La rebelión de las formas o cómo perseverar cuando la incertidumbre aprieta, de Jorge Wagensberg

por Miguel Arnas Coronado

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La rebelión de las formas: o cómo preservar cuando la incertidumbre aprieta
De Jorge Wagensberg
Tusquets Editores, 2004
Colección: Metatemas, 84

No es habitual en esta revista que se reseñe un libro de ciencia. Claro que dependerá del libro. Oí decir a cierto profesor de secundaria que preside hoy un sindicato que las matemáticas también formaban parte de las humanidades. Lo humano no debe sernos ajeno. Nada. Lo curioso de la matemática es que es un invento que funciona, que aplicadas sobre la realidad la interpretan bien. Y se dirá, ¿qué tiene esto que ver con nosotros, narradores, poetas, literatos? Todo. No hace mucho, un físico colaboró (aplicando fórmulas puramente matemáticas) con un equipo de médicos para erradicar un cáncer de un enfermo, viendo simplemente las probabilidades que tenía una célula maligna de interferir en el sistema inmunológico. Hay ciencias ?humanas?, como la psicología, la sociología o la pedagogía que utilizan las matemáticas como herramienta, sobre todo la estadística. En lingüística se están utilizando algoritmos matemáticos en inteligencia artificial para lograr unas traducciones coherentes y correctas, sin esa corrección falsa que nos hace echarnos las manos a la cabeza cuando leemos las instrucciones de uso de cualquier electrodoméstico extranjero. Johann Sebastian Bach utilizaba las matemáticas para sus composiciones y el origen de ellas parece estar en la música, justamente. Pero no toda la ciencia es matemática. Existe la física y las ciencias naturales. Ambas tienen demasiado que ver con la observación. También la literatura tiene como una de sus bases la observación, la interiorización de los problemas que se ven fuera y dentro de uno. El autor del libro que deseo reseñar asegura que en ciencia, lo difícil es plantearse problemas, lo fácil es resolverlos. ¿No nos resulta familiar esto a narradores y poetas? ¡Ah, pero no nos perdamos lo familiar que es eso a los arquitectos!, y prescindiendo de adosados y abortos urbanísticos, no se me negará que la arquitectura es un arte. Y ahí va a parar Wagensberg en este libro.

Este libro, publicado por Tusquets en su colección científica Metatemas, que dirige el autor, habla de las formas en la naturaleza o la ciencia, esas formas que se repiten y que nos han hecho en ocasiones preguntarnos ¿por qué eso es así? Por ejemplo, el hexágono de las celdillas en los panales de abejas o la forma espiral de la lengua de ciertos insectos libadores de néctar. Wagensberg (que es catalán a pesar de su apellido) demuestra cómo la esfera protege, el hexágono pavimenta, la espiral empaqueta, la hélice agarra, el ángulo penetra, la onda desplaza, la parábola emite y recibe, la catenaria aguanta y los fractales colonizan. Desde la evolución darvinista y sus epígonos, como Richard Dawkins, muestra cómo funciona la naturaleza, y cómo son sus leyes, sitúa la cuestión sobrevolando la selección fundamental (consecuencia de las leyes físicas), la selección natural (consecuencia de la vida) y la selección cultural (consecuencia del pensamiento abstracto), y usa como enlace hacia el asunto de las formas lo que él llama perseverancia (acceso al equilibrio en las naturalezas inorgánicas, mantenimiento de la vida en las orgánicas, continuidad del conocimiento en las culturales o humanas) ante la incertidumbre (cambio en el entorno de cualquier elemento que compromete su situación de equilibrio, su vida o el constante acceso a nuevos conocimientos o a la creatividad).

Centrémonos en esa continuidad del conocimiento en las culturas humanas. ¿Por qué tuvo tanto éxito el arco ojival respecto al tan repetido arco de medio punto o de herradura? Permitía mayor altura y luminosidad, nada más. Eso es lo que Wagensberg entiende por perseverancia cultural. ¿Qué hace falta para conseguir innovaciones?: observación, plantearse problemas, ambición. Exactamente igual que en literatura. El periodismo creó una narrativa real, y la literatura se quedó en cueros ante ese fenómeno. ¿Qué fue lo primero que debió hacer?: plantearse el problema, solucionarlo fue fácil.

En cierta forma esto suena abstracto, difícil, pero Wagensberg lo hace transparente a base de una ironía graciosa, diafanidad y preguntas al lector de esas que le dejan a uno cara de haba pero le hacen pensar científicamente. Sus actividades, tanto como director del Museo de la Ciencia de la Fundació Caixa como la de director de la colección de libros científicos, le han hecho contactarse con las grandes figuras de la investigación y divulgación de la ciencia. Esta constante puesta al día, más una actitud infantil ante el fenómeno científico, una curiosidad que convierte en más relevante la pregunta que la misma respuesta, hace de este libro un instrumento precioso para la comprensión del mundo que nos rodea.