Poemas

por Patricia Damiano

Plegaria

dadme a cambio una madrugada donde haya espera
el mar que no sabe mi secreto
el cielo que no sabe tu secreto           dadme la magia
y la noche sin sus criaturas
el árbol que no mide el sosiego
dadme el puñal por fin y la calavera que he sido
los silencios y la calavera que has sido
dadme la sinfonía de la tarde            dadme la distancia
y el cuchillo     decid que he mentido y en qué tiempo
dadme la palabra de la biografía

y la música
           porque yazgo en un témpano
dadme el témpano y el sol
tu alfombra de nísperos dadme y la ciudad enferma para que ande sola
buscando tu edificio
vivirte es componer una música muerta dadme la música tengo frío
dadme el frío dadme la magia
dadme un solar sin llamas sin pájaros            sin tu voz
encuéntrame en las grietas del universo
en tus grietas

allí estaré para que te adormezcas cuando el dolor
dadme una paloma dadme la noche y el pan
allí, el pan celeste allí tus heridas
dadme la obsesión de la pantera dadme el credo dadme la pantera
la ironía
la magia
traedme a las musas cuando esté muriendo, como ayer

allí estaré

los años caen como rejas dadme las rejas
decid que no he mentido
dadme la mentira y la misericordia


Lucifer

Para Isaías Garde

1

Destiló la verdad como una espina roja sobre la arena
La sierpe abrazó la frente adánica
Un ángel se acercó para nada
La tierra gimió
Las galaxias consintieron la medida justa
Un tigre abrevió la caza bajo la luna
Lucifer es
Yo fui
Yo soy Lucifer y los soles giran y nada importa


2

Llevo el sueño todavía entre naufragios
y siempre su voz áspera
de siglos
vulnera el espacio hasta la última pared de los recintos
donde me recuesto, piel descalza en la llovizna.

Nos une una quimera sin respuesta
que quiebra las lanzas.

Quema el viento con tu humor.

Clausura los dones del infierno, este secreto
de los que tienen sed.


3

desde el misterio revulsivo de las oscuras aguas
hasta el alba que se quiebra y nos rehace
somos el umbral y la ceniza
y te reconozco:
no veo el cadáver que caerá como la noche
no toco el aliento blanco que se irá contigo
no oigo los dedos exánimes abandonar la tierra
y mis sueños

cuando te reconozco antes de la vigilia
estás naciendo todavía
y no sé
no debo saber
cuál es tu apuro para morirme


4

Reconocía mi intemperie desde su alabanza
Acordó su miseria a mi miseria
Halló un suelo para buscarme y se hizo árbol
Supo de mi cuerpo cuando yo moría
Abrió un sendero desde mi puerta
y me hizo fruto

Me cubrió con sus manos
y entonces yo fui Lucifer.

5

los fragmentos de la noche le debo
y hasta puedo armar el ajedrez de antaño
y mentirle a la mañana

los fragmentos de mi cuerpo serán otro cuerpo
un nombre inaudible en el cuenco de la tierra
en la noche que has sido todas las noches,
Lucifer


6

Ellos te amputaron.

Qué decir si del perdón se trata.

Ellos no hicieron de la llanura galaxia
no robaron el fuego
no te dieron nombre.

Sólo cantaron sus victorias
porque temen tu victoria.

Torpe criatura
virgen en desuello,
tu intemperie atavía como una sombra.

Ellos te amputaron un mediodía.


7

Un árbol durmiéndose sobre su raíz he pensado:
la hez de la alegría
tu herida
esa culpa permanente, cosida al límite.


8

Una voz otros viajes por dentro
mujer primordial o las cavernas del sol
hacia el origen,
y la noche descalza
(si te hablaran de mí las sirenas
hasta donde la piedra duerme).

No es una castración de alfiles
ni el hueco ígneo del caos.

El brazo que me ha disparado mece la lentitud del mediodía.

Quedó el sueño del campanario
en el ajedrez de una crónica:
sobre un vestido negro
una estaca
aún abre la llovizna.

A prisa en el silencio
he quedado
para no interrogar ya nunca
al viento
sobre tu fiesta secreta.


9

aparta de mí el estío


10

aunque sólo intemperie, salté como si regazo
a la batalla victa

soy la rama de mi sangre que te absuelve


11

la voz con que decimos y no decimos
el canto en el espejo que devuelve los ojos antiguos

el universo contrayéndose
la orilla del cazador
la voz del pájaro antes de la jaula

midiéndote


12

ve al fondo

la miseria me recuerda

resuelve la cuerda: el mal y el bien son sólo uno llamado "mal"

13


cómo decir el dolor
la desnuda frecuencia
la inminente rebelión
el destierro

tu renguera, la sal sobre la montaña

la bella espera, Satán


0


haya luceros
y allí será el llanto final