Me he puesto serio y sentencioso, no? Es la manera que tengo de ser solidario con usted... El arte no se negocia, a diferencia del artista que con facilidad es atribulado por un montón de tipos que gesticulan poco, hablan bajito y a más de parecer serios tratan denodadamente de aparentar ser creadores. La escritura, hoy, no es un arte, es un compendio de convenciones, poco techo y mucho piso. A simple vista, se comprueba que lo literario esta ligado a la carencia de conocimiento, no se genera conocimiento, los escritores no penetran, no indagan; Onán los ha confinado a escribir sin las manos. No hay creación en un sistema de connivencia.

La literatura es algo que no debe confundirse con los hábitos editoriales, pues lo que estos destacan no es literario si no fácil. ¿Dónde está entonces el correcto registro del problema? Lo pernicioso es que los que leen se ven superados por los que escriben. Tal salida literatoterapéutica nos ha embargado de falsas expectativas. Callemos, pues, frente al dominio de la urgencia.


E.E.F: ¿Qué relación tiene la palabra con el texto literario? ¿Es metonímica, es metafórica?


D.B: La metonimia desorienta al sujeto discursivo, lo transpone, la materia con que opera es el sentido, su inversión permanente, la palabra es aquí sugerencia y potencia retórica. Actualmente lo literario se construye sólo con palabras, prueba de ello es que el escritor, que sufre de realismo en Paris, tiene el cuerpo junto a su analista en Buenos Aires. La palabra que unida al cuerpo arma lo literario, padece en Europa de ciertas enfermedades que de regreso le sentarán bien y el cuerpo, deformado de tanto diván, asustado de tantas sensaciones, sanará de todo lo que parezca forma.


E.E.F: El cuerpo establece un vínculo con la palabra, ¿en qué consiste?


D.B: Creo ver en la idea lo literario y en la palabra un tropismo del cuerpo, un imán, entre imanes que pueblan el cuerpo, que atrapa sentidos y los fija; la existencia de “lo desigual” es la sinergia, donde un cuerpo asiste al otro en tanto se comunican sus fenómenos estableciendo el orden de sus funciones; cuando dije que la palabra es memoria del cuerpo comprendí que su significado se mueve de lo individual a lo genérico. Este es el problema, se confunde el tendón con el músculo porque ambos van juntos, palabra y sentido (no significado) establecen una cubierta que suena en la forma y se oculta en las relaciones aparentes del significado. Si digo, lo profundo quiere parecerse a mí, me convierto en lo que busco, es así que desigual es a profundo lo que cuerpo es a palabra.


E.E.F: ¿Cuál es la relación entre la forma de la palabra y el contenido de la palabra?


D.B: Para poder vincular, usted usa relación ¿supone que forma y signo dependen entre sí? Rompo las dependencias, aquí podríamos decir, uno se encuentra casi en un éxtasis farmacológico; el ojo hace por nosotros algo parecido, no integra el dibujo con el color  (dibujo es el espacio que ocupa la idea) el color sólo existe en grado y hay un ojo para medirlo y un sentido para completarlo. En el ojo que observa, el centro es lo más claro.


E.E.F: Desigual lo profundo establece varias categorías relacionadas, por un lado escritor, literatura y lector; por otro, cuerpo, palabra, forma y contenido ¿puede leerse en este texto, su poética?


No puedo negar una poética. Converge en ésta la experiencia sin lo residual de la prueba, el error es la semblanza que disimula el giro. Lo profundo quiere parecerse a mí, este texto también y no lo hace. Tiene el reverso y el anverso de una máscara rudimentaria que copia al que se la pone, y lo carga de creencia. Este texto es una intuición algo ventajosa, pretende parecerse a conocimiento, a linde. La creencia armada de palabras es la perdición; uno esgrime apenas lo contingente de la verdad y esta describe el aspecto de sus limitaciones. El límite es la incapacidad. En desigual lo profundo una red de incomodidades trata de mitigar los aspectos convencionales de la lectura. En esa gravidez, subyace una agresión sin pormenores y un materialismo conciliador; es la creencia que habita en toda personalidad inacabada.

Mi pequeñez se nutre de la valides del cero, el aprender de los ceros, el acopio ritual de lo insignificante.

La propia poética aparece cuando renegamos de toda grandeza y de sus variados tiznes, es un gorrión que no anida en nosotros sin que ganemos la confianza de sus alas.

Pese al aspecto contencioso del boceto, esta obra pretende la ternura que todo hombre opone a sí mismo. Es mi propio elixir de plomo. Clavo entonces la pluma en la arena y embarazo de cangrejos la playa[6]. (Risas, para un humor lleno de rigor)


NOTAS

1 La creencia debe ser tomada como la metáfora conceptual del criterio. Se asemeja a una ideología que el individuo percibe como la única posibilidad de algo.
2 Término complejo, caos y cosmos.
3 Palabra, en sánscrito. La voz como vehículo de poder.
4 Grupo de dieciocho poemas hindúes  que contienen la cosmogonía y ontología brahmánica. Otra acepción, la referida, es todo texto que contiene en sí mismo su explicación
5 Término complejo. La forma del sonido de la palabra hecha voz.
6 Hace referencia a un epígrafe suyo que dice: “clavan la espada en la arena y embargan de tragedia un continente” aparecido en un poema, Estar de Rojo, dedicado a todas la invasiones españolas