por C. Dolores Escudero
Don Quijote, Cristóbal Halffter
Glossa (GSP 98004) 2 CD - DDD
Enrique Baquerizo, Don Quijote. Josep Miquel Ramón, Cervantes. Eduardo Santamaría, Sancho. Diana Tiegs, Dulcinea. María Rodríguez, Aldonza. Coro Nacional de España. Orquesta Sinfónica de Madrid. Dirección: Pedro Halffter Caro. Grabado en el Auditorio Nacional, Madrid.
Por más que llegado un momento del año 2005, me propusiese firmemente, distanciarme de todo aquello que tuviese relación con Don Quijote; incluida mi lectura de devoción diaria de una página de Vida de Don Quijote y Sancho de Unamuno, terminando el año El caballero de la triste figura llagaba hasta mí en palabras y música.
Dos discos integran esta carpeta de muy bella presentación externa, y de contenido extraordinario.
Don Quijote (un acto en seis escenas) fue compuesta por Halffter entre 1996 y 1999 casi como un colofón soñado y deseado por el autor a su espléndida carrera dedicada a la música.
Si algo más que su capacidad como compositor/músico ha dado el artista a esta obra, ha sido el dotarla de esencia de libro, de literatura, de narración; porque narrativa es la partitura toda, y narrativo su contrapunto.
Más allá de la voz y la palabra poético libreto de Andrés Amorós, logra Halffter que el violonchelo se apellide Quijano (Enrique Baquerizo), arpa y clave Cervantes (josep Miquel Ramón); o los coros La Mancha, y Sancho (Eduardo Santamaría) el pueblo; ese pueblo poco soñador, apegado a la tierra, astuto y pícaro, pero capaz de llevarnos hasta las lagrimas en la hondura de la lamentación interpretada por Sancho, tras la derrota del caballero frente a los molinos.
Es fiel Halffter a su estilo y, sin embargo, sorprende en la audición; como si de un ejercicio de trapecio se tratase, se recrea en la mortalidad de sus saltos que transcurren desde un aparente caos, hasta momentos de hondura meditativa como la citada lamentación, o el dúo entre Dulcinea (Diana Tiegs) y Aldonza (María Rodríguez) "Mal ferida iba la garza".
Mención especial merece la grabación, pulcrísima, y digna de los ofrecimientos que un sello como Glossa, nos tiene acostumbrados.