I
Cambio caldero, hacha un poco herrumbrada y sin filo que la acune, un cuchillo pequeño para arrancar raíces cuando la tierra está húmeda, una reja y dos bueyes viejos pero activos y entendidos en sus quehaceres; los cambios por una bala calibre nueve con punta recubierta por uranio enriquecido.
Tenga en cuenta: la oferta no es mala. Si el norteamericano que la acepta no muere intoxicado por el uranio que está respirando en Irak, podría llegar a Texas o a cualquier estado sureño e iniciar con esos elementos una granja. Lástima que no se le ocurrió antes de convertirse en asesino.
II
Más vale perder diez partidas de ajedrez que tirarse del Peñón de Gibraltar.
III
Más vale desconfiar a tiempo de un amigo, que hacerse de enemigos en las madrugadas neblinosas.
IV
Cuando pienso tu risa crece un árbol al pie del Aconcagua, los puentes ceden y el agua termal se enfría.
V
Perfume y misericordia. Calle del Abasto, allá por el año treinta. Apolo Musageta: delfines, lobos, arcos y flechas custodiaban el perfume de las putas del Abasto.
VI
Al final de cada día te miro desnuda a mi lado. Toco con inquietud. Sólo encuentro el paño frío: hace tanto que te fuiste llevándote tu piel y el recuerdo de mi tibia quebrada.
VII
Entra pero no pasa: es la noche cuando cierro los puños y aferro la lluvia.
VIII
Párpado de un jaguar. Hoja que danza en el viento. Tu vientre de musaraña.
IX
Siempre se muere en otro para poder hablar de la muerte.
X
Oigo una corneta. Viene un tren. Es hora de volver al albañal.
XI
Es otro día, me encontró un guijarro en Plaza Libertad, que yo había pateado hace
cincuenta años. No quiso saludarme.
XII
Lápida agrietada. Esperanza de no encontrar la que busco.
XIII
Hay fronteras que conviene saltar: la vida es una, pero tiene sus afueras innombrables.
XIV
Fracaso y queja, raíces de mi vida. No puedo escapar. El horizonte no existe.
XV
La palabra lejanía produce ausencia aunque nadie tocó la nada.
XVI
Veré si puedo convertirme en microbio extremófilo: soportaré sequías aunque la sed me mate; heladas aunque el frío me produzca neumonía; bajas y altas presiones, caso contrario moriré en un asilo para hombres y mujeres, llamado manicomio. "Hay un cofre de extremófilos allá afuera."
XVII
La vida es como una botella de vino que se termina lentamente. Cuando acaba no estamos borrachos sino más lúcidos que nunca antes: yo sé que descubriré, que no valió la pena vivir este momento.
XVIII
Necesito vivir. Noche de arena.
XIX
La palabra reverbera sólo cuando el mundo está en silencio. La palabra es ruido que muere cuando suena.