
Sophie soñaba Sophie pintaba Sophie danzaba
Soñabas con estrellas aladas,
con flores que miman a las flores
en los labios del infinito,
con fuentes de luz que se abren,
con eclosiones simétricas,
con sedas que respiran,
con ciencias serenas,
lejos de las casas de los mil dardos
de las prosternaciones de desiertos ingenuos,
entre mil milagros desordenados.
Soñabas con aquello que reposa en la inmutable morada de la claridad.
Pintabas una rosa desvelada,
un ramo de ondas,
un cristal vivo.
Pintabas las conchas
que recogías a la orilla del mar
y que colocabas en la mesa de dibujo
en torno a una concha grande
como un rebaño en torno a su pastor.
Pintabas una lágrima entre el rocío,
una lágrima entre perlas.
Pintabas la claridad que hace latir el corazón,
la dulzura que hace mover los labios.
Pintabas la noche que tiende las estrellas,
el sueño claro,
el buen placer de las flores.
Danzabas la aurora que desborda a la tierra.
Danzabas el jardín estremecido al alba.
Danzabas en el paisaje acolchado de la luna
con los gnomos traviesos de la sombra.
Danzabas el desnudo que pierde su juguete de aire,
el placer que solloza desposeído.
Danzabas las seis butacas bermellón
más perspicaz que seis cerebros de filósofos,
el patíbulo de marfil sombreaba en la lava de la sombra,
la risa del polvo,
la noche del mediodía y sus canciones de grillos.
Danzabas el adiós.
Eras clara y serena
Eras clara y serena.
Junto a ti la vida era dulce.
Cuando las nubes querían cubrir el cielo
las ahuyentabas con tu mirada.
Mirabas con serenidad y cuidado.
Contemplabas atentamente el mundo,
la tierra,
las conchas en la orilla del mar,
tus pinceles,
tus colores.
Pintabas el ramo de la luz
que crecía,
se dilataba,
se abría
sin cesar en tu claro corazón.
Pintabas la rosa de dulzura.
Pintabas la fuente de estrella.
Yo te solía ver de perfil trabajando,
frente a la ventana,
frente al mar lejano.
Trabajabas siempre con cuidado.
Yo te veía inclinar atenta la cabeza,
tu cabeza llena de las perlas del sueño.
Con cuidado hundías el pincel en el color.
Con cuidado mezclabas el color
Atentamente trazabas las líneas.
Atentamente coloreabas los planos.
Respirabas con calma.
Tus ojos relucían.
Dulcemente sin temblar abrías la puerta
hacia la luz.
Yo te solía ver de perfil trabajando,
frente a la ventana,
frente a los olivos,
frente al mar lejano.
A veces sacudías las alas y reías,
sin dejar de trabajar.
Querías darme miedo.
Hacías como que te lanzabas a volar.
Pero tu tela avanzaba
y era siempre un ramo de claridad.
Te has ido clara y serena.
Junto a ti la vida era tan dulce.
Tu última tela la dejaste acabada.
Tus pinceles bien ordenados.