La presencia y la colaboración generosa de Dionisia García son responsables, en gran parte, de la continuidad de Adamar.
Su ánimo, su estar, su confianza y su compromiso, llegaron, como todo lo valioso, inesperadamente, y de la mano de manos amigas.
No espera Dionisia esta página hoy. Hace dos meses me comentaba que estaba cerrando un libro y precisaba de todo el tiempo y toda la dedicación a ello; nos dejará, por tanto, por un periodo de tiempo que deseamos breve.
Mientras regresa, quedan estos poemas de su autoría que, sin su licencia, he querido traer a este número.
Parte, Adamar/tren, de la estación, ansiando ya el reencuentro.
Hasta muy pronto, Dionisia.
C. Dolores Escudero
Huida al amanecer
No te vio nadie aquella madrugada;
yo recogí las margaritas secas
que cayeron del búcaro al romperse.
Se instalaba la ausencia en cada instante
desprovista del halo de retorno.
Ahora me conmueven tus palabras;
alienta su grafía, emborronada
sobre las hojas del viejo calendario:
fueron cándidos signos, advertencias,
señales en adiós definitivo.
Lamento que, al marchar, no me dijeras
por qué arrojaste al agua del estanque
la pleita que tejí mientras dormías.
Tengo miedo de entrar en tu recinto,
ese lugar que ocupaban las horas
de aquel tiempo lejano compartido.
Allí sabré si volverás un día,
o surgirás ausencia permanente
cuando mis ojos busquen tu mirada,
y recoja el silencio de las noches
la soledad total que has provocado.
Clochard
Pioneros de noches
en la nada que fluye,
traspasada la línea material
de su existencia.
En postura fetal o derramada,
modelan su figura, ofreciendo a las sombras
(bajo un bulto aparente)
la plenitud del ser
sobre la tierra.
Volar
Les colocaron
en un lugar estricto:
seres distantes
eran su complemento;
conducidos por alas,
sufrían la inquietud
que la impotencia crea.
Vástagos de la tierra,
la gravidez llamaba,
bajo sus quietas plantas
el espacio crecía.
Islas
Manchas determinadas se distienden.
Sobre verdes y azules
han cuajado los ocres de la tierra:
son jalonados mundos
que presentan su haz a las alturas,
mientras sirenas ríen
y muerden los contornos
en el paseo anfibio de las tardes.
(Mar Egeo)
En San Michele
Homenaje a Ezra Pound
En San Michele el cementerio un huerto.
Mañana de noviembre.
Los versos de la usura.
Silencios y tierra. Flores.
Los peregrinos buscan vestigios naturales.
La pisada de Pound en la pradera última.
Raíces de laurel. Yedra. Rocío sobre el césped.
Llegamos al lugar como a la posesión de un territorio.
Y no se oía nada. Y llovía.
Interludio
Preguntas por el poema, por el libro demorado.
Apremiante sugieres, y deseo silencio;
guardar los manuscritos indefinidamente.
Tú los conoces. Nadie espera.
Juntos en el paisaje, en el dolor y dicha.
Sean para nosotros interludio,
los poemas que un día avivarán el fuego.
Lyons Tea
Aquí conmigo, objeto.
Repaso los contornos:
el rojizo color, el dorado herrumbroso.
Lyons tea
sobre la tapa, decorado de damero y leones.
Qualité de luxe. Export by (1929)
La vieja caja y su olvidado origen,
junto al papel, presencia.
Regreso al patio
El patio, un desierto de cal. Otra mañana.
Han plantado amarantos.
Ha fenecido el árbol de las moscas.
Trato de recordar.
Aspiro con avidez el aire.
Sacrifico la única rosa
en la necesidad de algo tangible.
XLI
Si el poema no quiere
detenerse contigo
abandona el empeño.
Vive sin someterte a la tortura
de quererlo alcanzar por insistencia.
Acógelo solícito si llega,
y aprovecha el instante
como bien dado.
Después sigue viviendo,
sin obsesiones de poeta,
entregado a las cosas.