Presentamos dos poemas en prosa, inéditos hasta ahora en traducción, del libro Coluros. Escrito en 1932, Holan da sin duda este título al libro porque entiende la poesía como algo abarcador y que a la vez provoca un cruce de niveles de la realidad, ya que “coluro” es cada uno de los círculos máximos de la esfera celeste que, pasando por los polos, cortan la Elíptica. En los poemas de este período se va apartando de sus alambicados orígenes y del empleo de ritmos y rimas complejos, y deja emerger con fuerza ese mundo inquietante que caracterizará sus obras a partir de Sin título y Avanzando, escritos respectivamente entre 1939 y 1942 y 1943 y 1948.
En el abanico
¿Busca el amor? Para entender la apuesta se necesita toda la vida. Pero su hermosura desprecia a su corazón. …Es decir, por una nimiedad pero, ávidamente, ha consentido usted en que la línea superior de las letritas que le prometí, caiga por su rostro cada vez más abajo.
Es el terciopelo negro, para calentarla cuando pase a su lado un galgo.
Presentimiento
La Noche era lúgubre, noche de angustias mortales, de las que no se muere, noche de luna perdida, languidecí ente sólo porque los gatos se acercan sigilosos. El viento ululaba terriblemente, caían las hojas, se diría a miles, caían las hojas. A lo largo de la escalera, como había ordenado, ardían las velas y la cera caliente goteaba despacio sobre los lacayos inmóviles. Apoyé la cabeza en la palabra sobre la palabra mágica que nadie pronunció.
La noche era lúgubre, caían hojas. Y a lo largo de la escalera los inmóviles lacayos sostenían clepsidras, como había ordenado, y las ardientes gotas del tiempo, ¡fascinante y triste melodía!, caían en el interior de mis suposiciones y conclusiones.
Me encaneció el pelo. Con las manos en la espalda, con las manos que ocultaban la pistola cargada (la noche era oscura), miraba la escalera iluminada por la que nadie llegó.