En un bosque muy tupido lleno de zarzas, había muchas plantas de Navidad: pinos, abetos y acebos. El acebo, es un arbusto que está en peligro de extinción, así que quien paseaba por aquel bosque veía que estos arbolitos, estaban rodeados de una pequeña malla de plástico.

Había acebs de todo tipo: verdes claros, verdes oscuros, verde menta... Y todos tenían bolitas rojas.
Pero había uno muy chiquitín, muy chiquitín, que no tenía ni una. Estaba muy triste, aquel invierno los acebos florecerían y resplandecerían con sus bolas rojas, pero él no. Así que se sentía muy desgraciado.

Un petirrojo que estaba posado en una rama cercana le preguntón:
Acebito, acebito, ¿por qué estás tan triste? Y el acebito le contestó:
Éste año, todos los acebos de mi especie van a tener bolitas, y la gente los admirará. Peor yo jamás las tendré...
Vaya dijo el petirrojo, buscaré alguna cosilla roja, para que te admiren también a ti.. Y se fue. Luego llegó una ardilla, con una cola roja muy sedosa.
Bueno, ¿qué tenemos aquí? dijo brillándole los ojillos.
Soy un acebo, y estoy muy triste, porque no tengo bolitas rojas y nunca seré como los demás le respondió el acebo.
Vaya, pues echaré un vistazo por mi despensa a ver si encuentro una semilla anaranjada o roja, y de esta manera te parecerás al resto dijo la ardilla. Y se fue.

Y llegó el petirrojo.
He encontrado algo en el cobertizo dijo, y le pasó por las hojas una cinta de raso rojo verdaderamente hermosa. El acebo estaba contentísimo.
Después llegó la ardilla con un saquito al hombro. Tenía un montón de bombillitas pequeñas de color rojo que parecían semillas:
¡Fíjate, fíjate, lo que he encontrado en mi despensa, son de las navidades pasadas! dijo muy contenta. Y claro, el acebo resplandeció como los otros, ¡incluso más!

Pero de lo que no se habían dado cuenta, la ardilla y el petirrojo, es que Acebito no tenía bolitas por ser demasiado pequeño...
Pasado un año, Acebito había crecido y tenía ¡un montón de bolitas rojas!, ¡ya era como los demás! Cuando se acabó el invierno, regaló sus dulces bolitas al petirrojo y a la ardilla por haber sido tan buenos amigos sabiendo que al año siguiente, le nacerían otras. Dio una fiesta. ¡Qué acebo más simpático!, ¿verdad?
FIN
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