VOCES: Rafael Morales Barba

por Rafael Morales Barba

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Todo el que ha recibido el don de la palabra reconoce que debe comunicar algo que, por vía enigmática, ha llegado a él, aunque acaso no sabe bien de qué se trata, algo que reconoce como delicado, incluso peligroso y por ello lo trata con gran respeto, casi sin atreverse a tocarlo –María Zambrano dijo: “Como quien lanza una bomba, el escritor arroja fuera de sí, de su mundo y, por tanto, de su ambiente controlable, el secreto hallado”-. Rafael Morales Barba lo hace así. Sólo desapareciendo enseñará algún poema, sólo como mensaje concreto o como homenaje (todos sus versos están dedicados en su único libro de poemas publicado, Canciones de Deriva, hermosos versos encuadernados sencillamente en espiral, en el año 2003, por iniciativa de sus amigos) dejará en nuestras manos sus depuradas indagaciones lingüísticas, sus hallazgos rítmicos, sus imágenes aéreas o marinas…

Profesor de Filología Española en la Universidad Autónoma de Madrid, lo ha sido igualmente de la Universidad de St. Lawrence (U.S.A) y, como visitante, de otras muchas, fundamentalmente europeas y americanas. Estudioso de los jóvenes poetas españoles, destacan, por otra parte, sus ensayos sobre José Ángel Valente y Claudio Rodríguez, al que considera su maestro en amistad y en poesía. Próximamente aparecerá su extenso trabajo La musa funámbula. Poesía española entre 1980 y 2005 y la antología Ultima poesía española. Ha dirigido y coordinado numerosos congresos literarios y cursos de verano y dirige y coordina el curso de la Universidad Autónoma de Madrid “Poesía y divergencia”.

Casi todos los poemas que aquí presentamos pertenecen a Canciones de Deriva (obra que está a punto de aparecer en edición bilingüe en Leche (Italia) publicado por Piero Manni) y su autor los considera, en su conjunto, como homenaje a Claudio Rodríguez.

Clara Janés


POEMAS

ESTATUILLA

A Cintia Rodríguez


Entre tus manos admiración
y nubes,
arcilla ocre, escueta figurilla
en cuya altura apenas oblicua es
la sombra
o finge algún volumen.

Silueta y sigilo, emoción tan sencilla
me habita en el silencio que sostengo,
y en su escueto florilegio
de vendimias de barro.


PASOS

A Sabina de la Cruz

Ante la luz inalcanzable,
enternecido como quien lo mínimo
padece
y en el gris que nos susurra
transcurre
y cae,
y escucha
manes pequeños
de la cuestión incierta, Títiros
cánticos
de los puentes oscuros...
y la renovada
y profunda belleza del agua
inasible,
el impasible borde del pretil
amasado,
el balanceo
y su tentativa.

Como quien...
Y no sabe qué acusa, qué...

Oh pasos, pasos,
enigmas garabatos.


GUIJARROS

A Abelardo Betancourt y Trinidad Fernández


Ahora que apenas se sostiene
el último horizonte,
cómplice en esta hora
de lo perecedero,
verde pastoral de olas,
que otra cancioncilla ya no la tengo,
vierten en guijarros
tantanes de lo incierto.

MEDUSA

A Amador y Beatriz Carvajal

No pudo oponer sino deriva
este cuerpo en la tarde mancillado,
irisado sinsentido
de la ofrenda,
reflejo del envés,
esta medusa frágil
y cuerpo cercenado, vela
profunda de hastíos
transparentes.
En su indolencia
se mece mi orfandad
deshojada,
y en la inclemente letanía de las olas
que han podido contigo.


PERSISTENCIAS

A Concha Morales

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Persistencia en desvelos…
peregrinaciones por un aire
que arremolina
historias sin leyenda
emprendo, y
nadas por el rumor del platanal
de polvo fatigado del verano.

Oscilo en penumbra,
oscilo,
añado lo que oscilo
a los temblores
donde desvanece el ocre tornadizo
en las hojas de estrella.

Y cuando muda la penumbra
que transita
ese azar
rolo con ella, y cambio
como quien se sorprende
en una mutación desprevenido…

Y la dispersa trabazón
que indaga siento,
y la carcoma del tiempo
sin pretexto
que se pudre en la hoja
y mancilla su cuerpo,
o el cirro transparente
o el silencio del día sin tus labios,
creencia.


SALINA EN LA TARDE

A Eduardo Crespo y Ana Ibáñez


¿Qué razón apremiada,
urgente instancia de las estaciones,
restriega esta hora y nos ahonda aquí,
en el adentrado silencio
y varado oleaje
de la salina incierta,
y en su inmóviles,
apenas sacudidos
por el frío nocturno?

Conmovidos
iris finales merodean
calientes la sal ácima,
posan su vida,
laten y son compás del día:
hora ilegible... ¿quién conmigo
reveses de interiores
dignifica, cae
donde la fuga no sutura
intersticios?
¿Y quién en el mínimo temblor
encuentra la dolencia?...

VÉRTEBRAS

A Teodosio Fernández


No sé qué piedra extendió
esas vértebras sobre un lecho
de arena,
qué indulgente mirada,
o qué alianza
de soledad y caliza, correrías
de un viento maleable, sembraron
estas
romas constelaciones
y su osario...

En su falso collar
borrará octubre las cuentas,
desmenuzará su ruido
y osada insurgencia matutina,
su huero cascabel,
su viento intransitivo…