de MEMORIAS DEL ZOO*

por Santiago Bao de memorias del zoo

LAS OTRAS PUERTAS

En el umbral de la puerta
abierta por la noche,
el gato llueve.
Lo único que yo hice
fue cerrarla.
Ahora,
el gato maúlla.

CANTOS DE GALLO

El gallo
cantó no tres
sino seis veces,
yo me quedé quieto
esperé un poco
y seguí durmiendo,
el gallo
hizo lo mismo.
Cuando desperté
la canilla permanecía
con su gotera
el pasto asomándose
por la ventana
y el gallo
picoteaba invisibles larvas
en el piso polvoriento.


COLA DE PERRO

Por sí acaso
muevo la cola
cuando de pronto
al lado
o enfrente
descubro el inquietante
universo del otro.
Y camino por las cornisas
de la razón
sin tropezar o enloquecer,
con ese alguien
que no soy yo.
Entonces muevo la cola,
por sí acaso.

ALAS DE ABEJA

Desciende la penumbra
con sus párpados cerrados
y su inclinación
de alas quietas.
Desde una puerta misteriosa
que se abre a un paisaje
de nubes que pasan
desciende una abeja
que deposita un polen
invisible sobre los ojos
que despiertan.


PROPÓSITOS DEL CARACOL

Voy a irme muy lejos,
ya me he puesto
en camino.
Algo ha cambiado
desde hace siglos,
tengo que irme
muy lejos,
hacia otros sitios
de tibias humedades
y forestas perennes
muy lejos,
donde las antiguas promesas
finalmente se cumplan
sin delatoras huellas
de plata
ni pesos de frágiles refugios.


CANTOS DE MURCIÉLAGO


Poseo sombras y tinieblas
que como cataratas destilan
en el espacio
una lluvia de terciopelo
y de una oscuridad blanda
construyo mis túneles
de luces distintas
que mis ojos no ven,
transcurro cerca
de la risa de ciertos ángeles
mientras la noche
me recibe con un temblor
desnudo
cuelgo como nave de polvo
tras el espanto
que se arrastra
desde el otoño antiguo
de mis alas.

MOTIVOS DEL ZORZAL

Me distraigo en mi canto
zurciendo mañanas imperfectas
picoteando el rostro
de la aurora
en bosques y pantanos
sin saber del propósito
de mi canción al aire
de la encendida alabanza
a la transparencia de la brisa
o al río inmemorial.
Los recuerdos y los amantes
se multiplican en el placer
de un cielo abierto.
Casi nada. La insistencia
de un canto, que, aunque breve
completa el sentido
de los días a la deriva.

CEREBRO DE PINGÜINO

El andar erguidos
no tarda en recompensarnos
con crecimientos del cerebro
y desde luego
de inteligencias privilegiadas,
lo dicen eminentes
antropólogos y científicos,
y a los pingüinos
nos agrada
porque incrementa
nuestra autoestima.


SANGRE DE MOSQUITO

Comemos el pan
que merecemos
y aunque no lo parezca
siempre con reservas.
No repetimos de la misma piel
la sangre subversiva
ni su tradición valiosa.
Amalgama de modestias
y renuncia de eternidades
mi efímero vuelo
es rojo que fluye,
que nunca se aferra
a las certidumbres.
Digestiones alquímicas
crisol de razas:
sangre de mosquito.

OJOS DE LECHUZA

Siempre acepté
las propuestas de la oscuridad
porque hice de la búsqueda
el motivo de mi existencia
aunque no me sometí
a las órdenes
de las profundidades
de suspender la postrera
curiosidad la última mirada
con que mis ojos de lechuza
vulneran la prohibición
definitiva.


MANTIS RELIGIOSA

Cuídate de mi mirada
que no en vano evoca
dioses terribles que requieren
devociones rigurosas.
Mis brazos enérgicos
se unen en una oración
tan persistente
que posibilita mi sustento.
Falsa adoración, hipocresía,
dicen y parecen ignorar
mi inmolación por preservar
mi especie.
Facilidades del corazón
que confía
en su memoria efímera.

LA INQUIETUD DEL JAGUAR

He habitado la piedra
días de soles violentos
y noches de lunas poderosas.
Los que me veneraron
durante siglos
incorporaron mi imagen
a templos magníficos
a pasadizos donde transcurrían
dioses poderosos
y primordiales
donde se oraba en los reclinatorios
del delirio.
A esas ofrendas de sangre
me asomé jubiloso
a los días nuevos.
El tiempo aún no concluyó
su tarea de desgaste y olvido,
lentamente desaparezco
en la piedra que se deshace
mientras mi doble
vaga arrinconado en la jungla
escasa
ya sin esperanzas en el retorno


de quienes me fijaron
en la piedra venerable.

LLANTO DE HIENA

En la profundidad inaccesible
de la selva,
la hiena llora.
Los charcos quietos
del invierno
le devuelven la imagen
de su desagradable compostura
y disimula los designios
del azar torpe
de la naturaleza impasible
con la carroña
que le tocó en suerte.
Y es como si sonriera
a su triste destino.
Por eso,
cuando en la soledad
increíble del fondo
de la jungla
nadie puede observarla,
llora el desconsuelo infinito
de saber que para ella
todo está dicho.

ANIMALES DEL JARDÍN


De poseer
un jardín privado,
albergue del ocio
y las memorias vulnerables,
lo habitaría con el bandicut,
el escuerquers, el nombats,
el tenrec que bosteza
inagotablemente
y el pequeño noolbenger
que se alimenta sólo
de polen, néctar
e insectos diminutos.
Huéspedes dilectos
para la intimidad
del murmullo de la hojarasca.


* Ediciones Suárez- Mar del Plata (Bs.As), noviembre de 2005.