Del poemario inédito Flash jazz

por Mingo L

Mingus

Tocaba el contrabajo
como si estuviera domándolo
peleándose con las cuerdas
con los músicos
con el público
con una mosca que osaba
pasar cerca curioseando.
Bufando
con ferocidad
manoteaba en las tripas
de la música
hasta empaparse de belleza
y solo entonces
brutal y huraño
agarraba su instrumento
como a un cerdo exhausto
se daba media vuelta
y se iba
gruñendo de felicidad.


Chet

La luces sobre el canal
en la noche de mayo.
El humo del pitillo
hacia el cielo de Ámsterdam.
Sentado en la ventana del hotel
con medio cuerpo fuera
ignora antes de tirarse
aquella hermosa y triste novela
con nombre de juego de niños
que quince años atrás
había publicado un escritor argentino
y en la que un tipo buscó
el cielo terrenal
estrellándose de una vez
contra el suelo.


Bird

La Baronesa Nica
desde el baño
se alegraba de oírlo
reír sin parar
—casi como su saxo charlatán—
viendo aquel show cómico
en la tele.
Es como un crío,
debió de pensar sonriendo.
El agua de la ducha amortiguó
las carcajadas
y ya no las volvió a escuchar.
Lo llamó
mientras se secaba el pelo.
Envuelta en una bata blanca
abrió la puerta
se oían
los diálogos ocurrentes
llegó hasta la sala
y arrellanado en el sofá
del living de la suite
encontró
un cadáver risueño.


Dizzy

Dicen que
cuando le doblaron
el instrumento
en una bronca en un club
lo miró con su ojos globosos
como si lo viera con asombro
y se lo puso en los labios
divertido
y con curiosidad sopló
desplegando las velas enormes
de sus mofletes
y le gustó tanto el nuevo sonido
que casi se puso a bailar
ante el energúmeno atónito
que un minuto antes
estuvo a punto de matarlo
y desde entonces
el gran showman del jazz
tocaba siempre
con su trompeta deforme
tan contento de izar
el bob al viento.

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